Guillermo del Toro reivindica los videojuegos como una forma de arte
Guillermo del Toro ha vuelto a defender el valor artístico de los videojuegos con una afirmación contundente: quien sostiene que este medio no es arte probablemente nunca ha jugado de verdad. El cineasta mexicano considera que las experiencias interactivas reúnen narrativa, música, diseño visual, interpretación y emoción, los mismos elementos que tradicionalmente se reconocen en otras disciplinas creativas.
La discusión sobre si los videojuegos pueden considerarse arte ya no ocupa tantos titulares como hace años, pero continúa apareciendo cada cierto tiempo. Para Del Toro, el debate parte de una premisa equivocada: entender el videojuego únicamente como un producto de entretenimiento y no como un lenguaje con recursos propios.
Una obra que no solo se contempla, también se vive
La principal diferencia frente al cine, la literatura o la pintura está en la interacción. El jugador no se limita a observar una historia, sino que participa en ella, toma decisiones y asume las consecuencias de sus actos. Esa implicación modifica la forma en la que se construyen los vínculos con los personajes y con el mundo representado.
En un videojuego, una escena puede resultar más intensa porque el usuario ha tenido que superar un desafío para llegar hasta ella. Una pérdida puede sentirse distinta cuando las acciones del jugador han contribuido a desencadenarla. La obra, por tanto, no permanece completamente cerrada: se completa mediante la experiencia de cada persona.
El cineasta entiende que esa particularidad no resta valor artístico al medio. Al contrario, amplía sus posibilidades. La dirección artística, el montaje, la iluminación, el sonido, la música y la escritura conviven con la jugabilidad para crear una experiencia que no podría trasladarse sin cambios a una película o a un libro.
Del Toro, un creador estrechamente ligado al videojuego
La opinión de Guillermo del Toro tiene un peso especial por su relación con la cultura del videojuego. El director, guionista y productor mexicano ha expresado en distintas ocasiones su admiración por este medio y por el trabajo de los estudios que son capaces de construir universos complejos y emocionalmente memorables.
Su trayectoria cinematográfica también ayuda a entender esa sensibilidad. Del Toro ha desarrollado buena parte de su obra alrededor de la fantasía, el terror, los monstruos y los mundos imaginarios. Son elementos que el videojuego ha explorado con enorme profundidad, desde grandes producciones hasta propuestas independientes con presupuestos más modestos.
Para muchos jugadores, títulos centrados en la exploración, la narrativa o la creación de atmósferas han demostrado que un videojuego puede provocar miedo, tristeza, asombro o reflexión. La calidad de una obra no depende únicamente de sus gráficos, sino de la manera en que utiliza todas sus herramientas para transmitir algo.
El debate sobre los videojuegos como arte
Durante décadas, parte de la crítica rechazó la consideración artística de los videojuegos por su carácter comercial o por su dependencia de la tecnología. Sin embargo, ese argumento también podría aplicarse a otras industrias culturales. El cine, por ejemplo, necesita cámaras, montaje, efectos especiales y una estructura empresarial para llegar al público, y eso no impide valorar sus méritos artísticos.
La existencia de modelos de negocio, microtransacciones o producciones diseñadas para maximizar el tiempo de juego tampoco elimina la posibilidad de que el medio genere obras relevantes. Del mismo modo que ocurre con la música o la televisión, conviven propuestas puramente comerciales con otras que buscan experimentar, emocionar o plantear preguntas.
Una discusión que ha quedado desfasada
La evolución del sector ha hecho que la pregunta resulte cada vez menos útil. Hoy los videojuegos se estudian en universidades, se conservan en museos y forman parte de exposiciones dedicadas al diseño, la música o la cultura digital. Sus bandas sonoras se interpretan en directo y sus autores reciben reconocimiento en festivales y premios internacionales.
Eso no significa que todos los videojuegos sean obras de arte ni que cualquier producto deba analizarse con los mismos criterios. Significa que el medio dispone de las herramientas necesarias para crear arte y que algunas de sus obras ya han demostrado una ambición estética y narrativa comparable a la de otras expresiones culturales.
La frase de Guillermo del Toro resume una realidad cada vez más aceptada: para juzgar el potencial artístico de los videojuegos es necesario acercarse a ellos sin prejuicios. Jugar no consiste solo en superar niveles. También puede significar explorar una idea, habitar una historia y experimentar emociones de una forma que ningún otro medio ofrece exactamente del mismo modo.



