
Marruecos da por amortizado a Sánchez y analiza cada movimiento de Feijóo
Rabat ha intensificado la vigilancia sobre el discurso de los principales dirigentes de la derecha española ante la posibilidad de un futuro Gobierno de coalición entre el Partido Popular y Vox. El foco marroquí ya no estaría puesto únicamente en Pedro Sánchez, sino también en las posiciones que Alberto Núñez Feijóo y los dirigentes de Vox puedan adoptar respecto a la relación bilateral.
El cambio de escenario responde a una doble circunstancia. Por un lado, Marruecos considera consolidada la etapa abierta con el actual Ejecutivo socialista. Por otro, observa con atención el debate político español ante una eventual alternancia y las consecuencias que esta podría tener para asuntos especialmente sensibles, como Ceuta, la inmigración, la cooperación policial y la soberanía sobre el Sáhara Occidental.
Rabat examina el discurso del PP y Vox
Desde hace meses, las declaraciones públicas de los líderes del PP y de Vox forman parte del análisis político marroquí. Cada pronunciamiento sobre la política exterior española, el control de las fronteras o la relación con Rabat es interpretado como una señal sobre el rumbo que podría tomar España tras las próximas elecciones.
La preocupación se concentra especialmente en la posibilidad de que un Ejecutivo popular necesite el respaldo de Vox para gobernar. Las diferencias entre ambas formaciones sobre inmigración y política territorial pueden afectar a la relación con Marruecos, un país considerado estratégico para España, pero también escenario recurrente de tensiones diplomáticas.
El Partido Popular ha defendido tradicionalmente una relación estable con Rabat, aunque con un discurso más exigente en materia de control fronterizo y defensa de los intereses españoles. Vox, por su parte, mantiene una posición más dura y reclama una política de mayor firmeza frente a la inmigración irregular y a cualquier presión sobre las ciudades autónomas.
Ceuta vuelve al centro de la agenda
En este contexto, Pedro Sánchez ha confirmado ahora que varios buques de guerra entraron en Ceuta a finales de julio. La presencia naval añade un nuevo elemento a una relación bilateral marcada por la necesidad de mantener abiertos los canales de comunicación y evitar interpretaciones que puedan elevar la tensión.
La confirmación del presidente se produce en un momento en el que cualquier movimiento en torno a Ceuta y Melilla adquiere una relevancia especial. Las dos ciudades autónomas representan uno de los principales puntos de fricción entre España y Marruecos, tanto por su posición geográfica como por su valor simbólico y estratégico.
La entrada de los buques debe analizarse también dentro de la actividad ordinaria de vigilancia y defensa de España. Sin embargo, su conocimiento público y la posterior explicación del Gobierno han reavivado el debate sobre la seguridad de las ciudades autónomas y sobre la respuesta que debería ofrecer Madrid ante posibles episodios de presión.
Una relación marcada por los equilibrios
La relación entre España y Marruecos combina cooperación y desconfianza. Ambos países colaboran en el control de los flujos migratorios, la lucha contra el terrorismo y la seguridad del Estrecho. Al mismo tiempo, mantienen desacuerdos sobre Ceuta, Melilla, la delimitación marítima y el futuro del Sáhara Occidental.
Para Rabat, la política española hacia el Sáhara es un asunto central. El giro adoptado por Sánchez permitió una mejora significativa de las relaciones bilaterales, pero también generó críticas en España y dejó al PSOE expuesto ante la oposición. Un cambio de Gobierno podría reabrir el debate sobre la posición española, aunque cualquier rectificación tendría un coste diplomático.
Por eso, Marruecos observa con especial cuidado las palabras de Feijóo y de los dirigentes de Vox. No se trata únicamente de conocer sus propuestas electorales, sino de anticipar si un eventual Ejecutivo mantendría la actual línea de cooperación o introduciría cambios en cuestiones que Rabat considera prioritarias.
El Gobierno intenta preservar la estabilidad
El Ejecutivo de Sánchez trata de presentar la relación con Marruecos como una asociación estratégica basada en intereses compartidos. La cooperación fronteriza y la reducción de las llegadas irregulares son algunos de los resultados que Moncloa utiliza para justificar el entendimiento con Rabat.
La oposición, sin embargo, reclama más transparencia sobre los acuerdos alcanzados y exige que la defensa de la cooperación no implique renunciar a una posición firme en Ceuta y Melilla. Esa discusión puede ganar peso conforme se acerque la próxima cita electoral y aumente la presión sobre los partidos para fijar una política exterior propia.
En Marruecos, el escenario ya parece plantearse en términos de continuidad o cambio. Sánchez habría dejado de ser el único interlocutor relevante para Rabat. El futuro político de Feijóo, la influencia de Vox y la gestión de cualquier nuevo episodio en Ceuta marcarán la relación bilateral en los próximos meses.



