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El centro de datos valenciano cuya factura de agua se limita al consumo de los baños

Los centros de datos se han convertido en una de las infraestructuras más controvertidas de la expansión de la inteligencia artificial. Sin embargo, no todos tienen el mismo tamaño, consumo ni función. En Valencia, Nixval defiende un modelo de centro de datos neutral, orientado a conectar redes y mantener el tráfico digital cerca de los usuarios, con una huella hídrica muy alejada de la que suele asociarse a las grandes instalaciones de computación.

Su consejero delegado, José Luis Gómez-Pardo, resume el consumo de agua de la compañía de una forma contundente: la factura del centro es literalmente la correspondiente al uso de los baños. El dato sirve para distinguir entre los distintos tipos de instalaciones que operan bajo la misma denominación y para recordar que el impacto ambiental de un centro de datos depende en gran medida de su diseño y de su actividad.

Una infraestructura anterior al auge de la inteligencia artificial

Los centros de datos existen desde mucho antes de la actual explosión de la inteligencia artificial. Son edificios preparados para alojar servidores, sistemas de almacenamiento y equipos de comunicaciones que mantienen en funcionamiento páginas web, aplicaciones, servicios empresariales y plataformas digitales.

La llegada de los grandes modelos de lenguaje, conocidos como LLM, ha disparado la atención sobre estas instalaciones. Se trata de sistemas de inteligencia artificial capaces de analizar y generar texto, código, imágenes u otros contenidos a partir de enormes volúmenes de datos. Su entrenamiento y funcionamiento requieren miles de procesadores trabajando de forma simultánea.

España cuenta ya con más de un centenar de centros de datos construidos o previstos, con una potencia conjunta de 2,9 gigavatios. En el ámbito internacional, las cinco grandes tecnológicas estadounidenses prevén desembolsar este año alrededor de 900.000 millones de dólares, una inversión que refleja tanto las expectativas depositadas en la IA como el coste creciente de la capacidad de computación.

El papel de un centro de datos neutral

Nixval opera en Valencia desde hace casi dos décadas y se define como un centro de datos neutral. Esto significa que no pertenece a un único operador de telecomunicaciones ni prioriza una red frente a otra. Su función principal es ofrecer un espacio común en el que distintos proveedores puedan interconectarse.

La conexión entre redes es uno de los fundamentos de internet. En lugar de obligar a todo el tráfico a viajar hasta Madrid, Barcelona u otras grandes ciudades, una instalación regional permite intercambiar datos más cerca de su origen y destino. Esto reduce la latencia, es decir, el tiempo que tarda la información en recorrer la red, y puede mejorar la eficiencia del servicio.

Gómez-Pardo compara estos centros con los aeropuertos. El aeropuerto no es propietario de los aviones ni vende los billetes, pero proporciona la infraestructura para que distintas compañías puedan operar en una región. Del mismo modo, un centro de datos neutral facilita que múltiples redes se conecten en condiciones equivalentes.

Esta descentralización también tiene una dimensión de resiliencia. Si un apagón, una inundación o una catástrofe interrumpe las conexiones de larga distancia, disponer de un punto de intercambio local puede ayudar a que parte del tráfico siga circulando dentro de la propia comunidad autónoma.

Menos agua, una arquitectura diferente

El consumo de agua se ha convertido en uno de los principales focos de preocupación alrededor de los centros de datos. Los servidores generan calor y necesitan sistemas de refrigeración para trabajar de forma estable. Algunas instalaciones emplean agua en procesos de enfriamiento, especialmente cuando concentran una gran cantidad de equipos de alto rendimiento.

El caso de Nixval responde a otra lógica. Al no estar concebido como una enorme fábrica de entrenamiento de modelos de inteligencia artificial, su demanda de refrigeración y su densidad de cómputo son diferentes. De ahí que su responsable asegure que el consumo hídrico del complejo se reduce, en la práctica, al agua utilizada en los aseos.

La afirmación no elimina el debate sobre el consumo energético. Cualquier centro de datos necesita electricidad de forma continua para alimentar los servidores, los sistemas de climatización, la seguridad y las redes. La diferencia está en la escala, el tipo de equipos instalados y el propósito de la infraestructura.

Soberanía tecnológica y control de los datos

La expansión de estas instalaciones también ha reavivado el debate sobre la soberanía tecnológica europea. Para el CEO de Nixval, no basta con que los datos estén físicamente almacenados dentro de la Unión Europea. También sería necesario que las tecnologías utilizadas para procesarlos y transportarlos fueran, en la medida de lo posible, europeas.

La ubicación importa por motivos de seguridad, continuidad del servicio y cumplimiento normativo. Pero alojar un servidor en territorio europeo no garantiza por sí solo que toda la cadena tecnológica dependa de empresas europeas. El hardware, el software, las redes y los servicios de computación pueden estar controlados por compañías de otras regiones.

El reto de regular sin frenar la expansión

La industria observa con atención las nuevas exigencias ambientales. El proyecto de Real Decreto sobre sostenibilidad de los centros de datos presentado en agosto planteó que las instalaciones cubrieran cada hora al menos el 80% de su consumo con nuevas fuentes renovables. El planteamiento fue posteriormente revisado por el Gobierno.

Gómez-Pardo considera positiva la existencia de una base regulatoria, aunque advierte de que una aplicación demasiado rígida podría asfixiar una industria todavía en expansión. Su propuesta pasa por que Europa alcance primero una posición de liderazgo tecnológico y regule después con mayor conocimiento del sector.

La discusión, en cualquier caso, no puede reducirse a una única cifra de consumo. Los centros de datos prestan servicios muy distintos: desde alojar páginas web hasta entrenar modelos avanzados de inteligencia artificial. Analizar su impacto exige tener en cuenta el agua, la energía, la ubicación, el empleo generado y su contribución a la conectividad local.

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