Fabricar toda la tecnología en Estados Unidos costaría hasta 230.000 millones de dólares
Trasladar a Estados Unidos la fabricación completa de diez grandes categorías de dispositivos tecnológicos exigiría una inversión de hasta 230.000 millones de dólares y la incorporación de cientos de miles de trabajadores. El impacto no se limitaría a las empresas: el aumento de los costes de producción podría terminar repercutiendo en el precio que pagan los consumidores.
La estimación pone cifras a uno de los principales objetivos de la política industrial estadounidense: reducir la dependencia de las cadenas de suministro internacionales y recuperar dentro del país una parte significativa de la producción tecnológica.
Una transformación industrial de gran escala
El cálculo contempla fabricar íntegramente en Estados Unidos diez categorías de dispositivos, desde sus componentes hasta el ensamblaje final. Para hacerlo posible serían necesarias nuevas plantas, maquinaria especializada, centros logísticos y una red de proveedores capaz de atender la demanda de la industria.
El esfuerzo inversor también incluiría la ampliación de infraestructuras ya existentes y la creación de capacidades que actualmente se concentran en otros mercados. Buena parte de la producción tecnológica mundial depende de proveedores asiáticos con décadas de experiencia y economías de escala difíciles de replicar a corto plazo.
Por ese motivo, el traslado no podría resolverse únicamente mediante incentivos fiscales o restricciones comerciales. Estados Unidos tendría que desarrollar una cadena industrial completa y formar a una fuerza laboral suficiente para cubrir puestos técnicos, de ingeniería, fabricación y mantenimiento.
Cientos de miles de nuevos empleos
El plan requeriría cientos de miles de trabajadores adicionales. La necesidad no se limitaría a operarios de fábrica: también habría demanda de especialistas en semiconductores, automatización, control de calidad, diseño industrial, gestión de suministros y reparación de equipos.
La disponibilidad de talento es uno de los principales obstáculos para acelerar la producción nacional. La industria tecnológica compite por perfiles altamente cualificados con otros sectores estratégicos, mientras que la formación de nuevos profesionales puede prolongarse durante años.
Además, las fábricas no se concentran necesariamente en las zonas con mayor población o con más universidades tecnológicas. La creación de nuevos polos industriales obligaría a invertir también en vivienda, transporte, energía y conectividad para atraer y retener a los trabajadores.
El coste podría llegar al consumidor
Fabricar en Estados Unidos suele implicar costes superiores a los de producir en regiones donde la mano de obra, los terrenos y determinados servicios industriales resultan más baratos. A ello se sumarían las inversiones iniciales necesarias para levantar las nuevas instalaciones.
Las empresas podrían asumir una parte de ese incremento para mantener su cuota de mercado, pero otra parte podría trasladarse al precio final. El resultado sería una tecnología más cara, especialmente en productos con márgenes ajustados y grandes volúmenes de fabricación.
El encarecimiento podría afectar a distintas etapas del mercado: desde los dispositivos destinados a los hogares hasta los equipos utilizados por empresas, centros educativos y administraciones públicas. También podría reducir la velocidad de renovación de ordenadores, teléfonos y otros productos electrónicos.
Empezar por el ensamblaje
Ante la magnitud del proyecto, la propuesta plantea avanzar de forma gradual y comenzar por el ensamblaje final. Esta fase permitiría aumentar la presencia industrial estadounidense sin exigir desde el primer momento la fabricación local de todos los componentes.
El ensamblaje puede servir como primer paso para crear empleo, acumular conocimiento y atraer a proveedores. Con el tiempo, las compañías podrían ampliar la producción nacional a piezas de mayor valor añadido, siempre que existan incentivos suficientes y una demanda estable.
Este enfoque también reduciría el riesgo de una ruptura brusca con las cadenas de suministro actuales. En lugar de sustituir de inmediato a los proveedores extranjeros, las empresas podrían combinar la fabricación local con la importación de componentes críticos.
Exenciones para los componentes de países aliados
La estrategia propuesta incluye mantener exenciones arancelarias para los componentes procedentes de países aliados. Esta medida permitiría limitar el impacto de los aranceles sobre los productos tecnológicos que todavía no pueden fabricarse de forma competitiva dentro de Estados Unidos.
La cooperación con socios internacionales seguiría siendo esencial para asegurar el suministro de chips, pantallas, baterías, sensores y otros elementos especializados. La producción nacional, por tanto, no implicaría necesariamente un aislamiento industrial, sino una diversificación de los centros de fabricación.
El debate queda así situado entre dos objetivos difíciles de equilibrar: reforzar la autonomía tecnológica y evitar que el coste de ese proceso recaiga de forma excesiva sobre empresas y consumidores. La inversión de hasta 230.000 millones de dólares muestra la dimensión del reto y sugiere que la transición, si llega a producirse, será progresiva y selectiva.


