Wall Street se desploma y las grandes tecnológicas pierden entre un 9% y un 19%
La calma ha durado apenas un día en los mercados estadounidenses. Después de las fuertes subidas registradas tras las elecciones legislativas, Wall Street vive este jueves una jornada de ventas masivas que castiga especialmente a las empresas tecnológicas, los fabricantes de semiconductores y las compañías vinculadas a los centros de datos.
El movimiento refleja algo más profundo que una corrección puntual. Los inversores empiezan a cuestionar si el crecimiento asociado a la inteligencia artificial podrá mantener el ritmo previsto y si las enormes inversiones necesarias para desarrollar esta tecnología acabarán generando beneficios suficientes.
El Nasdaq lidera las pérdidas
A las 19:46, hora peninsular española, el Nasdaq Composite retrocedía un 5,2%. Este índice concentra una elevada proporción de compañías tecnológicas, por lo que suele ser especialmente sensible a los cambios en las expectativas sobre innovación, tipos de interés y crecimiento futuro.
El S&P 500 cedía un 3,9%, mientras que el Dow Jones perdía un 3,1%. Las cifras correspondían a una sesión todavía abierta y, por tanto, no representaban el resultado definitivo del cierre. Aun así, mostraban que la presión vendedora se había extendido por los principales índices de Estados Unidos.
En el caso de las grandes compañías relacionadas con la inteligencia artificial, los descensos individuales se situaban entre el 9% y el 19%. El castigo era especialmente severo entre los fabricantes de chips, cuyos productos resultan esenciales para entrenar y ejecutar los modelos de IA.
La factura de la inteligencia artificial preocupa al mercado
El desarrollo de sistemas de inteligencia artificial generativa exige inversiones de una magnitud extraordinaria. Las empresas necesitan comprar procesadores especializados, construir centros de datos, ampliar las redes eléctricas y desplegar complejos sistemas de refrigeración para evitar que los equipos se sobrecalienten.
Un centro de datos es una instalación que reúne miles de servidores y equipos de almacenamiento para procesar información. En el caso de la IA, estas infraestructuras permiten entrenar modelos capaces de generar texto, imágenes, código o audio, además de responder a peticiones en tiempo real.
El problema para los inversores es que el gasto llega mucho antes que los ingresos. Las compañías están destinando miles de millones a ampliar su capacidad, pero todavía existe incertidumbre sobre cuánto pagarán los clientes por utilizar estos servicios y cuándo alcanzarán una rentabilidad suficiente.
Daniel Pinto, vicepresidente de JPMorgan, advirtió esta semana de que el mercado podría estar descontando un crecimiento demasiado rápido de los ingresos y los beneficios de las empresas vinculadas a la IA. Si las previsiones se revisan a la baja, el impacto no se limitaría a los desarrolladores de aplicaciones: también afectaría a los fabricantes de chips, servidores y otros componentes.
El resultado electoral añade incertidumbre regulatoria
La reacción bursátil también está relacionada con las elecciones legislativas celebradas el 3 de noviembre. Los demócratas obtuvieron la mayoría en las dos cámaras del Congreso, aunque el nuevo reparto de poder no entrará en vigor hasta enero de 2027.
El resultado ha aumentado la preocupación de los inversores ante la posibilidad de que se endurezca la supervisión del sector tecnológico. Las dudas se centran, entre otros asuntos, en los permisos necesarios para construir nuevos centros de datos y en el impacto de estas instalaciones sobre el consumo eléctrico, el agua y el entorno local.
Texas y Georgia, dos estados relevantes para la expansión de estas infraestructuras, también registraron victorias demócratas. Algunos analistas de UBS calculan que las posibles restricciones o suspensiones de proyectos podrían poner en riesgo cerca del 30% de la capacidad adicional prevista en Estados Unidos para 2028.
Esta estimación se refiere a instalaciones planificadas y no implica que ese volumen de proyectos haya sido cancelado. Sin embargo, sirve para ilustrar la sensibilidad del mercado ante cualquier retraso en una industria que necesita aumentar rápidamente su capacidad informática.
Ventas institucionales y menor apetito por el riesgo
La intensidad del desplome también se explica por la composición de las ventas. Mark Hackett, estratega jefe de mercados de Nationwide, atribuye buena parte del movimiento a las órdenes de grandes inversores institucionales y al cierre de posiciones apalancadas de fondos de cobertura.
El apalancamiento consiste en utilizar deuda o derivados para aumentar la exposición a un activo. Puede multiplicar las ganancias cuando el mercado sube, pero también obliga a vender con rapidez cuando las cotizaciones caen o aumentan las exigencias de garantías.
Sameer Samana, de Wells Fargo Investment Institute, apunta a un posible cambio de preferencia entre los inversores. El dinero podría estar saliendo de las compañías valoradas por sus expectativas de crecimiento para dirigirse hacia negocios con beneficios más previsibles y una mayor capacidad de generar flujo de caja.
El flujo de caja representa el dinero que entra y sale de una empresa durante un periodo. En un entorno de incertidumbre, los mercados suelen premiar a las compañías que generan efectivo de forma constante frente a aquellas que dependen de grandes inversiones y de beneficios futuros.
La clave estará en los próximos proyectos
La caída no demuestra por sí sola que la expansión de la inteligencia artificial haya llegado a su fin. Sí indica, en cambio, que los inversores exigen ahora más pruebas sobre la rentabilidad de las inversiones y sobre la capacidad de las empresas para convertir la demanda tecnológica en ingresos sostenibles.
La evolución de las cotizaciones dependerá en buena medida de que las compañías mantengan sus planes de construcción de centros de datos, de que los permisos avancen sin grandes obstáculos y de que los clientes sigan contratando servicios de IA.
Si comienzan a retrasarse proyectos, se reducen los pedidos de chips o las empresas tecnológicas rebajan sus previsiones, la corrección podría prolongarse. Si, por el contrario, los resultados y la demanda confirman las expectativas, la actual sacudida podría terminar siendo una revisión brusca de valoraciones y no el final del ciclo de inversión en inteligencia artificial.



