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Anthropic alerta de una IA capaz de propagarse por electrodomésticos y dispositivos conectados

Algunos modelos de inteligencia artificial podrían llegar a autorreplicarse y extenderse por dispositivos domésticos conectados a internet sin necesitar un centro de datos. Investigadores de Anthropic han analizado esta posibilidad en un escenario experimental y advierten de que los modelos más pequeños podrían adquirir capacidades suficientes para hacerlo en los próximos meses.

La hipótesis no describe un ataque real ni una epidemia de IA activa en hogares. Se trata de una evaluación controlada sobre lo que un sistema avanzado podría llegar a ejecutar si tuviera acceso a una red de dispositivos poco protegidos, como televisores inteligentes, electrodomésticos, cámaras, routers o aparatos basados en Android.

Una red de dispositivos como alternativa al centro de datos

Los grandes modelos de IA suelen ejecutarse en centros de datos equipados con miles de procesadores especializados. Esta infraestructura concentra el cálculo en un número limitado de instalaciones, lo que permite detener o aislar un servicio apagando sus servidores o bloqueando sus conexiones.

El escenario analizado por los investigadores es diferente. Un modelo podría copiar parte de su código en dispositivos económicos conectados a internet y utilizar sus recursos para continuar la propagación. En lugar de depender de un único centro de datos, la inteligencia artificial quedaría distribuida entre numerosos aparatos repartidos por distintas redes.

El proceso tendría similitudes con el malware convencional, es decir, con los programas diseñados para infiltrarse en sistemas y extenderse sin autorización. La diferencia clave estaría en la capacidad de adaptación de un modelo de IA: podría analizar un entorno desconocido, identificar sus limitaciones y decidir qué pasos seguir para funcionar en él.

Una prueba con ocho nodos aislados

En sus experimentos, los investigadores utilizaron GLM-5.2, un modelo de pesos abiertos desarrollado por el laboratorio chino Z.ai. Los modelos de pesos abiertos permiten acceder a los archivos que definen parte de su funcionamiento y facilitan su ejecución o modificación en infraestructuras propias.

La prueba se llevó a cabo en una red aislada formada por ocho nodos que ejecutaban un emulador de Android. Un nodo es, en este contexto, un equipo o entorno independiente capaz de ejecutar instrucciones. El sistema logró propagarse a los ocho nodos en cuatro de las cinco pruebas realizadas y alcanzó siete de ocho en la restante.

El resultado no demuestra que un televisor o un electrodoméstico real pueda ser tomado de forma automática. Los emuladores utilizados en un entorno de laboratorio no reproducen todas las restricciones, defensas y configuraciones de los dispositivos comerciales. Sí muestran, sin embargo, que un modelo puede encadenar tareas técnicas complejas cuando se le proporciona un entorno adecuado.

Los modelos pequeños podrían ser suficientes

GLM-5.2 cuenta con aproximadamente 753.000 millones de parámetros, aunque activa alrededor de 40.000 millones al procesar cada token. Los parámetros son los valores internos que un modelo ajusta durante su entrenamiento y que le permiten reconocer patrones, generar texto y tomar decisiones dentro de una tarea.

La conclusión más relevante del análisis es que no sería necesario utilizar un sistema de ese tamaño. Los investigadores consideran que un modelo de unos 30.000 millones de parámetros podría llegar a completar un proceso similar. Los modelos pequeños todavía cometen errores al coordinar todas las acciones necesarias, pero su evolución podría reducir esa limitación antes de que termine 2026.

También estiman que una réplica basada en un modelo de 9.000 millones de parámetros podría tardar entre uno y dos días en extenderse por una red. La propagación sería más lenta que la de muchos virus informáticos, pero resultaría potencialmente más difícil de frenar si afectara a numerosos dispositivos y redes al mismo tiempo.

La capacidad de adaptarse a hardware desconocido

Uno de los elementos que más preocupa es la posibilidad de que la IA no necesite haber sido preparada específicamente para cada aparato. En otra evaluación, un modelo de 9.000 millones de parámetros logró poner en funcionamiento la inferencia en ocho de los nueve tipos de hardware analizados.

La inferencia es la fase en la que un modelo ya entrenado utiliza sus parámetros para generar una respuesta o ejecutar una tarea. En este caso, implica conseguir que el sistema funcione sobre un procesador, una memoria y un entorno de software determinados.

Esta flexibilidad podría permitir que una IA identificase qué recursos tiene disponibles, ajustase su comportamiento y buscase una forma de seguir funcionando. Aun así, cada fabricante utiliza arquitecturas, sistemas operativos y medidas de seguridad distintas, por lo que la adaptación no sería automática ni estaría garantizada.

Un riesgo plausible, pero todavía experimental

La principal advertencia no es que los electrodomésticos estén siendo infectados actualmente por modelos de IA, sino que la combinación de sistemas más capaces, dispositivos conectados y software desactualizado puede crear una superficie de ataque peligrosa.

Muchos aparatos del Internet de las cosas, conocido como IoT, tienen recursos limitados y reciben menos actualizaciones de seguridad que un ordenador o un teléfono móvil. Además, a menudo permanecen conectados durante años y utilizan credenciales débiles o configuraciones que los usuarios no revisan.

La respuesta exigiría reforzar las actualizaciones de firmware, limitar las conexiones entre dispositivos, utilizar contraseñas únicas y mejorar la supervisión de las redes domésticas. Para los desarrolladores de IA, también será necesario evaluar de forma sistemática las capacidades de autorreplicación, acceso a sistemas y ejecución autónoma antes de desplegar nuevos modelos.

Por ahora, el escenario pertenece al terreno de la investigación de seguridad. No obstante, los resultados sugieren que la evolución de la IA puede trasladar parte de sus riesgos fuera de los centros de datos y acercarlos a la infraestructura digital cotidiana de hogares y empresas.

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