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Un centro de datos de 27 metros amenaza con cambiar la vida de un barrio a las afueras de París

Una familia de Ballainvilliers, al sur de París, podría acabar viviendo junto a un gigantesco centro de datos capaz de consumir hasta 883 gigavatios hora de electricidad al año. La cifra equivale a más de cuatro veces el consumo eléctrico anual de Disneyland París, según las estimaciones manejadas para el proyecto.

La instalación está promovida por la compañía australiana Goodman y se levantaría sobre una antigua plataforma logística de las editoriales Seuil. El complejo ocuparía una parcela de más de seis hectáreas y, si obtiene todos los permisos, las obras comenzarían a mediados de 2028.

El caso refleja la creciente tensión entre el despliegue de la inteligencia artificial y el impacto físico de las infraestructuras que la hacen posible. Aunque los servicios digitales parecen funcionar en la nube, dependen de enormes edificios llenos de servidores, sistemas eléctricos y equipos de refrigeración.

Un edificio industrial al otro lado de la valla

Ballainvilliers tiene menos de 5.000 habitantes y se encuentra junto a Épinay-sur-Orge, en el departamento de Essonne. Allí, una familia que compró su vivienda hace 26 años contempla ahora la posibilidad de que el terreno situado al fondo de su jardín se convierta en una instalación industrial de gran tamaño.

El proyecto contempla un edificio de 22 metros de altura, aunque sus chimeneas elevarían el conjunto hasta los 27 metros. Sobre la cubierta se instalarían 84 equipos de refrigeración, necesarios para disipar el calor generado por los servidores que procesan y almacenan datos.

El recinto también dispondría de 44 grupos electrógenos de emergencia. Estos generadores permitirían mantener la actividad en caso de cortes de suministro, pero plantean dudas sobre el ruido, las emisiones contaminantes y el almacenamiento de combustible cerca de zonas residenciales.

Una demanda eléctrica superior a la de Disneyland París

La previsión de 883 gigavatios hora anuales representa el consumo máximo estimado si el centro funcionase a plena capacidad. No significa que la instalación esté utilizando actualmente esa cantidad de electricidad, ya que todavía no existe y su construcción ni siquiera cuenta con una autorización definitiva.

Para alimentar el complejo se plantea una doble conexión eléctrica subterránea de nueve kilómetros hasta una subestación de la red francesa RTE situada en Marcoussis. La infraestructura tendría que garantizar un suministro estable para los servidores y para los sistemas de refrigeración, que pueden consumir una parte considerable de la energía total.

En un centro de datos, los servidores son equipos informáticos diseñados para procesar grandes volúmenes de información de forma continua. En el caso de la inteligencia artificial, las cargas de trabajo pueden ser especialmente intensivas porque emplean procesadores especializados para entrenar modelos y generar respuestas, imágenes, vídeos o análisis.

Los vecinos reclaman más garantías ambientales

La oposición vecinal se ha organizado en torno a la Asociación de Épinay-sur-Orge para el Medio Ambiente. La entidad lanzó una petición el 24 de septiembre y ya había reunido más de 1.200 firmas para pedir que el proyecto fuese abandonado.

Las principales preocupaciones están relacionadas con el ruido permanente de los equipos de refrigeración, el funcionamiento ocasional de los generadores y las posibles emisiones asociadas. También se han señalado los riesgos derivados de eventuales fugas de sustancias refrigerantes.

La autoridad ambiental regional francesa, conocida como MRAe, consideró insuficiente el estudio sobre los efectos del proyecto en la salud en un dictamen publicado el 3 de septiembre. El organismo puso el foco, especialmente, en el ruido, las emisiones de los grupos electrógenos y las fugas de productos utilizados en los sistemas de refrigeración.

Goodman sostiene que la instalación deberá cumplir una normativa estricta y permanecerá sometida a la supervisión de las autoridades estatales. La empresa defiende que el proyecto puede aportar actividad económica sin dejar de aplicar medidas para reducir sus efectos sobre el entorno.

La investigación pública comenzará en noviembre

La tramitación incluye una investigación pública prevista entre el 16 de noviembre y el 18 de diciembre de 2026. Durante ese periodo, los ciudadanos podrán consultar la documentación, presentar alegaciones y expresar su opinión sobre la instalación.

La celebración de esta fase no implica que el centro de datos vaya a construirse. Después deberán resolverse las observaciones, completarse los procedimientos administrativos y obtenerse las autorizaciones correspondientes. Los vecinos preparan sus alegaciones con la intención de que se revisen el tamaño y el impacto del complejo.

Isla de Francia concentra ya cientos de proyectos

El conflicto de Ballainvilliers se enmarca en una expansión mucho más amplia de los centros de datos en la región de Isla de Francia. El territorio concentra 213 instalaciones existentes o proyectadas, distribuidas en 139 emplazamientos.

Essonne resulta especialmente atractiva para los operadores por la disponibilidad de suelo, la proximidad de París, la densidad de las redes de fibra óptica y el acceso a conexiones eléctricas de alta tensión. Antiguas plataformas logísticas e industriales están siendo reconvertidas para alojar infraestructuras digitales.

El auge de la inteligencia artificial está acelerando esta tendencia. En Marcoussis, Data4 cuenta con un campus con 250 megavatios de potencia, mientras que el futuro Campus IA de Fouju contempla una capacidad superior a 1,4 gigavatios. Estas cifras muestran la presión que los nuevos servicios de IA ejercen sobre las redes eléctricas.

Empleo, servicios y reutilización del calor

El municipio también podría obtener beneficios del proyecto. Goodman ha anunciado cerca de 100 empleos, la cesión de una parcela para construir un centro sanitario y dependencias municipales, además de la posible reutilización del calor producido por los servidores en instalaciones agrícolas cercanas.

La recuperación de calor consiste en aprovechar la energía térmica que normalmente se expulsa al exterior durante la refrigeración. En teoría, puede servir para calentar edificios, invernaderos u otras instalaciones, aunque su viabilidad depende de la distancia, la infraestructura disponible y la continuidad del suministro.

Los vecinos cuestionan si esas compensaciones serán suficientes para equilibrar las molestias que soportaría el entorno inmediato. El debate resume uno de los grandes retos tecnológicos de los próximos años: la inteligencia artificial necesita cada vez más capacidad de cálculo, pero también más electricidad, agua, suelo y redes eléctricas. La cuestión ya no es solo qué puede hacer la IA, sino dónde y a qué precio se construirán las instalaciones que la sostienen.

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