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Las 10 enfermedades que más muertes causan en el mundo: el reto es vivir más y mejor

Las principales causas de muerte siguen estando estrechamente relacionadas con las enfermedades crónicas y el envejecimiento de la población. En 2023, las diez causas más frecuentes provocaron alrededor de 33 millones de fallecimientos de los 61 millones registrados en todo el mundo.

El dato más relevante es que ocho de esas diez causas son enfermedades no transmisibles. Son patologías que, en muchos casos, pueden prevenirse o controlarse mediante hábitos saludables, diagnóstico temprano y acceso continuado a la atención sanitaria.

Las cardiopatías continúan al frente

La cardiopatía isquémica, vinculada a la obstrucción de las arterias que llevan sangre al corazón, continúa siendo la principal causa de muerte a escala global. Los infartos y otras complicaciones cardiovasculares concentran millones de fallecimientos cada año.

Le sigue el ictus, que aparece cuando se interrumpe el flujo sanguíneo al cerebro o se produce una hemorragia cerebral. La hipertensión arterial, el tabaquismo, la diabetes, el colesterol elevado y el sedentarismo son algunos de sus principales factores de riesgo.

Ambas enfermedades comparten una característica: una parte importante de su impacto puede reducirse con prevención. Controlar la tensión arterial, no fumar, mantener una alimentación equilibrada y realizar actividad física de forma regular son medidas esenciales.

El listado mundial de las diez principales causas

El ranking internacional incluye enfermedades frecuentes tanto en países con ingresos altos como en regiones con menos recursos. Las posiciones pueden variar según el sistema de clasificación y la población analizada, pero el conjunto refleja los grandes retos actuales de la salud pública.

  • Cardiopatía isquémica: provoca infartos y otras formas de enfermedad coronaria.
  • Ictus: afecta al cerebro por la interrupción o la rotura de un vaso sanguíneo.
  • Enfermedad pulmonar obstructiva crónica: dificulta progresivamente la respiración y está muy relacionada con el tabaco y la contaminación.
  • Infecciones respiratorias de las vías bajas: incluyen neumonías y otras infecciones que pueden ser especialmente graves en mayores, niños y personas vulnerables.
  • Cáncer de tráquea, bronquios y pulmón: mantiene una estrecha relación con el consumo de tabaco y la exposición a determinados contaminantes.
  • Demencias, incluida la enfermedad de Alzheimer: su peso aumenta a medida que crece la esperanza de vida.
  • Diabetes: puede dañar el corazón, los riñones, los vasos sanguíneos, los nervios y la visión.
  • Enfermedad renal crónica: avanza con frecuencia de manera silenciosa y puede desembocar en insuficiencia renal.
  • Afecciones neonatales: afectan a los recién nacidos, especialmente cuando existen complicaciones durante el embarazo o el parto.
  • Enfermedades diarreicas: continúan causando muertes, sobre todo entre la población infantil de zonas con dificultades de acceso a agua segura y atención médica.

Las enfermedades no transmisibles, una carga creciente

Las enfermedades no transmisibles no se contagian de una persona a otra. Entre ellas se encuentran las patologías cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas, la diabetes y las demencias.

Su evolución suele ser prolongada y exige seguimiento médico. Además, pueden generar discapacidad, dependencia y una pérdida notable de calidad de vida, incluso cuando no provocan una muerte inmediata.

El envejecimiento demográfico explica parte de este aumento. Cada vez más personas alcanzan edades avanzadas, pero eso también incrementa la frecuencia de enfermedades asociadas a la edad, como el Alzheimer, otras demencias, el cáncer y la insuficiencia renal.

Prevenir antes de que aparezcan los síntomas

Uno de los grandes desafíos es que muchas de estas patologías avanzan durante años sin signos evidentes. La hipertensión, la diabetes inicial, el colesterol elevado o la enfermedad renal pueden permanecer ocultos hasta que ya existe daño en algún órgano.

Por este motivo, las revisiones médicas y los programas de cribado tienen un papel decisivo. Medir la presión arterial, controlar la glucosa y el colesterol o participar en las pruebas recomendadas para detectar determinados tumores permite actuar antes.

También resulta fundamental reducir los factores de riesgo modificables:

  • Abandonar el tabaco y evitar la exposición al humo.
  • Limitar el consumo de alcohol.
  • Mantener una alimentación basada en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
  • Realizar actividad física adaptada a la edad y al estado de salud.
  • Dormir lo suficiente y cuidar la salud mental.
  • Seguir correctamente los tratamientos prescritos.

Más años de vida, pero también más salud

La reducción de la mortalidad no debería medirse únicamente por el número de años vividos. El objetivo es que esos años transcurran con autonomía, sin dolor evitable y con acceso a los cuidados necesarios.

Para lograrlo, los sistemas sanitarios necesitan reforzar la atención primaria, mejorar la prevención y garantizar tratamientos asequibles. El reto mundial no consiste solo en vivir más, sino en vivir más tiempo con buena salud y calidad de vida.

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