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Colesterol y salud cardiovascular: por qué conviene mantenerlo bajo control

El colesterol es una sustancia necesaria para el funcionamiento del organismo, pero cuando se acumula en exceso puede convertirse en un importante factor de riesgo cardiovascular. Sus niveles elevados, especialmente los del colesterol LDL, favorecen la formación de placas en las arterias y aumentan la probabilidad de sufrir un infarto, un ictus u otras enfermedades circulatorias.

El problema es que el colesterol alto suele no causar síntomas. Muchas personas descubren que tienen una alteración en la analítica después de años sin notar ninguna señal. Por eso, conocer los niveles de colesterol y revisar el riesgo cardiovascular de forma periódica resulta esencial, sobre todo a partir de la edad adulta o cuando existen antecedentes familiares.

Qué es el colesterol y qué tipos existen

El colesterol es un lípido que interviene en la fabricación de hormonas, vitamina D y sustancias necesarias para la digestión. El organismo produce una parte en el hígado y el resto procede de algunos alimentos. Para circular por la sangre necesita unirse a proteínas, formando unas partículas llamadas lipoproteínas.

  • Colesterol LDL: conocido popularmente como colesterol malo. Cuando está elevado, puede depositarse en las paredes arteriales y contribuir al estrechamiento de los vasos sanguíneos.
  • Colesterol HDL: ayuda a transportar parte del colesterol hacia el hígado para su eliminación. Se suele denominar colesterol bueno, aunque su valor debe interpretarse junto con el resto de factores de riesgo.
  • Triglicéridos: son otro tipo de grasa presente en la sangre. Unos niveles altos también se relacionan con un mayor riesgo cardiovascular, especialmente cuando coinciden con obesidad, diabetes o colesterol LDL elevado.

Cómo afecta a las arterias

Cuando existe un exceso de colesterol LDL, puede penetrar en la pared interna de las arterias. Con el tiempo, el organismo responde generando un proceso inflamatorio que facilita la aparición de placas de ateroma. Estas lesiones pueden endurecer y estrechar las arterias, dificultando el paso de la sangre.

La aterosclerosis puede avanzar durante años sin síntomas. Sin embargo, si una placa se rompe, puede formarse un coágulo que bloquee la circulación. Si afecta a las arterias del corazón, puede provocar un infarto. Si interrumpe el flujo sanguíneo hacia el cerebro, puede desencadenar un ictus.

El riesgo no depende únicamente de una cifra concreta. Los profesionales sanitarios valoran el nivel de LDL junto con la edad, la tensión arterial, el tabaquismo, la diabetes, el peso, los antecedentes familiares y la existencia de enfermedades cardiovasculares previas.

Cuándo conviene hacerse una analítica

La única forma de detectar una alteración del colesterol es realizar un análisis de sangre. La frecuencia de los controles depende de la situación de cada persona. Puede ser necesario hacer revisiones más habituales cuando hay antecedentes familiares de hipercolesterolemia, enfermedad cardiovascular precoz, diabetes, hipertensión o enfermedad renal.

También deben prestar especial atención quienes siguen una dieta poco equilibrada, llevan una vida sedentaria o han aumentado de peso. En algunos casos, un colesterol muy elevado puede tener un componente hereditario y requerir una valoración médica específica, incluso aunque la persona sea joven.

Medidas para proteger la salud cardiovascular

Los cambios en el estilo de vida pueden ayudar a mejorar el perfil lipídico y reducir el riesgo cardiovascular. No sustituyen al tratamiento indicado por un médico, pero forman parte de la prevención y del control a largo plazo.

  • Seguir una alimentación equilibrada: conviene priorizar frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y pescado, y reducir las grasas saturadas presentes en carnes grasas, embutidos, mantequilla y algunos productos ultraprocesados.
  • Practicar actividad física: caminar a buen ritmo, montar en bicicleta, nadar o realizar otros ejercicios de forma regular favorece la salud del corazón y ayuda a controlar el peso.
  • No fumar: el tabaco daña las arterias y multiplica el efecto negativo de otros factores de riesgo.
  • Limitar el alcohol: su consumo puede contribuir al aumento de los triglicéridos y dificultar el control del peso y la tensión arterial.
  • Controlar la tensión y la glucosa: la hipertensión y la diabetes aceleran el deterioro de los vasos sanguíneos cuando no están bien tratadas.

Cuándo pueden ser necesarios los medicamentos

En algunas personas, los hábitos saludables no son suficientes para alcanzar los objetivos de colesterol. También puede ser necesario iniciar tratamiento si el riesgo cardiovascular es elevado, existe enfermedad arterial, se ha sufrido un infarto o hay una alteración hereditaria.

Las estatinas son uno de los tratamientos más utilizados para reducir el colesterol LDL. El médico puede valorar otros fármacos según la respuesta, la tolerancia y las características de cada paciente. Es importante no suspender ni modificar la medicación por cuenta propia, aunque no existan síntomas.

La prevención empieza antes de que aparezcan los síntomas

Mantener el colesterol bajo control no significa eliminar por completo las grasas de la dieta ni perseguir una cifra idéntica para todo el mundo. Los objetivos deben adaptarse al riesgo individual y revisarse con un profesional sanitario.

Una analítica periódica, una alimentación saludable, ejercicio regular y el abandono del tabaco constituyen herramientas eficaces para proteger el corazón y el cerebro. Detectar a tiempo el colesterol elevado permite actuar antes de que la enfermedad cardiovascular cause daños difíciles de revertir.

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