Publicidad

La meningitis aumenta en España y mantiene en alerta a los especialistas

La meningitis, una inflamación de las membranas que protegen el cerebro y la médula espinal, está generando una creciente preocupación en España. Aunque no todos los casos presentan la misma gravedad, algunas formas de la enfermedad pueden evolucionar con rapidez y dejar secuelas neurológicas importantes o incluso poner en riesgo la vida.

La enfermedad puede estar causada por virus, bacterias, hongos o parásitos. La meningitis vírica suele ser más frecuente y, en muchos casos, tiene una evolución favorable. Sin embargo, la meningitis bacteriana requiere atención médica inmediata, ya que puede provocar sepsis, daños cerebrales, pérdida de audición, convulsiones o discapacidad permanente.

Una enfermedad que puede avanzar en pocas horas

Uno de los principales riesgos de la meningitis es que sus primeros síntomas pueden confundirse con los de una gripe u otra infección común. Fiebre, malestar general, dolor de cabeza intenso, náuseas o vómitos son algunas de las señales iniciales más habituales.

A medida que la infección progresa pueden aparecer rigidez en el cuello, sensibilidad excesiva a la luz, somnolencia, confusión y dificultad para mantenerse despierto. En algunos pacientes también se observan manchas o erupciones en la piel que no desaparecen al presionarlas.

  • Fiebre alta de aparición brusca.
  • Dolor de cabeza intenso o diferente al habitual.
  • Rigidez en la nuca y dificultad para mover el cuello.
  • Vómitos repetidos y marcada sensibilidad a la luz.
  • Desorientación, irritabilidad o pérdida de conciencia.
  • Convulsiones o aparición de manchas violáceas en la piel.

Ante la aparición de varios de estos síntomas, especialmente si se presentan de forma repentina, es fundamental solicitar asistencia sanitaria urgente. No se debe esperar a que el cuadro desaparezca por sí solo ni recurrir únicamente a medicamentos para aliviar la fiebre o el dolor.

Los niños pequeños pueden mostrar señales diferentes

En bebés y menores de corta edad, los síntomas pueden ser menos claros. El rechazo del alimento, el llanto persistente, la irritabilidad, la apatía, los vómitos o una somnolencia poco habitual deben vigilarse con atención.

En algunos lactantes puede observarse un abombamiento de la fontanela, la zona blanda situada en la parte superior de la cabeza. También pueden aparecer cambios en el tono muscular, dificultad para despertarles o una temperatura corporal anormalmente alta o baja.

La ausencia de rigidez de cuello no descarta la enfermedad en los bebés. Por eso, cualquier cambio brusco en el comportamiento o en el estado general del menor requiere una valoración médica sin demora.

La vacunación es la principal herramienta de prevención

La prevención de la meningitis depende en gran medida de la vacunación. El calendario común del Sistema Nacional de Salud incluye vacunas frente a varios microorganismos capaces de causar meningitis, como el meningococo, el neumococo y Haemophilus influenzae tipo b.

Las recomendaciones pueden variar en función de la edad, la comunidad autónoma, los factores de riesgo y las circunstancias personales. Por este motivo, conviene revisar el calendario vacunal con el centro de salud y completar las dosis pendientes, especialmente en niños, adolescentes y personas con determinadas enfermedades.

Las vacunas no protegen frente a todas las causas posibles de meningitis, pero reducen de forma notable el riesgo de padecer algunas de sus formas más graves. También contribuyen a disminuir la circulación de determinadas bacterias y a proteger a las personas más vulnerables.

Cómo se contagia y qué medidas ayudan

El contagio depende del microorganismo responsable. Algunas bacterias pueden transmitirse a través de secreciones respiratorias durante contactos estrechos y prolongados, mientras que otras infecciones se relacionan con alimentos contaminados, agua, animales o situaciones de inmunodepresión.

En la vida cotidiana, lavarse las manos con frecuencia, ventilar los espacios cerrados, no compartir vasos o cubiertos y evitar el contacto estrecho con personas que presentan una infección activa son medidas recomendables. También es importante seguir las indicaciones sanitarias cuando existe un caso confirmado.

Las personas que han estado en contacto estrecho con un paciente afectado por determinados tipos de meningitis bacteriana pueden necesitar quimioprofilaxis. Esta medicación debe ser prescrita por profesionales sanitarios y no debe tomarse por iniciativa propia.

El diagnóstico exige atención hospitalaria

El diagnóstico se basa en la valoración de los síntomas, la exploración médica y distintas pruebas. En muchos casos es necesario analizar el líquido cefalorraquídeo mediante una punción lumbar, además de realizar análisis de sangre y pruebas de imagen cuando están indicadas.

El tratamiento depende de la causa. Las meningitis bacterianas se tratan con antibióticos administrados de forma urgente, mientras que algunos pacientes pueden necesitar antivirales, corticoides, control de las convulsiones o medidas de soporte hospitalario.

La evolución mejora cuanto antes se inicia la atención. Por ello, la fiebre acompañada de dolor de cabeza intenso, rigidez de cuello, confusión, somnolencia extrema o lesiones cutáneas debe considerarse una emergencia médica. Reconocer las señales y mantener al día la vacunación son las dos medidas más eficaces para reducir el impacto de esta enfermedad.

Artículo anteriorUGT y CCOO preparan una huelga general contra la oposición
Artículo siguienteRodalies recupera el servicio tras el caos del temporal