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Estados Unidos rechaza en las urnas decenas de centros de datos, salvo en un pueblo de Dakota del Norte

La oposición ciudadana a los centros de datos ha ganado fuerza en Estados Unidos. En los referéndums locales celebrados junto a las elecciones del pasado martes 3 de noviembre, los votantes rechazaron medidas vinculadas a estas instalaciones en al menos 40 consultas. La excepción ha sido Harwood, un municipio de Dakota del Norte con unos 940 habitantes.

En esta localidad, 325 personas votaron en contra y 105 a favor de una norma que habría concedido a los vecinos más capacidad de supervisión sobre los grandes centros de datos y otros proyectos industriales. La propuesta exigía evaluaciones independientes y audiencias públicas antes de autorizar futuras instalaciones que superasen un determinado tamaño.

Harwood no votaba sobre el centro de datos de 3.000 millones

La consulta no ponía en juego la construcción de Polaris Forge 2, el centro de datos que Applied Digital está levantando en Harwood y que ha sido alquilado a Oracle. El complejo tendrá una capacidad eléctrica de 280 megavatios, una medida que indica la potencia máxima que puede consumir o gestionar una instalación.

La inversión prevista ronda los 3.000 millones de dólares. Cuando entre en funcionamiento, el centro estará destinado previsiblemente a cargas informáticas de gran intensidad, como servicios en la nube, entrenamiento de modelos de inteligencia artificial y procesamiento masivo de datos.

La norma sometida a votación habría afectado a proyectos futuros. Sus defensores consideraban que permitía a la población conocer mejor el impacto sobre el agua, la energía, el tráfico y el ruido. Sus detractores, entre ellos el alcalde de Harwood, Blake Hankey, la describieron como un texto confuso y demasiado costoso para una ciudad pequeña.

El conflicto con Fargo marcó la decisión

El resultado también está condicionado por la disputa territorial entre Harwood y Fargo. Esta última ciudad, con unos 136.000 habitantes, intentó anexionarse en agosto de 2025 cerca de 800 acres, equivalentes a unas 324 hectáreas, en la zona donde se construye el centro de datos.

Harwood y Applied Digital se opusieron a la operación. El alcalde del municipio entendió que Fargo pretendía hacerse con los ingresos fiscales generados por el proyecto. La ciudad vecina defendió que su participación permitiría gestionar mejor carreteras, suministro de agua y otras infraestructuras. Fargo terminó retirando la propuesta de anexión en diciembre.

Ese enfrentamiento ayuda a explicar por qué una parte de los vecinos pudo interpretar la nueva regulación como una amenaza para futuras inversiones. En una localidad con menos de mil habitantes, los impuestos y la actividad económica asociados a una instalación de esta magnitud pueden tener un peso considerable.

Una aprobación rápida y con información limitada

La tramitación del proyecto de Applied Digital también ha generado críticas. Algunos residentes aseguran que apenas tuvieron margen para reaccionar entre el anuncio de la instalación y el comienzo de las obras. Los plazos manejados públicamente oscilan entre 21 días y aproximadamente cuatro semanas.

Hankey ha explicado que suscribió un acuerdo de confidencialidad con la compañía para evitar que el proyecto se trasladase a Fargo. Según su versión, mantener en secreto determinados detalles era la única forma de garantizar que Harwood conservara la inversión y los ingresos asociados.

Applied Digital, por su parte, sostiene que el centro no incrementará las tarifas eléctricas del resto de usuarios y que su consumo de agua será comparable al de dos viviendas. La empresa es, no obstante, una parte directamente interesada en la aprobación y desarrollo de la instalación.

El rechazo a los centros de datos se extiende por Estados Unidos

El caso de Harwood contrasta con un cambio notable en la opinión pública estadounidense. Una encuesta reciente sitúa en el 71 % el porcentaje de ciudadanos que no querría tener un centro de datos cerca de su vivienda. El apoyo a estas instalaciones habría descendido del 43 % en septiembre de 2025 al 21 % en la actualidad.

Otro sondeo, realizado por Gallup en mayo, reflejó una tendencia similar: el 70 % de los encuestados se mostraba contrario a la implantación de un centro de datos próximo, frente al 47 % registrado a finales de 2025.

La oposición local ya ha contribuido a frenar o cancelar proyectos valorados en más de 260.000 millones de dólares. Los motivos se repiten en distintos estados: temor a que suban las facturas de la luz y el agua, preocupación por el impacto ambiental y rechazo a procesos de autorización considerados poco transparentes.

La inteligencia artificial dispara la demanda energética

Los centros de datos son instalaciones diseñadas para mantener miles de servidores funcionando de forma continua. Estos equipos almacenan información y ejecutan operaciones digitales, desde una videollamada hasta el entrenamiento de un sistema de inteligencia artificial.

El problema es que la inteligencia artificial requiere una capacidad de cálculo muy superior a la de muchos servicios digitales tradicionales. Los modelos generativos, capaces de crear texto, imágenes o código, necesitan grandes grupos de procesadores y sistemas de refrigeración que consumen electricidad y agua.

El Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley calcula que los centros de datos representaron el 4,4 % del consumo eléctrico de Estados Unidos en 2023. La previsión es que su cuota alcance entre el 6,7 % y el 12 % en 2028, dependiendo del crecimiento de la inteligencia artificial y de otros servicios digitales.

Además, el 59 % de los ciudadanos consultados considera que este aumento de la demanda acabará encareciendo sus recibos. Harwood demuestra que todavía existen comunidades dispuestas a facilitar estos proyectos, especialmente cuando prometen empleo e ingresos fiscales. Pero el resultado de las consultas locales indica que la paciencia de muchos estadounidenses con los grandes centros de datos se está agotando.

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