Begoña García reclama que la tecnología llegue a todas las explotaciones agrarias
La innovación aplicada al campo debe estar al alcance de cualquier explotación agraria, con independencia de su tamaño, ubicación o capacidad de inversión. Esta es la principal reivindicación trasladada por Begoña García, que ha defendido la necesidad de extender las herramientas tecnológicas a todo el sector agroalimentario.
La petición sitúa la digitalización como una pieza clave para mejorar la competitividad, la eficiencia y la sostenibilidad de la agricultura y la ganadería. El objetivo no pasa únicamente por impulsar proyectos avanzados, sino por conseguir que sus beneficios sean accesibles también para las pequeñas y medianas explotaciones.
Una tecnología útil para el día a día del campo
La incorporación de tecnología puede ayudar a los profesionales agrarios a tomar mejores decisiones y a optimizar recursos como el agua, la energía, los fertilizantes o los productos fitosanitarios. Sensores, sistemas de monitorización, plataformas de gestión y herramientas de análisis de datos ya forman parte de la transformación que vive el sector.
Estas soluciones permiten conocer con mayor precisión el estado de los cultivos, anticipar necesidades y detectar posibles problemas antes de que afecten a la producción. En la ganadería, la digitalización también puede facilitar el seguimiento de los animales, el control sanitario y la gestión de las explotaciones.
Sin embargo, la tecnología no puede convertirse en una barrera adicional para quienes trabajan en el medio rural. El coste de los equipos, la falta de conectividad en determinadas zonas y la ausencia de formación especializada siguen dificultando el acceso a la innovación.
El reto de reducir la brecha digital agraria
La transformación tecnológica del campo requiere algo más que desarrollar nuevas aplicaciones o dispositivos. También es necesario garantizar que las explotaciones dispongan de conexión a internet, asesoramiento y conocimientos suficientes para utilizar estas herramientas de forma eficaz.
En este sentido, la reclamación de García pone el foco en una cuestión central: la innovación debe ser inclusiva. Si solo llega a las empresas con más recursos, puede ampliar las diferencias dentro del propio sector agrario y dejar atrás a buena parte del tejido productivo.
La formación tendrá un papel determinante. Agricultores y ganaderos necesitan soluciones sencillas, interoperables y adaptadas a sus necesidades reales, además de acompañamiento para incorporarlas a la actividad diaria. La tecnología debe servir para simplificar procesos, no para añadir complejidad administrativa.
Catalunya, referente en investigación agroalimentaria
Begoña García también ha destacado el liderazgo de Catalunya en investigación agroalimentaria. La comunidad cuenta con capacidades científicas y tecnológicas que pueden contribuir a modernizar la producción, mejorar la gestión de los recursos y responder a los desafíos que afronta el sector.
La investigación aplicada resulta especialmente relevante en un escenario marcado por la necesidad de producir de forma más eficiente y sostenible. El cambio climático, la disponibilidad de agua, la evolución de los costes y la exigencia de reducir el impacto ambiental obligan a buscar nuevas respuestas.
La colaboración entre centros de investigación, universidades, empresas tecnológicas y explotaciones agrarias puede acelerar la llegada de esas soluciones al terreno. Para ello, los avances científicos deben traducirse en herramientas prácticas, asequibles y fácilmente integrables en las rutinas de trabajo.
De los laboratorios a las explotaciones
Uno de los principales desafíos consiste en acortar la distancia entre la investigación y el campo. Una innovación puede ser técnicamente prometedora, pero perder utilidad si no tiene en cuenta las dimensiones de cada explotación, sus recursos disponibles o las particularidades de cada territorio.
La transferencia de conocimiento debe permitir que los resultados de la investigación lleguen a agricultores y ganaderos mediante proyectos demostrativos, asesoramiento y redes de colaboración. También será importante evaluar el impacto real de cada herramienta antes de extenderla a gran escala.
- Mejorar la conectividad en las zonas rurales.
- Facilitar el acceso a soluciones digitales asequibles.
- Reforzar la formación tecnológica de agricultores y ganaderos.
- Impulsar la cooperación entre investigación, empresas y sector agrario.
- Adaptar la innovación a explotaciones de distintos tamaños y modelos productivos.
Una transformación con impacto económico y ambiental
La digitalización puede convertirse en una herramienta para reforzar la viabilidad económica del campo. Una gestión más precisa ayuda a reducir desperdicios, ajustar consumos y mejorar la planificación de las campañas. También puede aportar información útil para conocer mejor la evolución de los mercados y organizar la producción.
Al mismo tiempo, el uso adecuado de los datos y de los sistemas de precisión puede contribuir a disminuir la presión sobre los recursos naturales. Optimizar el riego, aplicar tratamientos de manera localizada o controlar el consumo energético son algunas de las vías para avanzar hacia modelos más sostenibles.
El mensaje de Begoña García apunta, por tanto, a una prioridad de futuro: hacer que la tecnología sea una aliada de todo el sector agrario. Catalunya parte de una posición destacada en investigación agroalimentaria, pero el verdadero impacto dependerá de su capacidad para convertir ese conocimiento en soluciones accesibles y útiles para las explotaciones.



