Publicidad

Sony Music pide retirar más de 260.000 canciones creadas con IA que imitan a sus artistas

La inteligencia artificial está cambiando la forma de crear música, pero también está poniendo en cuestión una de las señales más reconocibles de un artista: su voz. Sony Music ha solicitado a las plataformas digitales la retirada de más de 260.000 canciones generadas con IA que imitan a intérpretes de su catálogo sin autorización.

La cifra corresponde a avisos enviados por la discográfica hasta finales de septiembre de 2026. No significa que todas esas pistas hayan sido eliminadas de forma definitiva. En muchos casos, el contenido puede reaparecer con otro nombre, desde otra cuenta o en una plataforma diferente.

Más de 260.000 avisos en pocos meses

El volumen de reclamaciones se ha acelerado con rapidez. A finales de marzo, Sony había comunicado más de 135.000 solicitudes de retirada. Un año antes, la cifra ya superaba las 75.000. El crecimiento refleja tanto la expansión de las herramientas de generación musical como la dificultad de controlar un contenido que puede duplicarse en cuestión de minutos.

La compañía ha pedido a los servicios de distribución y streaming que no se limiten a eliminar las canciones denunciadas. También reclama sistemas capaces de impedir que vuelvan a subirse las mismas grabaciones, una tarea que requiere identificar el audio aunque se haya modificado su título, su portada o los datos asociados.

El problema no es cualquier canción creada con inteligencia artificial. El foco está en las piezas que intentan hacer creer al público que un artista conocido ha cantado o grabado una interpretación que nunca realizó.

Qué es un deepfake musical

Estas imitaciones suelen clasificarse como deepfakes. El término describe contenidos sintéticos generados o alterados mediante sistemas de inteligencia artificial para reproducir la apariencia, la voz o la forma de actuar de una persona real.

En música, un modelo puede analizar grabaciones de un cantante para aprender patrones de pronunciación, timbre, respiración y entonación. Después, utiliza ese conocimiento para generar una voz que suena parecida en una canción nueva. El resultado puede atribuirse falsamente al artista original, aunque este no haya participado en la composición, la interpretación ni la producción.

Entre los nombres afectados por este tipo de imitaciones se encuentran Harry Styles, Adele, Britney Spears, Queen y Michael Jackson. La suplantación puede perjudicar a los artistas en varios frentes: desde la pérdida de ingresos hasta el daño reputacional por letras, mensajes o estilos que nunca han aprobado.

Sony no plantea prohibir toda la inteligencia artificial

La posición de Sony no consiste en rechazar cualquier uso de la IA en la industria musical. La discográfica diferencia entre las herramientas empleadas con autorización y las que utilizan voces o grabaciones protegidas sin permiso.

En 2024, la compañía estableció que sus contenidos no podían utilizarse para entrenar, desarrollar o comercializar sistemas de inteligencia artificial salvo que existiera una autorización específica. El entrenamiento de un modelo es el proceso mediante el cual un sistema analiza grandes cantidades de datos para aprender a generar nuevos contenidos. Si esos datos incluyen canciones protegidas, pueden surgir conflictos sobre derechos de autor y explotación comercial.

Al mismo tiempo, Sony ha explorado acuerdos basados en música licenciada, como los alcanzados con KLAY. En este tipo de iniciativas, los titulares de los derechos conocen y autorizan el uso de las grabaciones, lo que permite desarrollar herramientas de IA dentro de un marco pactado.

Las canciones sintéticas ya son una parte importante del streaming

La magnitud del fenómeno va más allá de las imitaciones de artistas famosos. Deezer comunicó en julio que durante junio recibió una media diaria cercana a las 90.000 pistas completamente generadas con inteligencia artificial. En los días de mayor volumen, estos lanzamientos llegaron a representar más de la mitad de las nuevas canciones incorporadas al servicio.

Ambas cifras no deben sumarse ni interpretarse como si todas esas pistas fueran suplantaciones. Una canción generada íntegramente con IA no tiene por qué imitar a una persona concreta ni infringir necesariamente derechos. Sin embargo, el dato muestra hasta qué punto ha crecido el contenido sintético en las plataformas musicales y la presión que afrontan sus sistemas de moderación.

Para las compañías resulta cada vez más difícil revisar manualmente cada publicación. La detección automática puede buscar similitudes entre voces, patrones acústicos y metadatos, pero también puede producir falsos positivos o no identificar una copia modificada. Por eso las discográficas reclaman medidas preventivas, no solo respuestas posteriores a cada denuncia.

La regulación estadounidense aún no está cerrada

El debate también ha llegado a Washington. Sony respalda la NO FAKES Act, una propuesta que pretende crear una protección federal frente a las réplicas digitales no autorizadas de la voz y la imagen de una persona.

El proyecto recibió el respaldo unánime del Comité Judicial del Senado el 18 de junio de 2026, pero todavía no se ha convertido en ley. Su aprobación establecería un marco nacional para reclamar frente a determinados usos de voces o apariencias generadas digitalmente, en lugar de depender de una combinación de normas estatales y derechos de autor.

Mientras la legislación avanza, la industria musical afronta una carrera entre la velocidad de generación de la IA y la capacidad de las plataformas para detectar y bloquear sus abusos. Para Sony, el reto ya no consiste únicamente en retirar canciones: también en evitar que una voz artificial pueda confundirse con la identidad de un artista real.

Artículo anteriorMaribel Verdú explica por qué tiene tres pisos
Artículo siguienteLaporta lidera la cumbre que puede unir la Euroliga y NBA