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Ben Affleck reivindica el papel de los videojuegos en su rutina creativa

Ben Affleck ha vuelto a relacionar su trayectoria profesional con una afición que, durante años, se ha considerado secundaria frente al cine y la televisión: los videojuegos. En una conversación en formato podcast, el actor y director recordó su vínculo con StarCraft y mencionó otros títulos tan distintos como Doom, Valorant, Civilization y Myst.

La selección no es casual. En ella conviven la estrategia en tiempo real, la acción en primera persona, la competición táctica, la gestión de civilizaciones y la aventura de exploración. Todos estos géneros comparten una capacidad especialmente relevante para alguien dedicado a contar historias: obligan a interpretar situaciones, tomar decisiones y anticipar las consecuencias de cada movimiento.

StarCraft, una afición que dejó huella

Affleck explicó que jugó a StarCraft durante un periodo prolongado después de alcanzar la fama, hasta el punto de dedicarle aproximadamente tres años. El dato resulta llamativo porque el juego de Blizzard no se limita a plantear combates entre ejércitos: exige administrar recursos, controlar el mapa, desarrollar una estrategia y adaptarse constantemente a los planes del rival.

Ese tipo de experiencia puede entenderse como una forma de entrenamiento mental. Cada partida presenta un problema abierto, sin una solución única, y obliga a combinar planificación y reacción. La presión por decidir con rapidez, priorizar objetivos y corregir errores forma parte de la esencia del género de estrategia en tiempo real.

Además, StarCraft construyó un universo reconocible a través de facciones enfrentadas, conflictos políticos y personajes con motivaciones propias. Su campaña convirtió la ciencia ficción militar en una narración con identidad, mientras que el modo competitivo consolidó una cultura alrededor del aprendizaje, la repetición y la mejora continua.

De Doom a Valorant: la evolución del shooter

Entre los juegos recordados por el actor también aparece Doom, una de las obras fundamentales de los shooters en primera persona. Su propuesta se apoyaba en el ritmo, la movilidad y la contundencia de los enfrentamientos. Con el paso del tiempo, el género incorporó sistemas más complejos, diseños de mapas elaborados y una dimensión competitiva mucho más estructurada.

En ese recorrido encaja Valorant, que combina la precisión de los disparos tácticos con habilidades específicas para cada agente. A diferencia de los primeros referentes del género, sus partidas dependen tanto de la puntería como de la coordinación entre compañeros, el control de zonas y la lectura de las intenciones del equipo rival.

La conexión entre ambos títulos permite observar cómo los videojuegos han evolucionado sin abandonar algunos de sus principios básicos. El enfrentamiento directo sigue siendo importante, pero ahora comparte protagonismo con la estrategia colectiva, la comunicación y la construcción de roles diferenciados dentro de una partida.

Civilization y Myst, dos formas de contar historias

La referencia a Civilization amplía todavía más el retrato de los gustos de Affleck. La saga de Sid Meier propone dirigir una civilización desde sus orígenes hasta la era moderna, tomando decisiones relacionadas con la diplomacia, la investigación, la economía, la expansión territorial y la guerra.

Su interés narrativo no reside en una historia cerrada, sino en las historias que surgen de cada partida. Una alianza inesperada, una crisis económica o una guerra que se prolonga durante décadas pueden generar relatos únicos. El jugador no solo consume una trama: participa en su creación y establece las causas y consecuencias de los acontecimientos.

Con Myst, en cambio, la experiencia se apoya en la exploración, los enigmas y la atmósfera. El juego apostó por un ritmo pausado y por una narrativa basada en la observación, el descubrimiento y la interpretación del entorno. Su influencia demuestra que la interacción también puede servir para construir misterio sin recurrir a la acción constante.

Los videojuegos como herramienta creativa

Las declaraciones de Ben Affleck reflejan una relación con los videojuegos que va más allá de la nostalgia. Los títulos citados representan distintas maneras de implicar al público: competir, explorar, administrar, resolver problemas o tomar decisiones dentro de un mundo cambiante.

Para un profesional del cine, ese repertorio puede resultar especialmente estimulante. Los videojuegos trabajan con el punto de vista, el ritmo, la tensión, la construcción de mundos y la motivación de los personajes. Aunque una película y un juego emplean lenguajes diferentes, ambos necesitan establecer objetivos claros y mantener la atención del espectador o del jugador.

También existe una diferencia fundamental: el videojuego permite que el público intervenga. Una escena cinematográfica siempre sigue una planificación concreta, mientras que una partida puede desviarse por las decisiones de quien juega. Esa libertad introduce una narrativa más flexible, en la que el sistema y las elecciones individuales tienen tanto peso como el guion.

El legado cultural de los clásicos

La variedad de juegos mencionados confirma que algunos clásicos mantienen su influencia mucho después de su lanzamiento. StarCraft, Doom, Civilization y Myst ayudaron a definir géneros completos, mientras que Valorant representa la continuidad de esas ideas en una industria dominada por la competición online.

El interés de estas obras no depende únicamente de sus gráficos o de la tecnología utilizada. Su permanencia está relacionada con la solidez de sus sistemas, la claridad de sus objetivos y la capacidad para generar experiencias que el jugador recuerda y comparte. En ese sentido, la afición de Affleck sirve como recordatorio de que los videojuegos forman parte de la cultura popular y también de los procesos creativos contemporáneos.

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