Los expertos alertan del vínculo entre videojuegos y apuestas y piden retirar las tragaperras de los bares
Los profesionales que trabajan con personas afectadas por la ludopatía advierten de que determinados videojuegos pueden funcionar como una puerta de entrada hacia las apuestas. La preocupación se centra especialmente en las mecánicas que imitan el azar, las recompensas aleatorias y los sistemas de pago que normalizan la búsqueda constante de premios.
La alerta coincide con una reivindicación concreta: retirar las máquinas tragaperras de los bares y otros establecimientos de uso cotidiano. Los expertos consideran que la presencia de estos dispositivos facilita el acceso al juego y contribuye a presentarlo como una actividad normal, especialmente en entornos frecuentados por familias y jóvenes.
La ludopatía no afecta únicamente a los más jóvenes
Aunque el debate suele enfocarse en adolescentes y adultos jóvenes, los casos atendidos por los servicios especializados se concentran principalmente en personas situadas en la treintena avanzada. Este perfil demuestra que la adicción al juego puede desarrollarse después de años de exposición a las apuestas y no siempre se identifica en sus primeras fases.
Las apuestas deportivas, los casinos en línea y las máquinas de juego forman parte de un ecosistema accesible durante todo el día a través del teléfono móvil. La facilidad para depositar dinero, la publicidad constante y la inmediatez de las partidas dificultan que algunas personas perciban el riesgo hasta que aparecen problemas económicos, familiares o laborales.
Los especialistas insisten en que la ludopatía es una adicción y no una falta de voluntad. El juego puede activar mecanismos de recompensa similares a los de otras conductas adictivas, sobre todo cuando se combina la posibilidad de ganar dinero con estímulos continuos, bonos y mensajes que animan a seguir jugando.
Videojuegos con mecánicas que imitan el azar
El vínculo con los videojuegos no implica que jugar provoque por sí mismo una adicción al juego. La advertencia se dirige a determinadas prácticas presentes en algunos títulos, como las cajas de recompensa, los sobres virtuales o los sistemas que ofrecen objetos aleatorios a cambio de dinero real o de una moneda adquirida dentro del juego.
Estas mecánicas pueden acostumbrar al jugador a pagar por un resultado incierto. La incertidumbre, el sonido de la recompensa y la posibilidad de obtener un objeto excepcional reproducen elementos propios de las apuestas, aunque no siempre exista un premio económico directo.
El riesgo aumenta cuando los menores tienen acceso sencillo a métodos de pago o cuando pueden intercambiar los objetos obtenidos fuera del videojuego. Por ello, los expertos reclaman una mayor transparencia sobre las probabilidades, controles de edad más eficaces y límites claros para las compras integradas.
La prevención debe empezar antes de que aparezca el problema
La educación familiar y escolar ocupa un papel esencial. No basta con prohibir el acceso a determinadas plataformas: también es necesario explicar cómo funcionan las recompensas aleatorias, qué estrategias utiliza la publicidad y por qué una pérdida no se recupera necesariamente con otra apuesta.
- Establecer límites de tiempo y de gasto en videojuegos y plataformas de juego.
- Evitar que los menores utilicen tarjetas bancarias sin supervisión.
- Revisar las compras realizadas dentro de las aplicaciones.
- Hablar de forma clara sobre las probabilidades reales de ganar.
- Consultar con profesionales ante cambios bruscos de conducta o gasto.
Entre las señales de alarma figuran la necesidad de jugar cada vez durante más tiempo, la irritabilidad cuando no se puede acceder al juego, el ocultamiento de gastos y la utilización de dinero destinado a otras necesidades. También deben vigilarse el aislamiento, el descenso del rendimiento académico o laboral y los intentos de recuperar pérdidas mediante nuevas apuestas.
Regular los espacios y no solo las pantallas
La retirada de las tragaperras de los bares responde a la necesidad de actuar también sobre los espacios físicos. Para los especialistas, limitar la exposición a estos dispositivos puede reducir los impulsos de juego y evitar que una actividad cotidiana, como tomar algo en un establecimiento, quede asociada a una oportunidad permanente de apostar.
La prevención requiere, además, coordinación entre familias, centros educativos, administraciones y empresas tecnológicas. La regulación de la publicidad, la protección de los menores y el acceso a tratamientos deben avanzar al mismo tiempo para afrontar un problema que ya no se limita a los casinos o a las salas de juego.
Detectar las primeras señales y pedir ayuda cuanto antes puede evitar que la conducta se convierta en una deuda, una ruptura familiar o una pérdida de control prolongada. La recomendación de los profesionales es abordar el juego problemático sin estigmas y buscar apoyo especializado cuando las apuestas o las compras aleatorias dejan de ser una forma de entretenimiento.


