Las expansiones y DLC más largos de la historia de los videojuegos
Algunos contenidos descargables han superado con creces la idea de ser un simple añadido. Por duración, tamaño del mapa, cantidad de misiones o peso narrativo, ciertas expansiones ofrecen una experiencia tan completa que parecen videojuegos nuevos. De hecho, en algunos casos resulta difícil considerarlas únicamente como complementos del título original.
La duración depende del estilo de cada jugador y de si se busca completar la historia principal, explorar cada zona o conseguir todos los objetivos. Aun así, estas son algunas de las expansiones y DLC más extensos y ambiciosos que ha recibido la industria.
Blood and Wine, una despedida a la altura de The Witcher 3
The Witcher 3: Wild Hunt ya era uno de los juegos de rol más grandes de su generación, pero Blood and Wine añadió una aventura prácticamente independiente. Su campaña principal puede superar las 20 horas, mientras que completar sus encargos, contratos, búsquedas y actividades secundarias puede elevar la cifra por encima de las 40 horas.
La expansión incorpora la región de Toussaint, nuevos personajes, enemigos, equipamiento y una trama con identidad propia. Además, amplía considerablemente el final de la historia de Geralt de Rivia, con una producción y un nivel de detalle que pocos DLC han logrado igualar.
Phantom Liberty convirtió Night City en un thriller de espionaje
Cyberpunk 2077: Phantom Liberty es otro ejemplo de expansión que se acerca al formato de una secuela. Su historia principal ronda las 15 o 20 horas, aunque el contenido opcional y las distintas decisiones pueden llevar la experiencia hasta las 30 horas.
El distrito de Dogtown ofrece nuevas misiones, personajes y actividades, mientras que la expansión introduce cambios relevantes en sistemas como las habilidades, los vehículos y el combate. La trama de espionaje protagonizada por Idris Elba aporta, además, un tono diferente al de la campaña original.
Las expansiones de Bethesda: mundos enteros dentro de otro juego
La compañía responsable de The Elder Scrolls y Fallout lleva años apostando por expansiones de gran tamaño. Shivering Isles, para Oblivion, transportaba al jugador a un plano completamente nuevo, dividido entre Mania y Demencia. Su historia podía ocupar unas 20 horas, sin contar la exploración y las misiones secundarias.
Dragonborn, la gran expansión de Skyrim, también ofreció una aventura de considerable duración. La isla de Solstheim, sus templos, criaturas y secretos permitían invertir entre 15 y 30 horas adicionales. La presencia de nuevos poderes, armas y una historia vinculada a los dragones reforzó la sensación de estar ante una campaña independiente.
GTA IV: dos episodios con entidad propia
Grand Theft Auto IV recibió dos episodios descargables que demostraron que un DLC podía contar una historia completamente distinta sin reutilizar la misma experiencia. The Lost and Damned seguía a Johnny Klebitz y ofrecía una perspectiva más centrada en las bandas de moteros, mientras que The Ballad of Gay Tony apostaba por el lujo, la vida nocturna y un tono más espectacular.
Cada episodio puede durar alrededor de 15 horas, dependiendo del ritmo del jugador. Juntos forman una ampliación de enorme entidad, con protagonistas, misiones y actividades propias. Su lanzamiento posterior en formato recopilatorio reforzó la percepción de que eran mucho más que simples paquetes de contenido.
Monster Hunter: Iceborne y Sunbreak, cientos de horas de cacerías
En la saga Monster Hunter, medir la duración de una expansión solo por su campaña resulta complicado. Iceborne, para Monster Hunter: World, añadió una nueva región helada, monstruos inéditos, variantes de criaturas conocidas, armas, armaduras y un rango de dificultad superior.
La historia puede ocupar decenas de horas, pero el verdadero contenido aparece después de los créditos. La investigación de monstruos, la fabricación de equipo y las cacerías cooperativas pueden mantener a los jugadores ocupados durante cientos de horas. Sunbreak, la expansión de Monster Hunter Rise, siguió una fórmula similar con nuevas zonas, enemigos y una extensa etapa de juego final.
Final Fantasy XIV y World of Warcraft: expansiones que equivalen a juegos completos
Los juegos multijugador masivos son un caso especial. Expansiones como Shadowbringers o Endwalker, de Final Fantasy XIV, incluyen campañas narrativas con decenas de horas, nuevas regiones, trabajos, mazmorras y numerosas actividades para grupos.
Algo parecido ocurre con World of Warcraft. Sus grandes expansiones no solo añaden una historia: transforman el universo del juego con continentes, sistemas de progresión, bandas, mazmorras y cientos de misiones. En este contexto, el término DLC se queda pequeño para describir todo lo que incorporan.
Torna: The Golden Country, una precuela con personalidad propia
Xenoblade Chronicles 2: Torna – The Golden Country nació como una expansión, pero se publicó también de forma independiente. Su campaña gira alrededor de acontecimientos anteriores al juego principal y puede durar entre 20 y 30 horas, según el nivel de exploración.
El contenido presenta un sistema de combate adaptado, nuevas localizaciones y un reparto protagonista diferente. Aunque su escala es menor que la del título original, la cantidad de historia y el cuidado de su estructura hacen que se sienta como un RPG completo.
Cuando un DLC deja de parecer un añadido
Las mejores expansiones no se limitan a sumar horas. Amplían el universo, introducen nuevas mecánicas y ofrecen razones suficientes para regresar al juego base. Blood and Wine, Phantom Liberty, Iceborne o las grandes expansiones de los MMO demuestran que el contenido adicional puede alcanzar una escala comparable a la de una producción independiente.
Por eso, más que hablar únicamente de duración, conviene valorar su ambición. Un DLC puede ser largo, pero también debe aportar algo nuevo. Cuando consigue hacerlo, deja de sentirse como un complemento y se convierte en una parte esencial de la experiencia.



