Publicidad

La inteligencia artificial no va a sustituir de golpe al software empresarial

La expansión de los agentes de inteligencia artificial está alimentando una de las grandes dudas del sector tecnológico: ¿pueden estas herramientas quedarse con una parte relevante del gasto que hoy reciben los proveedores de software empresarial? La amenaza existe, pero el cambio será probablemente más gradual y complejo de lo que sugieren algunas previsiones.

El debate se centra en la capacidad de los agentes para ejecutar tareas, consultar información y tomar decisiones con instrucciones en lenguaje natural. Si una empresa puede pedir a un sistema de IA que gestione facturas, actualice un cliente o prepare un informe, parece lógico preguntarse si seguirá necesitando tantas aplicaciones específicas.

Sin embargo, que un agente pueda interactuar con una aplicación no significa que pueda reemplazar toda la infraestructura que hay detrás. El software empresarial no solo ofrece una interfaz: también almacena datos, aplica reglas, mantiene historiales y garantiza que los procesos se ejecuten de forma controlada.

El valor oculto del software empresarial

Las plataformas de gestión de clientes, recursos humanos, finanzas, compras o logística actúan como sistemas centrales para miles de organizaciones. En ellas se registran operaciones críticas y se establece quién puede acceder a cada dato o aprobar cada acción.

Un agente de IA puede facilitar el acceso a esa información, pero necesita conectarse a sistemas fiables. También debe respetar permisos, políticas internas y requisitos legales. En sectores regulados, una respuesta rápida no basta: la empresa debe poder demostrar cómo se tomó una decisión y quién la autorizó.

Esta dependencia convierte al software empresarial en una pieza difícil de sustituir. Aunque cambie la forma de utilizarlo, sus funciones básicas seguirán siendo necesarias para mantener la continuidad operativa y la trazabilidad.

Los agentes sí pueden cambiar el reparto del gasto

El hecho de que la sustitución total sea complicada no elimina el riesgo para los grandes proveedores de software. La inteligencia artificial puede reducir el uso de determinadas funciones, simplificar procesos y hacer que algunas empresas necesiten menos licencias o menos herramientas especializadas.

También puede modificar el poder de negociación de los clientes. Si un agente permite consultar varios sistemas desde una única interfaz, las compañías podrían cuestionar el valor de pagar por cada módulo adicional. La presión afectaría especialmente a las aplicaciones con funciones repetitivas o fáciles de replicar.

La competencia, por tanto, no se desarrollará únicamente entre aplicaciones. También enfrentará a los proveedores tradicionales con plataformas de IA capaces de actuar como una capa común sobre distintas herramientas.

Qué partes están más expuestas

  • Tareas administrativas: introducción de datos, clasificación de documentos y generación de informes.
  • Atención interna: respuestas a consultas de empleados sobre políticas, vacaciones o procedimientos.
  • Soporte al cliente: resolución de incidencias sencillas y seguimiento automatizado de solicitudes.
  • Análisis básico: creación de resúmenes, previsiones y paneles a partir de información ya disponible.
  • Automatizaciones entre aplicaciones: traspaso de datos y ejecución de acciones con reglas definidas.

Estas funciones pueden perder parte de su valor como productos independientes. No obstante, eso no implica que desaparezcan. Es probable que muchas pasen a integrarse en plataformas más amplias o que se ofrezcan como capacidades incluidas dentro de una suscripción.

La integración será más importante que la conversación

Uno de los errores habituales al valorar el impacto de los agentes consiste en centrarse demasiado en su capacidad para conversar. La demostración de un asistente que responde con naturalidad resulta llamativa, pero el verdadero reto aparece cuando debe realizar acciones en entornos empresariales reales.

Un agente debe saber qué datos utilizar, identificar información contradictoria, solicitar aprobación cuando sea necesario y recuperarse de errores. Además, debe operar con aplicaciones antiguas, bases de datos fragmentadas y procesos que varían entre departamentos.

Por eso, las empresas que controlan los datos y las conexiones entre sistemas parten con ventaja. Los proveedores de software empresarial pueden incorporar agentes en sus productos para reforzar su posición, en lugar de limitarse a defenderse de ellos.

Un cambio gradual en los modelos de negocio

La inteligencia artificial también puede transformar la forma en que se cobra el software. El modelo basado en el número de usuarios pierde atractivo si un agente puede realizar el trabajo de varias personas o si una misma cuenta automatizada utiliza múltiples aplicaciones.

El mercado podría avanzar hacia tarifas por consumo, por transacción o por resultado conseguido. Esa evolución puede generar oportunidades, pero también más incertidumbre para los proveedores, que tendrán que equilibrar el crecimiento del uso de la IA con la protección de sus ingresos recurrentes.

Las compañías usuarias, por su parte, deberán medir algo más que el coste de una licencia. La productividad real, el ahorro de tiempo, la calidad de las decisiones y el riesgo de errores serán factores esenciales para determinar si una solución de IA aporta valor.

La sustitución completa aún queda lejos

La conclusión más razonable es que los agentes de IA ejercerán presión sobre el software empresarial, pero no lo harán desaparecer de forma inmediata. Su impacto será mayor en las funciones periféricas y repetitivas, mientras que los sistemas que gestionan datos críticos y procesos regulados mantendrán un papel central.

La inteligencia artificial cambiará la manera de utilizar las aplicaciones y puede redistribuir el gasto tecnológico. Sin embargo, las empresas seguirán necesitando plataformas capaces de garantizar seguridad, control, integración y continuidad. La próxima etapa no será la desaparición del software empresarial, sino su transformación en una infraestructura más automatizada y menos visible para el usuario.

Artículo anteriorTSMC podría fabricar RAM para la IA, pero no será más barata
Artículo siguienteWarriors dudan de Draymond Green y su futuro junto a Curry