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El 75% de las enfermedades infecciosas emergentes tiene origen animal

El contacto entre personas, animales y medio ambiente desempeña un papel decisivo en la aparición de nuevas amenazas para la salud. Se estima que alrededor del 75% de las enfermedades infecciosas emergentes tiene origen animal, una realidad que conecta la salud pública con la veterinaria, la agricultura y la protección de los ecosistemas.

Una infección detectada inicialmente en una granja puede acabar afectando a trabajadores, consumidores o comunidades cercanas. Del mismo modo, un animal silvestre enfermo puede transmitir un patógeno a una mascota y, posteriormente, poner en riesgo a las personas que conviven con ella.

La salud humana y animal están estrechamente relacionadas

Las llamadas zoonosis son enfermedades infecciosas que pueden transmitirse de los animales a las personas. Algunas se propagan por contacto directo, mientras que otras requieren la intervención de alimentos, agua, insectos u otros vectores.

La transmisión no siempre se produce de forma inmediata ni implica el mismo nivel de riesgo. Depende del microorganismo, de la vía de contagio, del estado de salud de la persona expuesta y de las condiciones ambientales. Sin embargo, la vigilancia temprana resulta esencial para evitar que un episodio local se convierta en un problema de salud pública.

Este enfoque conjunto se conoce como Una sola salud o One Health. Su objetivo es coordinar la prevención, la detección y la respuesta ante enfermedades que afectan a las personas, los animales y el entorno.

Granjas y explotaciones ganaderas: puntos clave de prevención

Las explotaciones ganaderas concentran animales, trabajadores, piensos, agua y materiales que pueden favorecer la circulación de agentes infecciosos. Por ello, las medidas de bioseguridad son una herramienta fundamental para reducir el riesgo.

  • Limitar el acceso de personas ajenas a la explotación y utilizar ropa y calzado específicos.
  • Separar, observar y controlar a los animales recién incorporados.
  • Garantizar la limpieza y desinfección de instalaciones, equipos y vehículos.
  • Evitar el contacto entre animales domésticos, ganado y fauna silvestre.
  • Comunicar rápidamente cualquier aumento de mortalidad o enfermedad.

La identificación de signos anómalos, como fiebre, problemas respiratorios, diarrea, lesiones o cambios bruscos de comportamiento, permite activar antes los protocolos veterinarios. Cuanto más rápida sea la respuesta, menores serán las posibilidades de propagación y las pérdidas económicas.

El papel de la fauna silvestre y las mascotas

La expansión urbana, la transformación del territorio y el cambio climático están modificando el contacto entre especies. En algunas zonas, animales silvestres y domésticos comparten espacios, alimentos o fuentes de agua, lo que puede facilitar el salto de determinados microorganismos.

Las mascotas también forman parte de esta cadena de prevención. Perros y gatos pueden entrar en contacto con animales enfermos, cadáveres, excrementos o superficies contaminadas durante los paseos. Mantener al día la vacunación y la desparasitación, evitar que cacen y consultar al veterinario ante síntomas inusuales son medidas sencillas que reducen riesgos.

En caso de encontrar un animal silvestre herido o muerto, no se debe manipular con las manos desnudas. Lo más prudente es avisar a los servicios de recogida de fauna o a las autoridades competentes, especialmente si aparecen varios ejemplares afectados en la misma zona.

Prevenir infecciones también ayuda a frenar la resistencia a los antibióticos

La prevención de las enfermedades infecciosas tiene otra consecuencia importante: contribuye a reducir el uso innecesario de antibióticos. Estos medicamentos solo son eficaces frente a determinadas bacterias y no deben utilizarse para tratar infecciones víricas salvo que exista una indicación médica concreta.

Cuando una infección bacteriana no se evita o no se diagnostica correctamente, puede aumentar la necesidad de administrar tratamientos. El uso excesivo o inadecuado de antibióticos favorece la aparición de bacterias resistentes, capaces de sobrevivir a medicamentos que antes resultaban eficaces.

La resistencia antimicrobiana afecta a la medicina humana y veterinaria. Por eso, los antibióticos deben emplearse únicamente bajo prescripción, respetando la dosis y la duración indicadas, y nunca compartirse ni guardarse para futuras ocasiones.

Vigilancia coordinada para anticiparse a nuevas amenazas

La prevención de las enfermedades infecciosas emergentes requiere compartir información entre centros sanitarios, profesionales veterinarios, laboratorios, autoridades ambientales y sector agroganadero. Los datos sobre animales enfermos pueden ofrecer señales tempranas antes de que aparezcan casos en la población.

También es importante que la ciudadanía conozca las recomendaciones básicas: lavarse las manos tras tocar animales, cocinar correctamente los alimentos, consumir agua segura y buscar atención sanitaria ante síntomas persistentes después de una exposición de riesgo.

El origen animal de una gran parte de las infecciones emergentes no significa que todas vayan a transmitirse a las personas. Sí subraya, en cambio, la necesidad de actuar antes de que el problema crezca. Proteger la salud humana pasa por cuidar a los animales, preservar el entorno y mantener una vigilancia coordinada.

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