Telefónica lleva la inteligencia artificial a una orquesta sinfónica para convertir al público en parte de la obra
La inteligencia artificial ha encontrado un nuevo escenario lejos de la sustitución de músicos o de la generación automática de composiciones. Telefónica ha colaborado con la Escuela Superior de Música Reina Sofía en una experiencia que permitió a más de mil espectadores influir en el desarrollo de una actuación sinfónica a través de sus teléfonos móviles.
Durante el concierto, el público respondió en tiempo real a preguntas relacionadas con sus emociones y sensaciones. Un sistema de IA analizó esas respuestas y trasladó la percepción colectiva al director de orquesta, Josep Pons, para que la interpretación pudiera conectar de forma más directa con el estado de ánimo de los asistentes.
La tecnología convierte al público en un participante activo
La propuesta parte de una idea sencilla: utilizar la tecnología para conocer cómo está viviendo el público la música mientras la actuación sigue en marcha. En lugar de limitarse a escuchar desde sus butacas, los asistentes pudieron expresar sus impresiones mediante sus smartphones.
La inteligencia artificial se encargó de procesar esa información con rapidez. El sistema formuló preguntas, recopiló las respuestas y detectó tendencias en el estado emocional del conjunto de espectadores. De este modo, una experiencia individual se transformó en una señal colectiva que podía llegar al escenario.
Este proceso habría sido muy difícil de realizar manualmente durante una interpretación. La IA, entendida como un conjunto de tecnologías capaces de analizar grandes cantidades de datos y encontrar patrones, permitió reunir y comprender las respuestas en cuestión de segundos.
Una colaboración entre Telefónica y la Escuela Superior de Música Reina Sofía
La iniciativa se apoyó en las capacidades de Telefónica en redes de comunicaciones y tecnologías digitales, así como en la participación de la orquesta de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. La combinación de ambos ámbitos buscaba demostrar que la innovación tecnológica también puede ponerse al servicio de las artes escénicas.
El protagonismo no recayó exclusivamente en la inteligencia artificial. La orquesta siguió siendo el núcleo de la actuación y los músicos mantuvieron su papel artístico. La tecnología actuó como una herramienta adicional para aportar información sobre la respuesta del público y enriquecer la experiencia en directo.
La dirección de Josep Pons permitió integrar esa información en el desarrollo del espectáculo. El objetivo no era que un algoritmo decidiera cómo debía sonar la obra, sino facilitar una nueva forma de comunicación entre quienes interpretaban la música y quienes la escuchaban.
La IA como complemento, no como sustituto
La relación entre inteligencia artificial y música genera debate, especialmente cuando se plantea la posibilidad de automatizar tareas creativas o reemplazar a profesionales. En este caso, la propuesta se sitúa en una dirección diferente: emplear la tecnología para ampliar las posibilidades de una actuación sinfónica sin desplazar a los músicos.
El uso de los móviles durante el concierto tampoco se planteó como una distracción. Al contrario, los dispositivos se convirtieron en el canal para que los asistentes compartieran sus sensaciones. La participación tecnológica permitió recoger una dimensión de la experiencia que normalmente permanece invisible para la orquesta.
El sistema no interpreta emociones individuales como lo haría una persona. Lo que hace es analizar las respuestas introducidas por los espectadores y buscar patrones comunes. Por ejemplo, puede identificar si predominan determinadas percepciones o estados de ánimo dentro del grupo, siempre a partir de los datos que los participantes proporcionan.
Un posible modelo para los espectáculos en directo
La experiencia abre la puerta a nuevas fórmulas para conectar al público con conciertos, obras de teatro, exposiciones y otros eventos culturales. La recopilación de opiniones en tiempo real puede ayudar a comprender mejor cómo se recibe una actuación y a diseñar experiencias más participativas.
También plantea preguntas relevantes sobre el uso de datos emocionales y la privacidad. Para que este tipo de iniciativas se extienda, será importante explicar qué información se recoge, cómo se procesa y durante cuánto tiempo se conserva. La confianza del público será tan importante como la calidad de la tecnología.
El proyecto demuestra que la inteligencia artificial no tiene por qué entrar en la cultura para sustituir la creatividad humana. Puede servir para crear nuevos canales de interacción, facilitar decisiones y acercar al público a los artistas. En este caso, la tecnología ha permitido que las sensaciones de más de mil personas tengan presencia dentro de una experiencia tradicional como un concierto sinfónico.
La propuesta de Telefónica y la Escuela Superior de Música Reina Sofía muestra así una vía de colaboración entre arte e innovación. La IA no ocupa el lugar de la orquesta: ayuda a que la orquesta escuche, de una forma distinta, a quienes tiene delante.



