Rusia equipa los drones Geran-4 y Geran-5 con tecnología de misiles de crucero para superar las defensas ucranianas
Rusia está incorporando nuevas capacidades de navegación a sus drones de ataque Geran-4 y Geran-5, dos plataformas cuyo coste estimado ronda los 50.000 dólares por unidad. El objetivo es reducir su dependencia de los sistemas de posicionamiento por satélite y dificultar la respuesta de las defensas aéreas de Ucrania.
La principal novedad es la integración de Susanin, un sistema óptico capaz de orientarse mediante la comparación de imágenes del terreno con mapas almacenados previamente. Esta tecnología, asociada hasta ahora a determinados misiles de crucero, permitiría a los drones mantener una ruta incluso en entornos donde las señales de navegación hayan sido bloqueadas o alteradas.
Una navegación basada en el reconocimiento del terreno
Susanin funciona a partir de una lógica similar a la navegación por referencias visuales. Durante el vuelo, los sensores del dron captan elementos del paisaje, como carreteras, ríos, núcleos urbanos o cambios en la orografía. El sistema contrasta esas imágenes con una base de datos cartográfica y calcula la posición más probable del aparato.
Esta capacidad resulta especialmente relevante en un escenario marcado por la guerra electrónica. Tanto Rusia como Ucrania utilizan equipos destinados a interferir las señales de los sistemas globales de navegación por satélite. Cuando un dron pierde esa referencia, puede desviarse, caer o no alcanzar el objetivo previsto.
La navegación óptica no elimina por completo esas vulnerabilidades, pero añade una vía de respaldo. En teoría, un Geran equipado con Susanin podría continuar el vuelo siguiendo las características del terreno, aunque encontrase interferencias sobre las señales de geolocalización.
De los drones de bajo coste a plataformas más sofisticadas
La familia Geran se ha convertido en una de las herramientas habituales de Rusia para llevar a cabo ataques de largo alcance. Sus modelos anteriores se han utilizado en oleadas, con la intención de saturar las defensas aéreas y obligar al adversario a emplear misiles interceptores de mayor precio.
La llegada de los Geran-4 y Geran-5 apunta a una evolución de ese concepto. Aunque siguen siendo drones de ataque, la incorporación de sensores ópticos, mapas digitales y algoritmos de navegación más avanzados los acerca a sistemas no tripulados con un mayor grado de autonomía.
El coste estimado de 50.000 dólares continúa siendo inferior al de muchos misiles de defensa aérea. Esa diferencia económica es uno de los factores que explican el interés por los drones de largo alcance: una oleada puede obligar a las defensas a tomar decisiones complejas sobre qué amenazas interceptar y con qué armamento.
El reto para la defensa aérea de Ucrania
Para Ucrania, este tipo de mejora complica una respuesta que ya debe hacer frente a ataques combinados. La detección por radar, la interferencia electrónica y los interceptores convencionales forman parte de una arquitectura defensiva que necesita adaptarse continuamente a los cambios introducidos en los drones rusos.
Un aparato capaz de navegar sin depender exclusivamente del GPS puede ser más difícil de desviar mediante interferencias. Además, el vuelo a baja altura, una característica frecuente en este tipo de plataformas, puede reducir el tiempo disponible para detectarlo y reaccionar antes de que llegue a su objetivo.
Sin embargo, la navegación óptica también presenta limitaciones. La eficacia del sistema depende de la calidad de las imágenes, de la precisión de los mapas y de la visibilidad del terreno. La niebla, el humo, la oscuridad o los cambios provocados por los combates pueden dificultar la identificación de referencias visuales.
Una tendencia que también afecta a otros conflictos
La integración de tecnología de misiles de crucero en drones refleja una tendencia más amplia: convertir plataformas relativamente económicas en armas con mayor autonomía y resistencia frente a las contramedidas. La inteligencia artificial, la visión por computador y las bases de datos geográficas están ganando peso en el diseño de estos sistemas.
El desarrollo de los Geran-4 y Geran-5 también muestra cómo la guerra electrónica está impulsando una carrera tecnológica. Cada mejora destinada a bloquear la navegación genera nuevas soluciones para mantener el control de los aparatos, desde sistemas inerciales hasta sensores ópticos y métodos de reconocimiento del terreno.
Por ahora, la incorporación de Susanin no significa que los drones sean inmunes a las defensas ucranianas. Sí indica, no obstante, que Rusia busca hacer sus ataques más difíciles de neutralizar y aumentar la presión sobre una red defensiva obligada a proteger un territorio extenso frente a amenazas cada vez más autónomas.



