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ATME reclama reconocer la profesión de riesgo tras la muerte de un soldado en San Gregorio

La Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME) ha reclamado el reconocimiento de la profesión de riesgo para los militares después del fallecimiento de un soldado de la Brigada Guzmán el Bueno X en el campo de maniobras de San Gregorio. Las circunstancias del suceso todavía se investigan, pero la organización considera que el caso vuelve a poner sobre la mesa la protección de quienes desarrollan su trabajo en entornos de especial peligrosidad.

El presidente de ATME, Marco Antonio Gómez, ha criticado la falta de avances en esta materia y ha advertido de que los militares no pueden quedar al margen de las medidas específicas que se aplican a otros colectivos expuestos a riesgos laborales. «Parece ser que podemos seguir muriendo sin que nadie haga nada», ha señalado al reclamar una respuesta institucional.

Una investigación abierta sobre lo ocurrido

El soldado fallecido pertenecía a la Brigada Guzmán el Bueno X, una unidad del Ejército de Tierra. Por el momento, no han trascendido las causas del fallecimiento y las autoridades mantienen abierta la investigación para determinar qué sucedió en San Gregorio.

ATME ha pedido que se esclarezcan los hechos con rapidez y transparencia. La asociación considera esencial conocer si existieron fallos de procedimiento, deficiencias materiales o cualquier otra circunstancia que pudiera haber contribuido al desenlace, sin prejuzgar las conclusiones de la investigación.

La organización también ha puesto el foco en las consecuencias que estas situaciones tienen para las familias. Además de reclamar apoyo y protección para los allegados, defiende que los procedimientos de asistencia deben activarse de forma inmediata cuando se produce un accidente grave o una muerte durante el servicio.

La profesión de riesgo, una reivindicación pendiente

El reconocimiento de la profesión militar como actividad de riesgo es una de las principales demandas de ATME. La asociación sostiene que las Fuerzas Armadas desarrollan tareas que implican peligros específicos, tanto durante las operaciones y maniobras como en el manejo de armamento, vehículos y equipos especializados.

Para la organización, esta consideración debería traducirse en medidas concretas. Entre ellas figuran una mayor protección social, garantías para las familias, compensaciones adecuadas y protocolos de seguridad adaptados a las particularidades del servicio militar.

La reclamación no se limita a una cuestión económica. ATME entiende que reconocer el riesgo profesional también contribuiría a reforzar la prevención, mejorar la evaluación de las actividades y establecer responsabilidades más claras cuando se produzca un accidente.

Simuladores para entrenar sin exponer a los militares

La tecnología puede desempeñar un papel relevante en la reducción de riesgos durante la formación y la preparación operativa. Los simuladores militares permiten reproducir escenarios complejos y practicar la toma de decisiones sin someter inicialmente al personal a las mismas condiciones de peligro que encontraría en una maniobra real.

Estos sistemas pueden recrear, con distintos niveles de realismo, la conducción de vehículos, el manejo de plataformas, la coordinación de unidades o la respuesta ante situaciones imprevistas. También facilitan repetir un ejercicio tantas veces como sea necesario y analizar posteriormente los errores cometidos.

  • Entrenamiento en entornos controlados: permite ensayar procedimientos sin utilizar de entrada medios y escenarios de máximo riesgo.
  • Repetición de situaciones críticas: los equipos pueden practicar emergencias difíciles de reproducir de forma segura en el terreno.
  • Evaluación objetiva: los sistemas pueden registrar tiempos de respuesta, decisiones y fallos para mejorar la preparación.
  • Ahorro de recursos: parte de la instrucción puede realizarse sin consumir combustible, munición o componentes sometidos a desgaste.

La realidad virtual, la realidad aumentada y los modelos digitales también pueden ayudar a preparar misiones y familiarizar a las unidades con determinados espacios. Sin embargo, estas herramientas no sustituyen por completo el entrenamiento físico ni la experiencia sobre el terreno. Su función debe ser complementaria y formar parte de una estrategia global de seguridad.

Más prevención y mejores protocolos

El uso de tecnología solo resulta eficaz si se acompaña de procedimientos actualizados, mantenimiento adecuado de los equipos y una formación suficiente para instructores y soldados. Un simulador no elimina el riesgo, pero sí puede reducir la exposición innecesaria y detectar deficiencias antes de trasladar un ejercicio a un entorno real.

En este sentido, la muerte registrada en San Gregorio vuelve a plantear la necesidad de revisar cómo se planifican las actividades militares, cómo se informa de los riesgos y qué recursos tienen las unidades para prevenir accidentes. También obliga a analizar si las medidas adoptadas se aplican de manera homogénea en todas las instalaciones y unidades.

ATME reclama que el fallecimiento no quede únicamente en una investigación administrativa. La asociación pide que las conclusiones sirvan para corregir posibles carencias y para avanzar en un marco de protección que tenga en cuenta la naturaleza de la profesión militar.

Mientras se esclarecen las causas del suceso, la reivindicación mantiene su vigencia: quienes participan en maniobras y operaciones deben contar con la máxima seguridad posible, y sus familias necesitan garantías claras cuando el servicio termina en tragedia.

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