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Menos sodio y más potasio: la sal alternativa que podría reducir millones de ictus y muertes cada año

Sustituir parte de la sal común por una alternativa con menos sodio y más potasio podría reducir de forma importante los casos de ictus, las enfermedades cardiovasculares y algunos problemas renales en todo el mundo. Esa es la principal conclusión de un análisis elaborado por investigadores australianos, que plantea extender esta medida más allá de los hogares y aplicarla también en restaurantes y en la industria alimentaria.

La propuesta se basa en reemplazar una parte del cloruro sódico, el compuesto principal de la sal de mesa, por cloruro potásico. Esta sal alternativa permite disminuir la cantidad de sodio de la dieta y aumentar al mismo tiempo la ingesta de potasio, dos cambios relacionados con una mejor salud cardiovascular en buena parte de la población.

Una estrategia para reducir la presión arterial

El exceso de sodio favorece la retención de líquidos y puede elevar la presión arterial. La hipertensión es uno de los principales factores de riesgo de infarto, ictus, insuficiencia cardiaca y enfermedad renal crónica. Además, suele avanzar sin síntomas claros, por lo que muchas personas desconocen que tienen cifras elevadas.

El potasio, por su parte, contribuye a equilibrar los efectos del sodio y puede ayudar a mantener la tensión arterial dentro de rangos más saludables. Sin embargo, la mayoría de la población consume más sal de la recomendada y menos alimentos ricos en potasio, como frutas, verduras, legumbres y frutos secos.

La combinación de ambos cambios convertiría a la sal reformulada en una intervención sencilla para mejorar la alimentación habitual sin exigir modificaciones radicales en las recetas. El objetivo no sería eliminar por completo la sal, sino reducir el sodio presente en productos y platos de consumo frecuente.

El impacto sería mayor si se aplica a toda la cadena alimentaria

Una de las claves del análisis es que la sustitución no se limite al uso doméstico. Aunque cambiar la sal en la cocina puede ser útil, una parte considerable del sodio procede de alimentos preparados, panes, salsas, embutidos, aperitivos, platos precocinados y comidas servidas fuera de casa.

Por ello, los investigadores plantean que la medida se incorpore de forma progresiva a la fabricación de alimentos y a la restauración. Una reducción generalizada permitiría llegar también a quienes no leen el etiquetado, comen habitualmente fuera de casa o tienen dificultades para modificar sus hábitos por cuenta propia.

Según las estimaciones, una implantación amplia podría evitar millones de casos de ictus y fallecimientos cada año, además de reducir la carga asistencial asociada a las enfermedades cardiovasculares y renales. Se trata de proyecciones poblacionales, no de una garantía individual, pero sirven para medir el posible alcance de una política de salud pública.

La sal baja en sodio no es adecuada para todo el mundo

A pesar de sus posibles beneficios, los productos con cloruro potásico no deben considerarse apropiados para todas las personas. El organismo elimina el exceso de potasio principalmente a través de los riñones. Cuando existe enfermedad renal o una alteración en la función renal, este mineral puede acumularse en la sangre y provocar complicaciones.

También deben consultar con un profesional sanitario quienes toman determinados medicamentos para la hipertensión o la insuficiencia cardiaca. Algunos fármacos, como ciertos diuréticos ahorradores de potasio, los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina o los antagonistas de los receptores de la angiotensina II, pueden elevar sus niveles.

Por este motivo, la sal alternativa no debe utilizarse como tratamiento ni incorporarse sin asesoramiento médico en personas con enfermedad renal, insuficiencia cardiaca, alteraciones del potasio o medicación específica. En caso de duda, conviene revisar la etiqueta y consultar al médico o al farmacéutico.

La reducción de sal sigue siendo la medida principal

El uso de sal enriquecida con potasio puede complementar, pero no sustituir, otras recomendaciones para cuidar la tensión arterial. La Organización Mundial de la Salud aconseja limitar el consumo de sodio y priorizar una alimentación basada en productos frescos o mínimamente procesados.

  • Reducir la sal añadida durante la preparación y en la mesa.
  • Limitar los alimentos ultraprocesados, embutidos, aperitivos y salsas preparadas.
  • Comparar el contenido de sal o sodio en el etiquetado.
  • Aumentar el consumo de frutas, verduras, legumbres y frutos secos, salvo contraindicación médica.
  • Controlar periódicamente la presión arterial.

El interés de esta estrategia reside en que actúa sobre un ingrediente presente en numerosos alimentos y puede aplicarse de forma gradual. Para que su impacto sea real, los expertos consideran necesario combinar la reformulación de productos con información clara, controles de seguridad y recomendaciones adaptadas a las personas con enfermedades crónicas.

Reducir el sodio y mejorar el equilibrio entre sodio y potasio no elimina por sí solo el riesgo cardiovascular. No obstante, integrado en una política alimentaria amplia y acompañado de hábitos saludables, podría convertirse en una herramienta relevante para prevenir el ictus, proteger los riñones y disminuir las muertes asociadas a la hipertensión.

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