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Personas mayores de Buenos Aires aprenden a usar la tecnología y ganan autonomía

Aprender a manejar una aplicación bancaria, enviar una fotografía por mensajería o identificar un intento de estafa virtual se ha convertido en una herramienta de autonomía para muchas personas mayores de la provincia de Buenos Aires.

En distintos municipios bonaerenses, los cursos y talleres de alfabetización digital ayudan a reducir la brecha tecnológica y permiten que los mayores utilicen internet con más seguridad. El objetivo no es únicamente enseñar a pulsar botones, sino facilitar gestiones cotidianas que cada vez dependen más de un teléfono móvil.

Del miedo a equivocarse a tomar el control

Para una parte de esta población, el primer contacto con un smartphone puede generar inseguridad. Las actualizaciones, las contraseñas, los códigos de verificación y el lenguaje técnico suelen convertirse en obstáculos que dificultan tareas aparentemente sencillas.

La formación práctica permite avanzar paso a paso y resolver dudas concretas. Cómo guardar un contacto, activar una videollamada, consultar un turno médico o localizar una dirección son algunas de las habilidades que pueden marcar la diferencia en la vida diaria.

El aprendizaje también tiene un componente emocional. Muchas personas mayores dejan de pedir ayuda a sus hijos, nietos o amistades para cada gestión y empiezan a desenvolverse por sí mismas. Esa independencia refuerza la confianza y favorece una relación más natural con la tecnología.

Aplicaciones bancarias y gestiones desde el móvil

Uno de los contenidos más demandados es el uso de las aplicaciones bancarias. Consultar el saldo, revisar movimientos, pagar una factura o realizar una transferencia son operaciones que ya no requieren acudir siempre a una sucursal.

Durante las sesiones se insiste en la importancia de comprobar cada dato antes de confirmar una operación. También se explica cómo crear claves robustas, evitar compartir códigos y cerrar la sesión cuando se utiliza un dispositivo que no es personal.

La banca digital puede ahorrar desplazamientos y tiempos de espera, especialmente para quienes tienen dificultades de movilidad o viven lejos de los centros urbanos. Sin embargo, la incorporación de estas herramientas debe hacerse de forma acompañada, clara y respetuosa con el ritmo de cada usuario.

Prevenir estafas virtuales, una prioridad

La seguridad ocupa un lugar central en la alfabetización digital de los mayores. Los ciberdelincuentes suelen aprovechar la preocupación por una cuenta bancaria, un supuesto problema con un familiar o una falsa entrega para obtener datos personales y dinero.

Los talleres enseñan a reconocer señales de alerta como los mensajes urgentes, las amenazas de bloqueo, los enlaces sospechosos y las peticiones de información confidencial. Una entidad bancaria, una administración pública o una empresa de reparto no debería solicitar contraseñas ni códigos de acceso mediante una llamada o un mensaje inesperado.

Ante la duda, la recomendación es no responder, no pulsar enlaces y contactar con la entidad a través de sus canales oficiales. También conviene consultar a una persona de confianza antes de realizar una transferencia o instalar una aplicación solicitada por un desconocido.

Consejos básicos para navegar con más seguridad

  • Utilizar contraseñas diferentes para cada servicio y activar la verificación en dos pasos cuando esté disponible.
  • No compartir códigos recibidos por SMS, correo electrónico o aplicaciones de mensajería.
  • Comprobar la dirección de una página web antes de introducir datos personales o bancarios.
  • Mantener actualizado el teléfono móvil y descargar aplicaciones únicamente desde tiendas oficiales.
  • Bloquear y denunciar los números que envíen mensajes sospechosos.
  • Guardar los teléfonos oficiales del banco, del centro de salud y de otros servicios habituales.

Una tecnología más accesible e inclusiva

La edad no es el único factor que condiciona el uso de internet. Los problemas de visión, audición, movilidad o memoria pueden dificultar la interacción con ciertos dispositivos y aplicaciones.

Por eso, los especialistas recomiendan aumentar el tamaño de la letra, mejorar el contraste de la pantalla, activar los lectores de texto o utilizar comandos de voz. Estas opciones, disponibles en la mayoría de los teléfonos actuales, pueden facilitar la lectura y reducir los errores.

También resulta útil organizar la pantalla de inicio con los accesos más utilizados y eliminar aplicaciones innecesarias. Una configuración sencilla permite localizar rápidamente el banco, el centro médico, los contactos familiares o las herramientas de comunicación.

Aprender en compañía también reduce la soledad

Los espacios de formación digital cumplen una función que va más allá de la enseñanza técnica. El intercambio con otras personas de la misma generación crea vínculos, favorece la participación social y permite compartir experiencias sobre problemas comunes.

Las videollamadas y las redes sociales pueden ayudar a mantener el contacto con familiares que viven lejos, aunque su uso debe combinarse con medidas de privacidad. Revisar quién puede ver una publicación y evitar difundir datos sobre domicilios, rutinas o viajes son precauciones esenciales.

El reto para las administraciones y las empresas tecnológicas consiste en diseñar servicios sencillos, accesibles y seguros. La digitalización no debería obligar a nadie a depender continuamente de otra persona para realizar una gestión básica.

Con formación, acompañamiento y herramientas adaptadas, los mayores bonaerenses están convirtiendo el teléfono móvil y el ordenador en aliados para su vida cotidiana. Aprender tecnología ya no se plantea como una asignatura pendiente, sino como una vía para ganar independencia y participar plenamente en la sociedad digital.

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