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FromSoftware cumple 40 años: el estudio que convirtió la dificultad en una seña de identidad

FromSoftware celebra este 1 de noviembre su 40.º aniversario convertida en una de las compañías más influyentes de la industria del videojuego. Su nombre está ligado a experiencias exigentes, mundos oscuros y combates en los que cada victoria parece ganada a pulso, pero sus orígenes se encuentran muy lejos de los grandes lanzamientos que hoy dominan la conversación.

El estudio japonés nació en 1986 con un objetivo muy distinto: desarrollar software empresarial. Durante sus primeros años trabajó en herramientas y aplicaciones para compañías, antes de explorar el mercado del ocio electrónico. No fue hasta 1994 cuando dio el salto a los videojuegos con King’s Field, un RPG en primera persona para PlayStation que sentó las bases de buena parte de su identidad posterior.

De las mazmorras de King’s Field a una nueva forma de entender el RPG

King’s Field apostó por una fórmula poco habitual para la época. El jugador recorría escenarios laberínticos desde una perspectiva subjetiva, conseguía equipo, descubría secretos y se enfrentaba a enemigos capaces de castigar cualquier error. La aventura no explicaba todas sus reglas de forma evidente, una característica que con el tiempo se convertiría en una de las principales marcas de FromSoftware.

La compañía continuó desarrollando varias entregas de la saga y amplió su catálogo con propuestas como Echo Night y Shadow Tower. Sin embargo, su primer gran universo de alcance internacional llegó con Armored Core, una serie centrada en combates entre robots personalizables que debutó en 1997.

La franquicia permitió al estudio experimentar con la construcción de mechas, el diseño de misiones y los enfrentamientos tácticos. Décadas después, Armored Core VI: Fires of Rubicon recuperaría esa fórmula y demostraría que FromSoftware podía volver a una saga clásica sin renunciar a la precisión y la intensidad que caracterizan a sus juegos más recientes.

Demon’s Souls y el nacimiento del fenómeno Souls

El punto de inflexión llegó en 2009 con Demon’s Souls. Lanzado originalmente para PlayStation 3, el juego combinó acción y rol con un sistema de combate deliberadamente exigente, una gestión muy cuidadosa de los recursos y escenarios conectados que premiaban la exploración.

Su propuesta no se limitaba a hacer que los enemigos fueran más resistentes. FromSoftware diseñó un sistema en el que el jugador debía aprender los patrones de ataque, medir cada movimiento y asumir las consecuencias de sus decisiones. La muerte dejaba de ser un simple fracaso para convertirse en una herramienta de aprendizaje.

También introdujo elementos que reforzaron la sensación de misterio, como las descripciones de objetos, los mensajes de otros jugadores y las invasiones o ayudas en línea. Muchos detalles importantes no se presentaban mediante largas explicaciones, sino a través de la observación y la interpretación de la comunidad.

Dark Souls lleva la fórmula a todo el mundo

En 2011, Dark Souls trasladó esa filosofía a un mundo más amplio y ambicioso. Lordran se convirtió en un escenario de culto gracias a su diseño interconectado, sus atajos y una narrativa fragmentada que invitaba a reconstruir la historia a partir de cada personaje, lugar y objeto.

El juego popularizó definitivamente la etiqueta Souls y transformó la percepción de la dificultad en los videojuegos. La exigencia dejó de entenderse únicamente como una barrera y pasó a funcionar como parte esencial de la recompensa. Superar un jefe, encontrar un atajo o dominar un arma ofrecía una satisfacción difícil de replicar con sistemas más convencionales.

Después llegarían Dark Souls II, Bloodborne y Dark Souls III. Cada uno aportó variaciones relevantes: una mayor velocidad de combate, ambientaciones más opresivas, armas con transformaciones y nuevas formas de construir los enfrentamientos. Aunque compartían principios reconocibles, nunca fueron simples repeticiones de la fórmula.

Bloodborne, Sekiro y la consolidación de una identidad propia

Con Bloodborne, publicado en 2015, FromSoftware llevó su estilo hacia el terror gótico y la acción agresiva. Yharnam, sus criaturas y su atmósfera victoriana mostraron que el estudio podía contar historias todavía más abstractas sin perder claridad en sus sistemas jugables.

Sekiro: Shadows Die Twice dio otro giro en 2019. El protagonista no podía elegir entre decenas de clases ni basar toda la estrategia en estadísticas: debía dominar el bloqueo, los contraataques y el ritmo de cada duelo. El resultado fue una aventura más directa, pero igualmente exigente.

Elden Ring convierte la fórmula en un fenómeno global

El mayor salto comercial de la compañía llegó en 2022 con Elden Ring. Su mundo abierto trasladó los principios de exploración, descubrimiento y desafío a un mapa de enormes dimensiones. La libertad para elegir rutas, mejorar al personaje y afrontar los grandes desafíos en distinto orden amplió el público sin diluir la personalidad del estudio.

La colaboración creativa con George R. R. Martin ayudó a impulsar su lanzamiento, pero el éxito se explicó sobre todo por la solidez del diseño. Elden Ring convirtió la curiosidad en una mecánica central: cualquier horizonte podía ocultar una mazmorra, un jefe, una historia secundaria o una nueva forma de jugar.

Una influencia que va más allá de sus propios juegos

A lo largo de cuatro décadas, FromSoftware ha pasado de crear aplicaciones empresariales a marcar el rumbo del diseño de acción y rol. Su legado se aprecia en numerosos títulos que han adoptado combates basados en patrones, mundos interconectados, narrativas ambientales y una dificultad entendida como diálogo con el jugador.

La trayectoria del estudio demuestra que su éxito no depende únicamente de hacer juegos difíciles. Su verdadera aportación consiste en confiar en la capacidad del público para explorar, fallar, aprender y extraer conclusiones por sí mismo. A los 40 años, FromSoftware sigue siendo una referencia porque ha convertido esa confianza en una de las experiencias más reconocibles del videojuego moderno.

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