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Las enfermedades del corazón son la principal causa de muerte en Argentina

Las enfermedades del sistema circulatorio siguen siendo la principal causa de muerte en Argentina. Así se desprende del informe oficial que analiza las 376.405 defunciones registradas durante 2024, con datos desglosados por edad, sexo, provincia y causa básica de fallecimiento.

Dentro de este grupo se incluyen patologías como el infarto agudo de miocardio, la insuficiencia cardíaca, las enfermedades cerebrovasculares y otros trastornos que afectan al corazón y a los vasos sanguíneos. En conjunto, estas afecciones mantienen el primer puesto en la mortalidad del país, por delante de los tumores y de las enfermedades respiratorias.

Una fotografía de la mortalidad en 2024

El documento recoge todas las defunciones notificadas durante el año y permite observar cómo cambia el perfil de la mortalidad según la edad. En los primeros años de vida, las causas son diferentes y están relacionadas principalmente con problemas del periodo perinatal, malformaciones congénitas y determinadas enfermedades infecciosas.

A partir de la edad adulta, sin embargo, ganan peso las enfermedades crónicas no transmisibles. Las patologías cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes concentran una parte importante de los fallecimientos, especialmente entre las personas mayores.

La edad es un factor determinante. Aunque una causa pueda registrar más muertes en términos absolutos entre la población de mayor edad, también es necesario analizar las tasas específicas para evitar que el envejecimiento de la población distorsione las comparaciones entre años o territorios.

Diferencias entre hombres y mujeres

El informe también muestra diferencias relevantes por sexo. Los hombres presentan, en general, una mortalidad más elevada en edades más tempranas. En ellos tienen mayor impacto las enfermedades cardiovasculares prematuras, determinados tumores y las causas externas, como los siniestros viales, los accidentes y las lesiones violentas.

Entre las mujeres, la mortalidad se concentra en mayor medida en edades avanzadas, en parte por su mayor esperanza de vida. Las enfermedades del sistema circulatorio también ocupan un lugar destacado, junto con los tumores y las enfermedades respiratorias.

Estas diferencias no responden únicamente a factores biológicos. Los hábitos de vida, la exposición a riesgos, el acceso a la atención sanitaria, el diagnóstico precoz y la continuidad de los tratamientos también influyen en la evolución de las enfermedades y en el momento en que se produce el fallecimiento.

El peso de las enfermedades crónicas

El predominio de las enfermedades cardiovasculares confirma el papel central de los factores de riesgo modificables en la salud pública argentina. La hipertensión arterial, el colesterol elevado, el tabaquismo, la obesidad, el sedentarismo y la diabetes aumentan la probabilidad de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular.

La prevención pasa por detectar estos problemas a tiempo y mantener un seguimiento médico adecuado. También resulta clave adoptar una alimentación equilibrada, realizar actividad física con regularidad, evitar el tabaco y limitar el consumo de alcohol.

En el caso de los tumores, la mortalidad depende del tipo de cáncer, de la edad y del acceso a programas de cribado y diagnóstico. La identificación temprana puede mejorar las posibilidades de tratamiento en enfermedades como el cáncer de mama, cuello uterino, colon y próstata.

La evolución desde 1997

La serie histórica incluida en el informe permite comparar los indicadores de mortalidad desde 1997. En ese periodo, Argentina ha experimentado cambios demográficos y epidemiológicos importantes, con un aumento progresivo del peso de las enfermedades crónicas asociado al envejecimiento poblacional.

Las cifras brutas deben interpretarse con cautela. Una población más envejecida puede registrar más defunciones aunque el riesgo individual de morir por una causa concreta no haya aumentado. Por este motivo, los análisis sanitarios también utilizan tasas ajustadas por edad, que permiten comparar mejor la evolución a lo largo del tiempo.

La tendencia histórica refleja, además, el impacto de las mejoras en la atención médica, la vacunación, el control de algunos factores de riesgo y el acceso a tratamientos. Al mismo tiempo, persisten desigualdades entre provincias y grupos de población que condicionan la prevención, el diagnóstico y la asistencia.

Diferencias entre jurisdicciones

La distribución de las defunciones no es homogénea en todo el país. Las jurisdicciones presentan diferencias relacionadas con la estructura de edad de su población, las condiciones sociales, la disponibilidad de servicios sanitarios y la cobertura de atención primaria.

Por ello, el número total de fallecimientos no basta para medir el riesgo. Las provincias con una población más envejecida pueden acumular más muertes, mientras que otras pueden mostrar tasas superiores en edades jóvenes o una mayor incidencia de causas externas.

Los datos de 2024 ofrecen una referencia para orientar las políticas de salud pública. Reforzar la prevención cardiovascular, mejorar el control de la hipertensión y la diabetes, ampliar el diagnóstico precoz del cáncer y reducir las desigualdades territoriales son algunas de las prioridades que se desprenden del análisis.

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