Teresa Viejo reclama un nuevo liderazgo empresarial ante la velocidad de la inteligencia artificial
La periodista y formadora Teresa Viejo considera que las empresas ya no pueden seguir aplicando los mismos modelos de dirección que funcionaron durante el siglo XX. En un contexto marcado por la inteligencia artificial, la automatización y la aceleración tecnológica, las organizaciones necesitan revisar cómo toman decisiones, cómo gestionan el talento y qué relación mantienen con el cambio.
Viejo trasladó esta reflexión durante una conferencia dirigida a directivos en la provincia de Alicante. En su análisis, defendió que la transformación digital no consiste únicamente en incorporar nuevas herramientas, sino en modificar la cultura empresarial y la manera de ejercer el liderazgo.
La tecnología cambia más rápido que las estructuras
Uno de los principales retos para las compañías es la distancia que existe entre la velocidad de la innovación tecnológica y la capacidad de adaptación de muchas estructuras empresariales. La inteligencia artificial avanza con rapidez, al igual que las plataformas digitales, los sistemas de automatización y las nuevas formas de organizar el trabajo.
Frente a este escenario, los modelos jerárquicos basados en el control, la previsión a largo plazo y la toma de decisiones exclusivamente desde la cúpula pierden eficacia. La complejidad actual exige organizaciones más flexibles, capaces de aprender y de reaccionar cuando las circunstancias cambian.
La idea central de la intervención de Viejo puede resumirse en una conclusión: el modelo de liderazgo empresarial del siglo XX ya no sirve para afrontar un entorno en el que la tecnología redefine procesos, profesiones y mercados a una velocidad desconocida hasta ahora.
Del control a la capacidad de adaptación
Durante décadas, muchas empresas entendieron el liderazgo como una combinación de autoridad, supervisión y control de los equipos. Ese enfoque se apoyaba en estructuras verticales, funciones muy delimitadas y una separación clara entre quienes diseñaban la estrategia y quienes la ejecutaban.
La realidad empresarial actual es diferente. Los profesionales necesitan participar en la búsqueda de soluciones, compartir conocimiento y disponer de margen para tomar decisiones. La innovación suele surgir de la colaboración entre áreas, no solo de los departamentos tradicionalmente vinculados a la tecnología.
En este nuevo contexto, el liderazgo debe apoyarse en la confianza, la escucha y la capacidad para generar entornos en los que las personas puedan aprender. El directivo deja de ser únicamente quien da instrucciones y pasa a desempeñar también un papel de facilitador del cambio.
La inteligencia artificial obliga a replantear el talento
La expansión de la inteligencia artificial está acelerando esta transformación. Las herramientas capaces de analizar datos, generar contenidos, automatizar tareas o asistir en la toma de decisiones ya forman parte de la actividad de numerosas empresas. Sin embargo, su impacto no se limita a la productividad.
La IA también obliga a revisar qué habilidades se consideran valiosas. El conocimiento técnico seguirá siendo importante, pero deberá combinarse con competencias como el pensamiento crítico, la creatividad, la comunicación, la capacidad de colaboración y la adaptación al aprendizaje continuo.
Para las organizaciones, esto implica abandonar la idea de que la formación es una etapa que termina al incorporarse al mercado laboral. La actualización profesional se convierte en una necesidad permanente, especialmente en sectores expuestos a cambios tecnológicos constantes.
- Aprendizaje continuo: los equipos deben actualizar sus conocimientos de forma regular.
- Colaboración transversal: la innovación requiere conectar perfiles y departamentos diferentes.
- Confianza: los profesionales necesitan autonomía para aportar y decidir.
- Visión humana: la tecnología debe estar al servicio de las personas y de los objetivos de la organización.
La transformación digital también es cultural
Uno de los errores más habituales consiste en identificar la digitalización con la compra de software, la renovación de equipos o la implantación de sistemas de inteligencia artificial. Estas inversiones pueden ser necesarias, pero no garantizan por sí solas una transformación real.
Si la cultura interna sigue penalizando el error, bloqueando las nuevas ideas o concentrando todas las decisiones en unos pocos puestos, la tecnología tendrá un impacto limitado. La innovación necesita espacios para experimentar, evaluar resultados y corregir el rumbo sin que cada fallo se convierta en un fracaso definitivo.
La perspectiva planteada por Teresa Viejo sitúa a las personas en el centro del cambio tecnológico. La empresa que quiera adaptarse no solo tendrá que preguntarse qué herramientas necesita, sino también qué tipo de profesionales quiere atraer, cómo va a desarrollar su talento y qué valores desea transmitir.
Una oportunidad para las empresas de Alicante
Para el tejido empresarial de Alicante, formado por compañías de tamaños y sectores diversos, esta transición representa al mismo tiempo un desafío y una oportunidad. La incorporación inteligente de la tecnología puede mejorar la eficiencia, abrir nuevos mercados y facilitar la creación de productos y servicios más competitivos.
Pero ese avance requerirá una visión estratégica. La inteligencia artificial no sustituye la necesidad de liderazgo; la hace más exigente. Las empresas tendrán que decidir qué procesos automatizar, cómo proteger la información, qué límites éticos aplicar y de qué manera garantizar que los trabajadores participan en la transformación.
La conclusión es clara: liderar en la era de la IA no consiste en intentar predecirlo todo, sino en preparar a la organización para responder mejor a lo imprevisible. En ese escenario, la flexibilidad, el aprendizaje y la confianza dejan de ser valores complementarios para convertirse en ventajas competitivas.



