Dos de cada tres españoles conviven con una enfermedad crónica y empeora la percepción de salud
La salud de la población española muestra señales de deterioro. Dos de cada tres personas declaran tener al menos una enfermedad crónica, mientras que la valoración positiva del propio estado de salud ha caído casi seis puntos en los últimos dos años. El empeoramiento se percibe especialmente entre las personas mayores, un grupo cada vez más numeroso y con una mayor carga de problemas de salud.
La percepción que tiene la ciudadanía sobre su bienestar es un indicador relevante, aunque no sustituye a los diagnósticos médicos. Refleja cómo influyen el dolor, las limitaciones para realizar actividades cotidianas, el cansancio, la dependencia o la preocupación por la evolución de una enfermedad. También puede estar condicionada por factores sociales, económicos y emocionales.
Las enfermedades crónicas ganan peso
Las patologías crónicas son aquellas que persisten durante largos periodos y requieren seguimiento, tratamiento o cambios en los hábitos de vida. Entre ellas se encuentran la hipertensión, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, los problemas respiratorios, la artrosis y otras dolencias musculoesqueléticas.
Su presencia aumenta con la edad, pero no afecta únicamente a los mayores. El sedentarismo, la obesidad, el consumo de tabaco y alcohol, una alimentación desequilibrada y determinadas condiciones laborales pueden favorecer su aparición o empeorar su evolución.
La convivencia con varias enfermedades a la vez, conocida como multimorbilidad, plantea una dificultad adicional. Estos pacientes suelen necesitar más consultas, tratamientos simultáneos y coordinación entre distintos profesionales sanitarios. Además, pueden encontrar más obstáculos para mantener su autonomía y participar en actividades sociales.
La valoración de la salud cae casi seis puntos
La percepción positiva de la salud ha descendido casi seis puntos en apenas dos años. Este retroceso indica que menos personas consideran que su estado físico y mental es bueno o muy bueno. El dato resulta especialmente significativo porque la percepción personal permite detectar problemas que no siempre aparecen reflejados en las estadísticas de enfermedades diagnosticadas.
Una persona puede tener una dolencia controlada y, sin embargo, sentirse limitada por el dolor, los efectos secundarios de la medicación o la incertidumbre sobre el futuro. Del mismo modo, la falta de descanso, la soledad o las dificultades económicas pueden influir directamente en cómo se valora la propia salud.
El impacto en las personas mayores
En las edades avanzadas, la salud suele estar más vinculada a la capacidad para desenvolverse en el día a día que a la ausencia total de enfermedades. Poder caminar, asearse, preparar la comida, acudir a una cita médica o mantener relaciones sociales son aspectos esenciales para conservar la calidad de vida.
Cuando aparecen varias patologías o disminuye la movilidad, aumenta el riesgo de dependencia. También puede crecer la necesidad de apoyo familiar, ayuda a domicilio o recursos sociosanitarios. Por este motivo, el envejecimiento de la población exige reforzar la atención continuada y no limitarse a tratar episodios agudos.
Más prevención y seguimiento desde la atención primaria
La atención primaria ocupa un papel central en la prevención y el control de las enfermedades crónicas. El seguimiento periódico permite detectar factores de riesgo, revisar los tratamientos y ayudar al paciente a incorporar hábitos saludables de forma realista.
La prevención no consiste únicamente en recomendar ejercicio o una dieta equilibrada. También implica facilitar el acceso a revisiones, promover la vacunación, detectar problemas de salud mental y adaptar las indicaciones a la edad, la situación económica y las capacidades de cada persona.
- Realizar controles médicos cuando estén indicados.
- Mantener una actividad física adaptada a las posibilidades individuales.
- Seguir una alimentación variada y limitar el consumo de productos ultraprocesados.
- No fumar y moderar el consumo de alcohol.
- Consultar ante síntomas persistentes o cambios relevantes en el estado de ánimo.
- Revisar periódicamente la medicación, especialmente cuando se toman varios fármacos.
Una respuesta sanitaria y social
El aumento de las enfermedades crónicas no puede abordarse únicamente desde las consultas médicas. La salud también depende de la vivienda, los ingresos, la red de apoyo, el entorno urbano y la posibilidad de acceder a alimentos saludables o espacios seguros para hacer ejercicio.
Por ello, los expertos en salud pública defienden una respuesta coordinada entre los servicios sanitarios y sociales. La atención domiciliaria, los programas de envejecimiento activo, la rehabilitación y el apoyo a las personas cuidadoras pueden ayudar a prevenir el deterioro y mantener la autonomía durante más tiempo.
Los datos dibujan, en conjunto, una sociedad con más años de vida, pero también con una mayor presencia de enfermedades de larga duración. Mejorar la salud de los españoles requerirá reforzar la prevención, garantizar un seguimiento cercano y colocar la calidad de vida en el centro de la atención sanitaria.



