Enfermedades cardiovasculares, diabetes y enfermedad renal, detrás de más del 40% de las muertes en Vietnam
Las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y las enfermedades renales están relacionadas con más del 40% de las muertes en Vietnam. La cifra pone de relieve el creciente peso de las patologías no transmisibles y el reto que supone atender a pacientes con problemas crónicos que, con frecuencia, aparecen de forma simultánea.
El impacto no se limita a los hospitales. Estas enfermedades requieren controles prolongados, medicación, pruebas diagnósticas y cambios sostenidos en los hábitos de vida. Además, pueden reducir la capacidad laboral, aumentar la dependencia y elevar el gasto sanitario de las familias y de la Administración.
Una relación estrecha entre corazón, riñones y metabolismo
Las tres áreas de salud están profundamente conectadas. La diabetes puede dañar los vasos sanguíneos y favorecer la aparición de enfermedad renal. A su vez, el deterioro de los riñones puede aumentar la presión arterial y el riesgo de sufrir complicaciones cardiovasculares.
La hipertensión, el colesterol elevado y la alteración de los niveles de glucosa también pueden avanzar durante años sin síntomas claros. Por este motivo, muchas personas reciben el diagnóstico cuando ya existe daño en algún órgano o cuando aparece una complicación que requiere atención urgente.
La relación entre estas patologías no significa que cada fallecimiento pueda atribuirse a una única causa. En numerosos casos intervienen varios factores a la vez. Sin embargo, el dato global refleja la necesidad de reforzar la prevención, la detección precoz y el seguimiento continuado.
El desafío de detectar la enfermedad antes de que avance
Uno de los principales obstáculos es que la hipertensión y la diabetes pueden permanecer ocultas durante mucho tiempo. La enfermedad renal crónica también puede presentar pocos síntomas en sus primeras fases, pese a que el funcionamiento de los riñones ya esté disminuyendo.
Las revisiones periódicas permiten identificar señales de riesgo mediante controles sencillos. La presión arterial, la glucosa, el colesterol y algunos análisis de sangre y orina ofrecen información útil para valorar el estado cardiovascular y renal.
- Medir la presión arterial con regularidad, especialmente en personas con antecedentes familiares o factores de riesgo.
- Controlar la glucosa y consultar ante síntomas compatibles con diabetes, como sed intensa, aumento de la frecuencia urinaria o cansancio persistente.
- Revisar la función renal mediante las pruebas indicadas por los profesionales sanitarios.
- No abandonar el tratamiento aunque el paciente se encuentre bien o los síntomas hayan desaparecido.
Prevención: hábitos que reducen el riesgo
La prevención de las enfermedades cardiovasculares, metabólicas y renales combina medidas individuales y políticas de salud pública. Una alimentación equilibrada, con menor presencia de sal, azúcares añadidos y productos ultraprocesados, puede ayudar a controlar la presión arterial, el peso y la glucosa.
También es recomendable mantener una actividad física adaptada a la edad y al estado de salud, evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol. Estas medidas no sustituyen a los tratamientos prescritos, pero pueden mejorar el control de los factores de riesgo y disminuir la probabilidad de complicaciones.
La prevención debe adaptarse a las posibilidades reales de cada persona. El acceso a alimentos saludables, espacios para hacer ejercicio, medicamentos y consultas médicas condiciona la capacidad de seguir las recomendaciones. Por ello, las respuestas sanitarias no pueden depender únicamente de la responsabilidad individual.
Más atención primaria y seguimiento coordinado
La elevada carga de estas enfermedades exige fortalecer la atención primaria, donde pueden realizarse cribados, educación sanitaria y revisiones periódicas. La detección temprana permite iniciar medidas antes de que el daño sea irreversible y reduce la presión sobre los servicios de urgencias y los hospitales.
También resulta esencial coordinar a los profesionales que atienden al paciente. Cardiología, endocrinología, nefrología, enfermería y medicina de familia deben compartir información y objetivos terapéuticos, sobre todo cuando existen varias enfermedades crónicas al mismo tiempo.
El seguimiento debe incluir algo más que la prescripción de fármacos. Comprender la enfermedad, saber reconocer los signos de alarma y disponer de apoyo para mantener los cambios de hábitos son elementos decisivos para mejorar la evolución.
Una prioridad sanitaria que requiere respuestas sostenidas
El dato de mortalidad asociado a las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y la enfermedad renal sitúa a Vietnam ante una prioridad sanitaria de primer orden. El reto consiste en actuar en todas las etapas: prevenir los factores de riesgo, diagnosticar cuanto antes y garantizar un tratamiento accesible y continuado.
Reducir esta carga no depende de una intervención aislada. Requiere campañas de prevención, controles médicos accesibles, profesionales suficientes y políticas que faciliten estilos de vida saludables. La detección temprana y el seguimiento regular pueden marcar la diferencia entre controlar una enfermedad crónica o llegar a sus fases más graves.



