La salud de las becerras, clave para la rentabilidad de las granjas lecheras
La prevención de enfermedades en las primeras semanas de vida se ha convertido en una de las prioridades para las explotaciones lecheras. Una becerra sana tiene más posibilidades de alcanzar un desarrollo adecuado, incorporarse al rebaño productivo y ofrecer mejores resultados a largo plazo.
Huvepharma sitúa la salud neonatal en el centro de la gestión de los hatos lecheros. La compañía defiende que la rentabilidad de un establo no empieza cuando la futura vaca entra en producción, sino desde el nacimiento, mediante protocolos que reduzcan los riesgos y favorezcan un crecimiento equilibrado.
Las primeras horas marcan la diferencia
El periodo neonatal es especialmente sensible. Durante los primeros días, el sistema inmunitario de la becerra todavía está en desarrollo y depende en gran medida de los cuidados recibidos tras el parto. La atención temprana permite disminuir la incidencia de trastornos digestivos, infecciones respiratorias y otras patologías frecuentes en esta etapa.
Entre las medidas esenciales se encuentra la administración rápida y suficiente de calostro de calidad. Este primer alimento aporta inmunoglobulinas, energía y nutrientes fundamentales para ayudar a la cría a afrontar sus primeras horas de vida.
La recogida, conservación y suministro del calostro deben realizarse bajo condiciones higiénicas. También resulta importante comprobar que la becerra lo ingiere correctamente y que recibe una cantidad adecuada, siempre dentro de un protocolo adaptado a las condiciones de cada explotación.
Prevención frente a diarreas y problemas respiratorios
Las diarreas neonatales se encuentran entre las principales causas de enfermedad y mortalidad en las becerras. Además de comprometer su crecimiento, pueden generar gastos veterinarios, aumentar la necesidad de tratamientos y elevar el riesgo de bajas durante la crianza.
La prevención exige actuar sobre varios factores al mismo tiempo. La higiene de los alojamientos, la limpieza de cubos y tetinas, la calidad del agua y la correcta preparación de la leche son elementos decisivos. También es necesario evitar la humedad, las corrientes de aire y la acumulación de materia orgánica en las instalaciones.
Los problemas respiratorios requieren igualmente una vigilancia constante. Una ventilación insuficiente, una elevada concentración de animales o los cambios bruscos de temperatura pueden favorecer la aparición de cuadros clínicos. Detectar a tiempo la tos, la respiración acelerada, la secreción nasal o la pérdida de apetito permite intervenir antes de que el proceso empeore.
Un enfoque integral para la salud del rebaño
La prevención no depende de una única medida. Requiere combinar alimentación, bioseguridad, manejo, limpieza, bienestar animal y seguimiento veterinario. Para Huvepharma, este enfoque integral permite reducir los riesgos sanitarios y mejorar la eficiencia de las granjas a medio y largo plazo.
La planificación debe comenzar incluso antes del parto. La condición corporal de la madre, la higiene de la zona de paridera y la supervisión del nacimiento influyen en la vitalidad de la becerra. Un entorno limpio y preparado ayuda a reducir la exposición inicial a microorganismos potencialmente patógenos.
- Preparar las áreas de parto y crianza con protocolos de limpieza y desinfección.
- Garantizar el suministro temprano de calostro de calidad.
- Controlar la temperatura, la ventilación y la humedad de los alojamientos.
- Revisar diariamente el consumo de alimento, el comportamiento y el estado general.
- Registrar los casos de enfermedad para identificar patrones y corregir fallos de manejo.
La observación diaria como herramienta de prevención
El personal de la granja desempeña un papel fundamental. La observación rutinaria permite identificar cambios sutiles antes de que aparezcan signos evidentes de enfermedad. Una becerra que permanece aislada, reduce el consumo o tarda más en levantarse puede estar mostrando las primeras señales de un problema.
Contar con registros de peso, crecimiento, tratamientos y episodios clínicos facilita la toma de decisiones. Estos datos ayudan a valorar si el programa de crianza funciona y permiten comparar resultados entre lotes o periodos de tiempo.
La colaboración con el veterinario es esencial para establecer medidas preventivas adaptadas a cada explotación. Los protocolos deben tener en cuenta el sistema de alojamiento, el tamaño del rebaño, la presión de infección y los antecedentes sanitarios de la granja.
Invertir en las becerras para proteger el futuro
Una crianza saludable no solo reduce las pérdidas asociadas a la mortalidad y a los tratamientos. También favorece un desarrollo más uniforme, disminuye la edad al primer parto y puede contribuir a una mayor vida productiva del animal.
Por este motivo, la atención a las becerras debe entenderse como una inversión estratégica y no como un coste aislado. La prevención de enfermedades en la etapa neonatal tiene consecuencias directas sobre el bienestar animal, la eficiencia productiva y la sostenibilidad económica de los establos.
El mensaje para las explotaciones lecheras es claro: cuidar la salud desde el nacimiento permite construir un rebaño más fuerte y rentable. La combinación de buenas prácticas, control sanitario y asesoramiento profesional ofrece la base para afrontar los retos actuales de la producción ganadera.


