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María Garaña: la tecnología será una commodity y la ventaja estará en cómo se utiliza

La tecnología dejará de ser, por sí sola, un elemento diferencial para las empresas. En un escenario marcado por la inteligencia artificial, la automatización y el acceso cada vez más sencillo a herramientas avanzadas, la ventaja competitiva dependerá de la capacidad para rediseñar procesos, proteger los activos intangibles y contar con profesionales capaces de adaptarse.

Esta es una de las principales conclusiones que defiende María Garaña, CEO de ClarkeModet, quien considera que la propiedad intelectual seguirá teniendo un papel decisivo en la economía digital. Patentes, marcas, algoritmos y bases de datos son activos que pueden valorarse, negociarse y convertirse en una fuente directa de crecimiento.

La inteligencia artificial reabre el debate sobre la autoría

La expansión de la inteligencia artificial también está obligando a revisar los límites de la protección jurídica. Un tribunal de Múnich determinó el pasado febrero que una imagen generada mediante IA solo puede quedar protegida cuando las decisiones creativas humanas han sido suficientemente relevantes para determinar el resultado final.

El criterio sitúa el foco en el grado de control y de aportación creativa ejercido por la persona que utiliza la herramienta. No basta, por tanto, con introducir una instrucción y obtener una imagen: será necesario analizar hasta qué punto existe una intervención humana original y demostrable.

La dificultad está precisamente en establecer dónde se encuentra esa frontera. Garaña confía en que la jurisprudencia europea contribuya a fijar criterios más homogéneos para empresas, creadores y titulares de derechos. Mientras tanto, la incertidumbre puede complicar la explotación comercial de contenidos creados con sistemas generativos.

La propiedad intelectual sigue siendo un activo estratégico

Frente a quienes creen que la inteligencia artificial puede diluir el valor de la propiedad intelectual, la directiva sostiene que su importancia permanece intacta. Las compañías con mayor capitalización bursátil continúan apoyándose en activos intangibles que generan ingresos, protegen posiciones de mercado y elevan su valoración.

Una patente puede blindar una tecnología; una marca, consolidar la relación con los clientes; un algoritmo, mejorar la eficiencia; y un conjunto de datos, aportar una ventaja difícil de replicar. Todos ellos forman parte de un patrimonio empresarial que debe gestionarse con la misma atención que las instalaciones, los equipos o las inversiones financieras.

ClarkeModet, firma fundada en 1879, cuenta actualmente con 24.000 clientes en todo el mundo y una facturación de 75 millones de euros. Su trayectoria está vinculada a la protección de innovaciones desde los primeros años de la industrialización, cuando la empresa llegó a gestionar patentes de inventores como Thomas Alva Edison y Guillermo Marconi.

España aún no convierte suficiente innovación en negocio

El reto para España no consiste únicamente en investigar o registrar más, sino en transformar la innovación en valor económico real. Muchas empresas protegen mejor su investigación y desarrollo, pero todavía les cuesta incorporar esos activos a la estrategia corporativa, al balance y a las negociaciones con inversores o socios.

Según Garaña, menos de un tercio de las patentes españolas llega a explotarse con éxito. El dato refleja una brecha entre la capacidad para generar conocimiento y la habilidad para convertirlo en productos, servicios o modelos de negocio rentables.

La gestión de la propiedad industrial debería comenzar desde las primeras fases de un proyecto. Identificar qué se debe proteger, quién posee los derechos y cómo puede licenciarse una tecnología resulta esencial para evitar que la innovación termine beneficiando a competidores o quede infrautilizada.

La comparación internacional evidencia además el margen de mejora. Más del 60% de las solicitudes de patentes tecnológicas que se presentan en Europa proceden de Asia y Estados Unidos. España registra 45,9 solicitudes de patente europea por cada millón de habitantes, frente a las 293 de Alemania, las 388 de Países Bajos, las 446 de Suecia y las 613 de Finlandia.

La diferencia estará en las personas y los procesos

En este contexto, la tecnología tenderá a convertirse en una herramienta disponible para casi todos. Las empresas podrán acceder a soluciones similares de inteligencia artificial, análisis de datos o automatización, por lo que la mera adopción de estas tecnologías ya no garantizará una posición diferenciada.

La ventaja dependerá de cómo se integren en la organización. Rediseñar procesos, conocer mejor al cliente, reducir costes y proteger los resultados de la innovación serán factores más determinantes que acumular herramientas o incrementar los niveles de uso.

La experiencia profesional de Garaña en compañías como Microsoft, Google y Adobe le ha permitido trabajar en distintos mercados y entornos competitivos. Desde esa perspectiva, sitúa la persistencia y la capacidad de cambio entre las cualidades más importantes para afrontar la transformación empresarial.

También reclama medir el impacto de la tecnología en la cuenta de resultados y no solo a través de indicadores de actividad, adopción o número de usuarios. La pregunta clave, sostiene, debe ser si la inversión permite vender más, gastar menos y mejorar la satisfacción de los clientes.

La transformación digital entra así en una fase menos centrada en incorporar novedades y más enfocada a generar valor. En ese escenario, la propiedad intelectual, el talento y la capacidad de adaptar la organización serán los elementos que permitan convertir la tecnología en una ventaja empresarial duradera.

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