Una alimentación equilibrada, clave para prevenir enfermedades crónicas
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Baja California ha hecho un llamamiento a la población para reforzar los hábitos de alimentación saludable como una medida de prevención frente a las enfermedades crónicas. La recomendación se centra en mantener una dieta variada y equilibrada, controlar las cantidades y reducir el consumo de productos con exceso de azúcar, sal y grasas.
Las decisiones que se toman a diario en torno a la comida pueden influir de forma importante en la salud a medio y largo plazo. Una alimentación adecuada contribuye a mantener un peso saludable y puede ayudar a reducir factores de riesgo relacionados con problemas como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial y las enfermedades cardiovasculares.
Más alimentos frescos y menos productos ultraprocesados
La propuesta pasa por dar prioridad a los alimentos frescos o mínimamente procesados. Frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas pueden formar parte de una dieta completa cuando se consumen dentro de una pauta variada y adaptada a las necesidades de cada persona.
También es aconsejable incluir fuentes de proteínas de calidad, como pescado, huevos, carnes magras y legumbres. En el caso de los lácteos, conviene elegir opciones con menor contenido de azúcares añadidos y valorar las alternativas que mejor se ajusten a la edad, el estado de salud y las preferencias personales.
Frente a estos alimentos, el consumo habitual de productos ultraprocesados puede favorecer una ingesta elevada de calorías, grasas poco saludables, azúcares y sodio. Bollería industrial, bebidas azucaradas, aperitivos salados y comidas preparadas deben reservarse para ocasiones puntuales, dentro de un patrón de alimentación globalmente saludable.
Reducir el azúcar, la sal y las grasas
Uno de los objetivos principales es limitar el azúcar añadido, presente no solo en dulces y refrescos, sino también en algunos cereales de desayuno, salsas, postres y productos envasados. El agua debería ser la bebida de referencia, especialmente durante las comidas y a lo largo del día.
La reducción de la sal también puede ayudar a proteger la salud cardiovascular. Para potenciar el sabor de los platos se pueden utilizar hierbas aromáticas, especias, ajo, cebolla, limón o vinagre. Además, revisar el etiquetado permite identificar aquellos alimentos con un contenido elevado de sodio.
En cuanto a las grasas, se recomienda moderar el consumo de alimentos fritos, embutidos y productos con grasas saturadas. Las técnicas culinarias como el horno, la plancha, el vapor o los guisos con poca grasa facilitan la preparación de comidas más ligeras sin renunciar al sabor.
Planificar las comidas ayuda a mantener buenos hábitos
Organizar con antelación el menú semanal puede evitar elecciones impulsivas y favorecer una mayor variedad de alimentos. Incluir verduras en las comidas principales, tomar fruta como opción de tentempié y combinar legumbres con cereales son estrategias sencillas para mejorar la calidad de la dieta.
También es importante prestar atención al tamaño de las raciones y comer despacio, respetando las señales de hambre y saciedad. No se trata de eliminar grupos completos de alimentos ni de seguir dietas restrictivas sin supervisión, sino de construir un patrón sostenible que pueda mantenerse en el tiempo.
- Incorporar frutas y verduras de diferentes colores a lo largo del día.
- Elegir cereales integrales y aumentar el consumo de legumbres.
- Preferir agua frente a refrescos y otras bebidas azucaradas.
- Limitar la sal, los dulces, los embutidos y los productos ultraprocesados.
- Leer la información nutricional antes de comprar alimentos envasados.
- Adaptar las cantidades a la edad, la actividad física y las necesidades individuales.
La prevención empieza en la vida cotidiana
La alimentación saludable debe complementarse con otros hábitos protectores, como practicar actividad física de forma regular, dormir lo suficiente y evitar el tabaco. La combinación de estas medidas puede contribuir a disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas y a mejorar el bienestar general.
Las personas con diabetes, hipertensión, colesterol elevado, enfermedad renal, alergias o necesidades nutricionales específicas deben consultar con profesionales sanitarios antes de realizar cambios importantes en su dieta. Una valoración individual permite establecer objetivos realistas y evitar recomendaciones que no sean adecuadas para cada caso.
El mensaje del IMSS en Baja California pone el foco en la prevención y en la importancia de convertir la alimentación equilibrada en un hábito cotidiano. Pequeños cambios sostenidos, como cocinar más en casa, aumentar el consumo de alimentos frescos y reducir los productos con exceso de azúcar o sal, pueden marcar una diferencia relevante en la salud a largo plazo.



