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Por qué los radiadores tradicionales pierden peso en las viviendas nuevas

Los radiadores convencionales, asociados durante décadas a las calderas de gas, podrían tener cada vez menos presencia en las viviendas de nueva construcción. El arquitecto Jordi Martí considera que esta tecnología resulta ineficiente y está quedando desfasada frente a sistemas capaces de consumir menos energía y ofrecer una climatización más uniforme.

El cambio no depende únicamente del emisor instalado en cada habitación. La eficiencia de una vivienda empieza en su envolvente: aislamiento, ventanas, orientación y control de las infiltraciones de aire. Cuando el edificio conserva bien la temperatura, necesita menos energía para calentarse y permite utilizar soluciones de baja temperatura, como la aerotermia o el suelo radiante.

El problema de los radiadores conectados a una caldera

Los radiadores de agua funcionan, en la mayoría de los casos, junto a una caldera que calienta el circuito mediante gas, gasóleo o electricidad. En los sistemas más antiguos, el agua debe alcanzar temperaturas elevadas para compensar las pérdidas de calor de la vivienda, especialmente cuando existen ventanas poco aislantes o paredes sin protección térmica suficiente.

Ese modelo presenta varias limitaciones. Por un lado, la caldera consume una cantidad importante de energía para mantener el agua caliente. Por otro, los radiadores distribuyen el calor de forma menos homogénea: la zona próxima al emisor puede alcanzar una temperatura elevada mientras otras áreas de la estancia permanecen más frías.

Además, la dependencia de los combustibles fósiles encarece el uso de la calefacción y dificulta la reducción de emisiones. Aunque las calderas modernas son más eficientes que los equipos antiguos, siguen necesitando una fuente de energía que cada vez está más condicionada por las exigencias de descarbonización.

El aislamiento es tan importante como el sistema de calefacción

Instalar un equipo eficiente en una vivienda mal aislada no resuelve el problema. Si el calor se escapa por la fachada, la cubierta, el suelo o las ventanas, el sistema tendrá que trabajar durante más tiempo para mantener la temperatura deseada.

Una vivienda bien aislada reduce la demanda energética y mejora el confort durante todo el año. El aislamiento térmico evita que el frío entre en invierno y que el calor exterior penetre en verano. También disminuye las corrientes de aire, reduce la aparición de condensaciones y ayuda a mantener una temperatura interior más estable.

Por este motivo, las nuevas construcciones incorporan soluciones como fachadas con mayor espesor aislante, ventanas con doble o triple acristalamiento y sistemas de ventilación controlada. Estas medidas permiten que la climatización funcione a menor potencia y durante menos tiempo.

Qué sistemas pueden sustituir a los radiadores

Aerotermia

La aerotermia utiliza una bomba de calor para extraer energía del aire exterior y trasladarla al interior de la vivienda. Puede producir calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria con un único sistema, lo que la convierte en una de las alternativas más habituales en los edificios de nueva construcción.

Su rendimiento es especialmente favorable cuando trabaja con temperaturas moderadas. En lugar de calentar el agua a niveles muy elevados, puede alimentar emisores de baja temperatura, como el suelo radiante o determinados radiadores de mayor superficie.

Suelo radiante

El suelo radiante distribuye el calor por una red de tuberías instalada bajo el pavimento. Al ocupar una superficie amplia, puede funcionar con agua menos caliente que la requerida por un radiador convencional. El resultado es una temperatura más uniforme y una sensación de confort repartida por toda la estancia.

Este sistema también libera las paredes y facilita la distribución del mobiliario. Sin embargo, requiere una planificación previa y una instalación más compleja, especialmente cuando se incorpora en una vivienda ya construida. Además, responde de manera más lenta a los cambios de temperatura, por lo que funciona mejor con una programación estable.

Bombas de calor y sistemas por aire

Los equipos de aire acondicionado con tecnología de bomba de calor también pueden proporcionar calefacción con un consumo relativamente contenido. Calientan las estancias de forma rápida y permiten controlar cada habitación, aunque generan movimiento de aire y no siempre ofrecen la misma sensación que un sistema radiante.

En edificios de alta eficiencia energética pueden combinarse con ventilación mecánica de doble flujo. Esta solución renueva el aire interior sin perder todo el calor acumulado, gracias a un intercambiador que recupera parte de la energía del aire extraído.

¿Desaparecerán por completo los radiadores?

La sustitución no será inmediata ni afectará a todas las viviendas. En muchas casas existentes, cambiar toda la instalación puede resultar costoso o técnicamente complicado. Los radiadores seguirán siendo útiles cuando están conectados a una caldera eficiente, a una bomba de calor compatible o a una red de calefacción centralizada.

La tendencia, no obstante, apunta a reducir la dependencia de los radiadores tradicionales y de las calderas de combustibles fósiles. En las viviendas nuevas, la prioridad será disminuir la demanda energética desde el diseño y utilizar sistemas capaces de climatizar con temperaturas más bajas.

La decisión más eficiente dependerá de cada inmueble, su ubicación, el nivel de aislamiento y los hábitos de sus ocupantes. Más que elegir únicamente un aparato, el reto consiste en entender la vivienda como un conjunto: una buena envolvente térmica, una instalación dimensionada y un sistema de control adecuado pueden marcar más diferencias que la potencia del equipo.

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