La inteligencia artificial podría desplazar a 15 millones de trabajadores en Estados Unidos durante la próxima década
La expansión de la inteligencia artificial generativa podría transformar de forma profunda el mercado laboral estadounidense. Un análisis de Goldman Sachs estima que alrededor de 15 millones de trabajadores a tiempo completo podrían verse desplazados en Estados Unidos durante los próximos diez años si las empresas adoptan estas herramientas al ritmo previsto.
La cifra no implica necesariamente que todas esas personas vayan a quedarse sin empleo de forma permanente. El informe diferencia entre la sustitución completa de puestos de trabajo y la automatización de una parte de las tareas que actualmente realizan los empleados. En muchos casos, la IA podría asumir funciones concretas y modificar el contenido de los puestos, en lugar de eliminarlos por completo.
La automatización se concentrará en tareas repetitivas
El impacto será especialmente visible en los empleos con procesos rutinarios, predecibles y basados en el tratamiento de información. La generación de documentos, la clasificación de datos, la atención básica al cliente o la elaboración de informes son algunas de las actividades que ya pueden realizarse, al menos parcialmente, con sistemas de IA.
Los trabajos administrativos y de oficina aparecen entre los más expuestos. También podrían experimentar cambios relevantes determinados perfiles de los sectores financiero, jurídico, comercial, asegurador y tecnológico. En estos ámbitos, la inteligencia artificial puede analizar grandes volúmenes de información en pocos segundos y producir resultados que antes requerían varias horas de trabajo.
Sin embargo, la exposición a la automatización no significa que un puesto vaya a desaparecer de inmediato. Un profesional puede seguir siendo necesario para supervisar los resultados, tomar decisiones, tratar con clientes o asumir responsabilidades que una herramienta no puede garantizar por sí sola.
La productividad será uno de los principales efectos
Además de calcular cuántos empleos podrían verse afectados, el análisis destaca el potencial de la IA para elevar la productividad. Las compañías podrían completar tareas con mayor rapidez, reducir costes operativos y dedicar más recursos a actividades de mayor valor añadido.
Esta mejora podría impulsar la economía estadounidense, aunque sus beneficios no se repartirían necesariamente de manera uniforme. Las empresas con acceso a mejores datos, capacidad de inversión y personal especializado tendrían más posibilidades de aprovechar la tecnología. En cambio, los negocios pequeños podrían encontrar mayores dificultades para integrarla.
La experiencia de anteriores procesos de automatización apunta a que la desaparición de determinadas funciones suele ir acompañada de la aparición de nuevas ocupaciones. El avance de la IA puede aumentar la demanda de expertos en datos, ciberseguridad, supervisión de modelos, diseño de instrucciones y gestión de sistemas automatizados.
No todos los sectores afrontan el mismo riesgo
El nivel de impacto dependerá de la naturaleza de cada profesión. Las actividades que requieren presencia física, habilidades manuales complejas, trato personal o capacidad para desenvolverse en entornos cambiantes presentan, en general, una exposición menor a la automatización completa.
También existen límites tecnológicos y empresariales. La inteligencia artificial puede cometer errores, reproducir sesgos o generar información incorrecta. Por eso, su uso en ámbitos sensibles como la sanidad, las finanzas, la educación o la justicia exige controles humanos, transparencia y mecanismos de responsabilidad.
- Mayor exposición: tareas administrativas, análisis documental, atención básica y procesamiento de datos.
- Impacto intermedio: profesiones cualificadas que combinan análisis, redacción y toma de decisiones.
- Menor automatización completa: trabajos manuales, actividades de cuidados y funciones que requieren interacción humana constante.
La formación será clave para evitar una brecha laboral
El posible desplazamiento de millones de trabajadores plantea un reto para las empresas, las instituciones educativas y las administraciones públicas. La formación continua será esencial para que los empleados aprendan a utilizar estas herramientas y puedan asumir nuevas responsabilidades.
No se tratará únicamente de dominar aplicaciones concretas. Los profesionales también necesitarán conocimientos sobre verificación de resultados, protección de datos, seguridad digital y uso responsable de los sistemas automatizados. La capacidad de trabajar junto a la IA puede convertirse en una competencia tan importante como las habilidades técnicas tradicionales.
Las compañías, por su parte, tendrán que decidir si emplean la tecnología para recortar plantilla o para reforzar a sus equipos. La diferencia será relevante: una implantación centrada exclusivamente en la sustitución puede generar tensiones sociales, mientras que un modelo orientado a complementar el trabajo humano podría mejorar la productividad sin destruir tantos puestos.
Una previsión, no una sentencia
La estimación de 15 millones de trabajadores afectados representa un escenario posible condicionado por la velocidad de adopción de la inteligencia artificial, la evolución de los modelos y la regulación. La cifra puede cambiar si las empresas encuentran obstáculos técnicos, si los consumidores rechazan determinados usos o si surgen nuevas profesiones capaces de absorber a parte de los trabajadores desplazados.
La principal conclusión es que la IA no eliminará todos los empleos de manera uniforme, pero sí modificará millones de puestos. La próxima década estará marcada por una reorganización de tareas en la que la ventaja no dependerá solo de tener acceso a la tecnología, sino de saber integrarla con criterio, supervisión y formación adecuada.



