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Marcos Esteve convierte el cansancio del campo en una herramienta de inteligencia artificial

Marcos Esteve conoce la agricultura desde dos perspectivas que no siempre avanzan al mismo ritmo: la del trabajo diario sobre el terreno y la de la ingeniería. Al frente de una explotación familiar en Navarra, este agricultor e ingeniero ha creado su propia herramienta de inteligencia artificial para afrontar uno de los problemas menos visibles del sector: el tiempo necesario para interpretar toda la información agronómica que se acumula después de una jornada de trabajo físico.

Su rutina resume bien esa dificultad. “Me voy al campo a las 8:00 y vuelvo a las 22:00”, explica. Cuando termina la parte más exigente de la jornada, todavía queda revisar datos, consultar recomendaciones, analizar incidencias y tomar decisiones que pueden afectar directamente al rendimiento de los cultivos.

La solución nació, por tanto, de una necesidad personal. Esteve no buscaba experimentar con la inteligencia artificial por simple curiosidad tecnológica, sino encontrar una forma de reducir la carga de trabajo asociada a la gestión de la explotación. Con el tiempo, esa herramienta dejó de ser un recurso propio y empezó a tomar forma como un proyecto empresarial de software.

Del trabajo físico al análisis agronómico

La agricultura moderna genera una cantidad creciente de información. Datos meteorológicos, previsiones, características del suelo, necesidades de riego, evolución de los cultivos y alertas fitosanitarias forman parte de la actividad cotidiana de muchas explotaciones. El reto no consiste únicamente en acceder a esos datos, sino en entenderlos y convertirlos en decisiones útiles.

Para un agricultor que pasa buena parte del día trabajando en el campo, esa segunda fase puede convertirse en una jornada adicional. Las herramientas digitales han ampliado las posibilidades de análisis, pero también han multiplicado las fuentes de información y la complejidad de su interpretación.

La propuesta de Esteve parte de una idea sencilla: la tecnología debe ahorrar tiempo al agricultor, no añadir otra capa de trabajo. Su herramienta de IA pretende facilitar la consulta y la interpretación de información agronómica, con un enfoque más cercano a una conversación que a la navegación por múltiples plataformas y documentos.

Una tecnología diseñada desde la explotación

Uno de los elementos diferenciales del proyecto es que la herramienta se ha desarrollado desde la experiencia directa de una explotación familiar. Esa posición permite identificar problemas concretos que pueden pasar desapercibidos cuando el software se diseña únicamente desde una perspectiva tecnológica.

La pregunta no es solo qué datos existen, sino cuáles necesita realmente el agricultor en cada momento. También importa cómo recibe la información, cuánto tiempo tarda en comprenderla y si las respuestas se adaptan al contexto de su parcela, sus cultivos y las condiciones de la campaña.

En este sentido, la inteligencia artificial puede actuar como una capa de interpretación. En lugar de obligar al usuario a revisar información dispersa, el sistema puede ayudarle a localizar los aspectos relevantes, resumirlos y plantear posibles líneas de actuación. La decisión final, sin embargo, continúa dependiendo del conocimiento y del criterio del profesional del campo.

La oportunidad de la IA en el sector agrícola

La llegada de la inteligencia artificial al entorno rural se suma a otras tecnologías que ya están transformando la agricultura, como los sensores, las estaciones meteorológicas, los sistemas de teledetección y las plataformas de gestión de cultivos. Todas ellas pueden mejorar la eficiencia, pero su utilidad depende de que sean accesibles y fáciles de integrar en la rutina diaria.

El caso de Esteve pone el foco en una necesidad concreta: reducir la distancia entre la información disponible y la acción. Un agricultor puede tener acceso a numerosos indicadores, pero si debe dedicar horas a compararlos y entenderlos al final de una jornada agotadora, parte del valor de esa tecnología se pierde.

Además, la automatización del análisis puede ser especialmente relevante para las explotaciones familiares, que a menudo trabajan con equipos reducidos y deben asumir múltiples funciones. En estos negocios, cada hora dedicada a tareas administrativas o de interpretación es una hora que no se puede destinar a otras labores de la explotación.

De herramienta personal a negocio de software

Lo que comenzó como una respuesta a una dificultad cotidiana ha evolucionado hacia un proyecto empresarial. Este paso refleja una tendencia cada vez más habitual en el ámbito tecnológico: profesionales de sectores tradicionales que crean soluciones digitales a partir de problemas que conocen de primera mano.

La experiencia de Esteve como agricultor le permite detectar las limitaciones del día a día, mientras que su formación como ingeniero facilita la construcción de una herramienta capaz de abordarlas. Esa combinación puede ayudar a evitar uno de los riesgos frecuentes del software agrícola: desarrollar productos técnicamente avanzados, pero alejados de las prioridades reales de quienes trabajan sobre el terreno.

El desafío ahora será demostrar que la solución puede adaptarse a distintos cultivos, explotaciones y niveles de digitalización. También tendrá que ofrecer información fiable, explicar con claridad sus respuestas y mantener siempre al profesional en el centro del proceso de decisión.

Menos tiempo frente a la pantalla, más atención al campo

La historia de Marcos Esteve muestra que la innovación no siempre nace en un laboratorio. En ocasiones surge al final de una jornada larga, cuando todavía quedan datos por revisar y decisiones por tomar. Su herramienta de inteligencia artificial busca responder a una preocupación muy concreta: que la tecnología permita trabajar mejor sin obligar a prolongar aún más la jornada.

Para el sector agrícola, ese enfoque resulta especialmente relevante. La digitalización solo tendrá un impacto real si consigue integrarse en el ritmo de las explotaciones y liberar tiempo para sus responsables. En Navarra, la combinación de experiencia agraria e ingeniería ha dado lugar a una iniciativa que aspira precisamente a eso: convertir la información en una ayuda práctica y no en otra tarea pendiente.

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