Cómo proteger la salud cuando llega el frío y aumentan los virus respiratorios
La llegada de las bajas temperaturas suele coincidir con una mayor circulación de virus respiratorios. Resfriados, gripe, bronquiolitis y COVID-19 pueden propagarse con más facilidad cuando se pasa más tiempo en espacios cerrados y mal ventilados. Adoptar unas medidas sencillas ayuda a reducir el riesgo de contagio y a proteger especialmente a las personas más vulnerables.
El frío, por sí solo, no causa una infección respiratoria. Sin embargo, puede favorecer que permanezcamos en interiores, donde las partículas respiratorias se acumulan si no se renueva el aire. Además, las mucosas pueden irritarse y las defensas locales de las vías respiratorias verse comprometidas, sobre todo ante exposiciones prolongadas a temperaturas muy bajas.
Ventilar y evitar los espacios cargados
La ventilación es una de las medidas más eficaces para disminuir la concentración de virus en el aire. Conviene abrir las ventanas durante unos minutos varias veces al día, incluso en invierno, especialmente en dormitorios, aulas, oficinas y salas donde se reúna mucha gente.
Siempre que sea posible, es preferible mantener una ventilación cruzada, abriendo ventanas situadas en lados opuestos de la estancia. En lugares con sistemas de climatización, también es importante revisar los filtros y garantizar que el equipo renueva el aire de forma adecuada.
Higiene de manos y etiqueta respiratoria
Lavarse las manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos ayuda a eliminar microorganismos adquiridos al tocar superficies o después de toser y estornudar. Si no hay un lavabo disponible, puede utilizarse una solución hidroalcohólica, siempre que las manos no estén visiblemente sucias.
Al toser o estornudar, hay que cubrirse la boca y la nariz con la parte interior del codo o con un pañuelo desechable. Después, el pañuelo debe tirarse a la basura y es recomendable lavarse las manos. También conviene evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca sin haberse higienizado previamente.
Abrigarse sin descuidar la hidratación
Vestirse por capas permite adaptarse mejor a los cambios de temperatura y evitar tanto el frío como el exceso de calor en interiores. Es aconsejable proteger especialmente la cabeza, el cuello, las manos y los pies, sobre todo en niños, personas mayores y quienes padecen enfermedades crónicas.
Aunque no se sienta tanta sed como en verano, mantener una buena hidratación sigue siendo necesario. Beber agua favorece el funcionamiento general del organismo y ayuda a mantener las mucosas en condiciones adecuadas. Las bebidas muy azucaradas o el alcohol no deben utilizarse como sustitutos habituales del agua.
Vacunación y prevención en personas vulnerables
La vacunación es una herramienta esencial para prevenir las formas graves de algunas infecciones respiratorias. Las personas mayores, las embarazadas, quienes tienen enfermedades respiratorias o cardiovasculares y los pacientes inmunodeprimidos deben consultar las recomendaciones sanitarias vigentes y mantener sus vacunas al día.
En los hogares donde conviven personas vulnerables, es importante extremar las precauciones si alguien presenta síntomas. Reducir el contacto cercano, utilizar mascarilla en espacios compartidos y mejorar la ventilación puede limitar la transmisión. La mascarilla también puede ser útil en lugares muy concurridos o cuando existen brotes, especialmente para quienes tienen mayor riesgo.
Qué hacer ante los primeros síntomas
Congestión nasal, dolor de garganta, tos, fiebre, malestar general o cansancio pueden aparecer en distintas infecciones respiratorias. Ante estas señales, lo más prudente es descansar, beber líquidos y evitar acudir al trabajo, al colegio o a reuniones mientras exista riesgo de contagiar a otras personas.
Los antibióticos no sirven para tratar las infecciones causadas por virus y solo deben tomarse si un profesional sanitario los prescribe. Para aliviar las molestias pueden utilizarse tratamientos recomendados por un médico o farmacéutico, teniendo en cuenta la edad, el embarazo, las alergias y otras enfermedades.
Cuándo solicitar atención médica
Es necesario consultar con un profesional si la fiebre es alta o persistente, los síntomas empeoran, existe dificultad para respirar o aparece dolor en el pecho. También debe solicitarse valoración médica ante confusión, somnolencia inusual, signos de deshidratación o una saturación de oxígeno anormal si se dispone de un pulsioxímetro.
En bebés, personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas, el umbral para pedir ayuda debe ser más bajo. Una prevención constante, basada en la ventilación, la higiene de manos, el abrigo adecuado y la vacunación, permite afrontar el frío con mayor seguridad y reducir la presión sobre los servicios sanitarios.



