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Crear música con inteligencia artificial: qué herramientas existen y cuándo puedes subirla a Spotify o YouTube

Crear una canción con inteligencia artificial es cada vez más sencillo, pero utilizarla después no siempre lo es. La herramienta elegida, el plan contratado y el nivel de intervención humana determinan si una pista puede descargarse, explotarse comercialmente o distribuirse en plataformas como Spotify y YouTube.

La conclusión principal es clara: Suno solo ofrece derechos comerciales en sus planes Pro y Premier; las condiciones actuales de Udio impiden descargar y distribuir sus creaciones; y Spotify y YouTube aceptan música generada con IA, aunque persiguen la suplantación de voces, el contenido masivo y la falta de transparencia.

Suno, Gemini y Magnific: las principales opciones

Suno es una de las plataformas más conocidas para generar canciones completas a partir de instrucciones escritas. Su nueva generación v6 permite crear y editar temas desde texto, audio, imágenes o vídeo. También facilita modificar fragmentos concretos de una canción y trabajar con distintos modelos según el plan contratado.

El modelo v6 y su variante v6-wild están reservados a los planes Pro y Premier, mientras que v6-mini se ofrece al conjunto de usuarios. El servicio permite describir el género, el tempo, los instrumentos o el tipo de voz para orientar el resultado. Estas instrucciones reciben el nombre de prompts: textos que indican al sistema qué debe generar.

Gemini, el asistente de Google, genera pistas de hasta 30 segundos mediante Lyria 3. Está disponible para mayores de 18 años y funciona también en español. Todas las creaciones incorporan SynthID, una marca de agua inaudible que permite identificar contenido generado por IA sin alterar la experiencia de escucha.

Google asegura que su modelo no está diseñado para imitar a artistas concretos. Magnific, por su parte, ofrece un generador integrado con modelos de ElevenLabs y Google. Puede producir piezas instrumentales o con voz, siempre que el usuario aporte la letra, con una duración de entre 10 segundos y cinco minutos.

Qué derechos concede cada plan

En Suno, el plan gratuito permite generar música para un uso personal y no comercial, pero no ofrece descargas ni derechos comerciales. El plan Pro cuesta 9 euros al mes e incluye 20 descargas mensuales, mientras que Premier, de 28 euros al mes, eleva la cifra a 60.

La empresa afirma que, en los planes de pago, cede al usuario los derechos que pueda tener sobre la canción generada. El permiso comercial se mantiene para los archivos descargados durante la suscripción, incluso aunque el usuario cancele posteriormente el plan.

Sin embargo, pagar no equivale automáticamente a tener derechos de autor. Suno advierte de que, por la forma en la que funciona el aprendizaje automático, no puede garantizar que todas las canciones generadas estén protegidas por propiedad intelectual. Además, limita el uso comercial a las pistas descargadas por los canales autorizados y dentro del cupo correspondiente.

Está prohibido extraer el audio por medios alternativos, grabarlo desde la reproducción o eliminar marcas de agua para ocultar su procedencia. Magnific sostiene que las pistas creadas pertenecen al usuario y que sus planes de pago incluyen una licencia comercial completa, aunque también conviene revisar las condiciones vigentes antes de publicar.

Udio mantiene sus canciones dentro de la plataforma

Udio aplica un enfoque diferente. Sus condiciones actuales establecen que la empresa o sus licenciantes mantienen la titularidad sobre el contenido generado. Además, prohíben descargar las canciones, explotarlas comercialmente o subirlas a servicios externos como YouTube, Spotify o TikTok.

Por tanto, una canción creada en Udio no puede utilizarse actualmente como si fuera un archivo musical convencional para distribuirla fuera de la plataforma. El servicio funciona como un entorno cerrado mientras desarrolla su modelo de suscripción con contenidos licenciados.

La ley española no convierte a la IA en autora

La legislación española considera autor a la persona natural que crea una obra. Esto plantea dudas cuando una canción nace únicamente de una instrucción breve, como pedir una balada pop con piano y voz femenina.

Cuanto mayor sea la aportación humana, más sólida será la posición del usuario. Es diferente limitarse a escribir un prompt que aportar una letra original, una melodía, arreglos, grabaciones propias y decisiones creativas detalladas. Los contratos de las plataformas regulan la relación con sus usuarios, pero no convierten por sí solos al cliente en autor protegido por derechos de autor.

Spotify y YouTube aceptan la IA, pero con límites

Spotify no prohíbe la música generada con inteligencia artificial. Sí veta la imitación de la voz de un artista sin autorización y está reforzando sus medidas contra el spam musical: subidas masivas, duplicados y catálogos producidos automáticamente para generar reproducciones.

La plataforma también impulsa el estándar DDEX para declarar en los créditos qué partes de una canción han sido creadas con IA. Desde abril de 2026 muestra estos datos en fase beta cuando los facilita una discográfica o una distribuidora.

YouTube pide marcar el contenido generado artificialmente cuando la música sea un elemento central del vídeo. Declararlo no reduce por sí mismo la audiencia ni impide monetizar. Lo que sí puede bloquear los ingresos es la política de contenido no auténtico, que excluye vídeos genéricos producidos en masa y con escasa aportación original.

La suplantación de voz es la línea roja más importante. Clonar la voz de una persona real sin permiso puede causar reclamaciones y recuerda a las estafas basadas en voces sintéticas. También es necesario comprobar las reglas de la distribuidora, ya que puede retirar una canción o retener sus ingresos si existen conflictos sobre derechos.

El marcado del contenido sintético será obligatorio

El Reglamento europeo de Inteligencia Artificial exige a los proveedores marcar el audio sintético en un formato legible por máquinas. Esta señal técnica permite que otros servicios identifiquen que una grabación ha sido generada o manipulada artificialmente.

La obligación se aplica desde el 2 de agosto de 2026, aunque los generadores ya existentes disponen de un periodo adicional para adaptar sus sistemas. En las publicaciones profesionales que incluyan una suplantación realista, el creador también debe informar de que el contenido es artificial.

Antes de subir una canción a Spotify o YouTube conviene comprobar tres aspectos: si el plan permite uso comercial, si la plataforma autoriza la descarga y distribución, y si se han respetado las voces, letras y grabaciones de terceros. En la música generada con IA, la herramienta importa, pero el contrato y la transparencia importan todavía más.

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