
Las 5.000 entrevistas que pueden poner a prueba a Tezanos el 29-N
El Centro de Investigaciones Sociológicas afronta la cita del 29-N bajo una presión añadida: sus estimaciones volverán a medirse con las urnas. En el centro del debate están las cerca de 5.000 entrevistas realizadas para elaborar el pronóstico, una muestra amplia que, sobre el papel, debería ofrecer una fotografía sólida del electorado.
Sin embargo, el tamaño de una encuesta no basta para despejar las dudas que arrastra el CIS desde hace años. La dirección del organismo, encabezada por José Félix Tezanos, ha sido cuestionada de forma recurrente por sus previsiones y por la supuesta tendencia a sobreestimar las opciones del PSOE, el partido del que Tezanos formó parte antes de asumir la presidencia del centro demoscópico.
Un resultado que puede marcar un antes y un después
La jornada del 29-N servirá para comprobar hasta qué punto las estimaciones del CIS se ajustan al comportamiento real de los votantes. Si el resultado final se aleja de forma significativa de sus cálculos, las críticas contra Tezanos ganarán fuerza. Si, por el contrario, el pronóstico se aproxima a las urnas, el organismo podrá defender la utilidad de su metodología.
La clave no estará únicamente en acertar quién gana. También se analizará la distribución de escaños, la distancia entre los principales partidos y la capacidad de la encuesta para detectar los cambios de última hora. En sistemas electorales con circunscripciones y márgenes estrechos, pequeños errores en la estimación pueden traducirse en diferencias importantes en la representación.
Las 5.000 entrevistas ofrecen un volumen de datos superior al de muchos sondeos privados, pero no eliminan todos los riesgos. La selección de la muestra, la participación prevista, el voto oculto, la indecisión y el tratamiento de quienes no responden pueden alterar el resultado final. La llamada cocina electoral, es decir, la interpretación de las respuestas, continúa siendo uno de los puntos más discutidos.
La polémica por la etapa de Tezanos
El debate sobre el CIS se intensificó en el verano de 2018, cuando Tezanos dejó la Ejecutiva del PSOE para ponerse al frente del organismo. Su nombramiento fue uno de los primeros que realizó Pedro Sánchez después de la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy del Gobierno.
Desde entonces, sus barómetros han sido objeto de críticas por parte de partidos de la oposición, expertos y antiguos responsables de la demoscopia pública. El reproche más repetido sostiene que el CIS ha otorgado al PSOE unas expectativas electorales superiores a las que después reflejaban otros estudios y, en ocasiones, los resultados de las urnas.
Los defensores de Tezanos responden que el centro trabaja con una metodología propia y que las encuestas no son predicciones exactas, sino fotografías tomadas en un momento concreto. También recuerdan que los cambios en la participación, la movilización de los indecisos o los acontecimientos registrados durante una campaña pueden modificar las tendencias en pocos días.
El tamaño de la muestra no garantiza el acierto
Una encuesta de 5.000 entrevistas puede reducir el margen de error estadístico, pero no evita por sí sola los sesgos. La calidad del resultado depende de cómo se distribuyen esas entrevistas, de si representan correctamente al conjunto del electorado y de las hipótesis aplicadas para convertir las respuestas en una previsión de voto.
En este punto se concentra buena parte de la discusión. Un sondeo puede recoger con precisión la intención directa de voto y, aun así, ofrecer una estimación final discutible si la ponderación de los datos no refleja el comportamiento probable de cada grupo. La participación es especialmente determinante: no votan con la misma intensidad todos los electorados ni en todas las convocatorias.
La respuesta llegará con el escrutinio
El 29-N permitirá comparar la predicción con el resultado sin interpretaciones intermedias. El análisis tendrá en cuenta tanto los aciertos como la magnitud de las desviaciones. No será lo mismo fallar por unos pocos puntos en un escenario muy ajustado que situar a un partido claramente por encima o por debajo de sus posibilidades reales.
Por eso, las 5.000 entrevistas pueden convertirse en un respaldo para el CIS o en un nuevo argumento contra su presidente. El organismo dispone de una muestra suficientemente amplia para defender su trabajo, pero también quedará expuesto a una exigencia mayor: cuanto más ambiciosa sea la encuesta, más difícil será justificar una distancia considerable entre el pronóstico y las urnas.
La controversia, en cualquier caso, no terminará con el recuento. El debate sobre la independencia del CIS, la metodología de sus estudios y el papel de Tezanos seguirá presente mientras sus barómetros continúen siendo utilizados como referencia en la política española.



