OpenAI rebaja sus ingresos anualizados y abre nuevas dudas sobre la rentabilidad de la IA
OpenAI ha comunicado a sus inversores que sus ingresos anualizados rondan actualmente los 50.000 millones de dólares, una cifra que se encuentra 20.000 millones por debajo de la estimación que había trascendido semanas atrás. El ajuste ha inquietado a los mercados y ha reavivado el debate sobre si el crecimiento de la inteligencia artificial puede sostener el enorme volumen de inversión que requiere.
A finales de septiembre, las previsiones apuntaban a que la compañía dirigida por Sam Altman alcanzaría unas ventas anualizadas cercanas a los 70.000 millones de dólares. Esta métrica no equivale exactamente a la facturación obtenida durante un ejercicio completo: consiste en proyectar durante doce meses el ritmo de ingresos registrado en un periodo concreto.
La diferencia entre ambas cifras ha provocado una reacción inmediata entre los inversores, especialmente porque OpenAI se ha convertido en una pieza central de la expansión de los centros de datos, los chips especializados y los servicios en la nube vinculados a la IA generativa.
Una comparación difícil con Anthropic
Parte de la confusión procede de la comparación entre OpenAI y Anthropic, otra de las principales compañías del sector. Ambas calculan sus ingresos anualizados de forma distinta, por lo que sus cifras no pueden equipararse directamente sin tener en cuenta qué operaciones incluye cada empresa.
Anthropic contabiliza también los ingresos obtenidos a través de socios de infraestructura como Amazon Web Services y Google Cloud. OpenAI, en cambio, no incorpora esas ventas del mismo modo en sus cálculos. La empresa de Claude, además, debe entregar a sus socios una parte de la facturación, estimada en torno al 16% de cada dólar generado por esa vía.
La revisión afecta también a las cifras de meses anteriores. Algunas estimaciones situaban los ingresos anualizados de OpenAI en unos 40.000 millones de dólares durante julio. Sin embargo, la documentación más reciente entregada a los inversores los coloca más cerca de los 30.000 millones.
Sobre esa base, el crecimiento posterior de más del 70% habría llevado a una cifra final próxima a los 50.000 millones, no a los 70.000 millones que se habían manejado inicialmente. El problema, por tanto, no sería únicamente una ralentización de las ventas, sino una diferencia relevante en el punto de partida utilizado para calcular la evolución.
Las tecnológicas sufren el efecto dominó
La reacción bursátil reflejó el temor a que las expectativas sobre el negocio de OpenAI estuvieran sosteniendo una cadena de inversiones difícil de mantener. El Nasdaq 100 terminó la jornada con una caída del 1,4%, mientras Nvidia retrocedió un 2,9%, Oracle perdió un 5,5% y Micron bajó un 4,8%.
El vínculo entre estas compañías y OpenAI es especialmente estrecho. Los modelos de inteligencia artificial necesitan enormes cantidades de capacidad de cálculo para entrenarse y responder a las consultas de los usuarios. Esa capacidad depende de procesadores especializados, memoria avanzada, servidores y centros de datos.
Oracle, por ejemplo, firmó con OpenAI un acuerdo valorado en hasta 300.000 millones de dólares. Si la compañía no logra aumentar sus ingresos al ritmo previsto, los inversores pueden cuestionar la capacidad de OpenAI para utilizar y pagar toda esa infraestructura.
La misma preocupación afecta a Nvidia y Micron, cuyos negocios dependen en buena medida de que las empresas de IA mantengan sus planes de expansión. Una reducción de las previsiones de OpenAI puede traducirse en dudas sobre futuros pedidos de chips y equipamiento.
El reto de convertir ChatGPT en un negocio rentable
El crecimiento de usuarios de ChatGPT no se ha traducido automáticamente en beneficios. La mayoría de las personas utiliza el servicio sin pagar, mientras que OpenAI debe asumir el coste de generar cada respuesta. Este gasto incluye el consumo de centros de datos, electricidad, mantenimiento de modelos y personal especializado.
Las suscripciones individuales, con planes que parten de unos 20 dólares mensuales, aportan ingresos, pero el negocio más importante se encuentra en las licencias empresariales. Estas permiten a las compañías integrar los modelos de OpenAI en sus herramientas internas, servicios de atención al cliente o procesos de programación.
En este segmento, Anthropic estaría avanzando con mayor rapidez. La compañía habría superado a OpenAI en ingresos trimestrales, con unos 11.500 millones de dólares frente a los 6.700 millones de su rival. También ha ganado presencia en programación y entre clientes corporativos, dos áreas fundamentales para elevar el gasto medio por usuario.
Inversiones multimillonarias y pérdidas todavía elevadas
El otro gran problema es la distancia entre los ingresos y el coste de construir la infraestructura necesaria. Los planes de OpenAI contemplan inversiones en capacidad de cálculo por valor de 121.000 millones de dólares hasta 2028. Incluso si sus ingresos llegaran a duplicarse, las pérdidas acumuladas podrían acercarse a los 85.000 millones.
La compañía también mantiene compromisos financieros con Microsoft, que recibe una participación del 20% de sus ingresos hasta 2030. Esta obligación reduce el margen disponible para financiar centros de datos, desarrollar nuevos modelos y competir por el talento especializado.
En este contexto, OpenAI habría aplazado sus planes de salida a bolsa y estaría negociando una nueva ronda de financiación con una valoración aproximada de 1,4 billones de dólares. La decisión refleja la dificultad de acudir al mercado en un momento en el que los inversores exigen pruebas más claras de rentabilidad.
El debate sobre la inteligencia artificial ha entrado así en una fase más exigente. Ya no se centra solo en quién desarrolla el modelo más potente, sino en qué empresas pueden convertir esa capacidad tecnológica en ingresos suficientes para cubrir los costes. Por ahora, ninguna de las grandes compañías emergentes que lideran el sector parece haber resuelto por completo esa ecuación.



