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El Clínic y el Hospital del Mar incorporan la tecnología 3D al quirófano

La tecnología 3D empieza a consolidarse como una herramienta de apoyo en la práctica quirúrgica de los hospitales catalanes. El Hospital Clínic de Barcelona y el Hospital del Mar están llevando estas soluciones al quirófano con un objetivo claro: mejorar la planificación de las intervenciones, facilitar la toma de decisiones y ofrecer una atención más personalizada a cada paciente.

La incorporación de modelos tridimensionales permite transformar las imágenes obtenidas mediante pruebas diagnósticas en representaciones anatómicas más comprensibles. De este modo, los equipos médicos pueden estudiar con mayor detalle la zona que deben intervenir antes de entrar en el quirófano y anticipar las dificultades que puedan surgir durante la operación.

El avance no se limita a visualizar órganos o estructuras en tres dimensiones. La tecnología también abre la puerta a crear modelos físicos, diseñar guías quirúrgicas y preparar estrategias adaptadas a la anatomía concreta de cada persona. La previsión de los centros es que esta inversión genere más valor a medida que se integre en distintos procesos asistenciales.

Una herramienta para planificar mejor las operaciones

En una intervención compleja, disponer de una imagen tridimensional puede ayudar a interpretar relaciones anatómicas que resultan más difíciles de analizar en una pantalla convencional. Los profesionales pueden revisar el caso desde diferentes ángulos, identificar zonas de riesgo y valorar con antelación cuál es el abordaje más adecuado.

Esta preparación previa puede contribuir a reducir la incertidumbre y a coordinar mejor el trabajo de los equipos de cirugía, anestesia, enfermería y diagnóstico por la imagen. También facilita que los especialistas compartan una representación común del caso, algo especialmente relevante cuando participan varias disciplinas.

La impresión 3D permite, además, disponer de reproducciones físicas de determinadas estructuras anatómicas. Estos modelos pueden utilizarse para estudiar patologías concretas, preparar intervenciones de alta complejidad o explicar al paciente y a su entorno cuál es el problema y cómo se plantea resolverlo.

Más personalización y apoyo a los profesionales

Una de las principales ventajas de la impresión y el modelado 3D es la posibilidad de adaptar el material a las características de cada paciente. Frente a soluciones estandarizadas, los dispositivos y las guías quirúrgicas pueden diseñarse a partir de las imágenes clínicas de la persona que será intervenida.

Esta personalización puede ser especialmente útil en cirugía reconstructiva, traumatología, neurocirugía, cirugía maxilofacial y otras áreas en las que la forma y la posición de las estructuras tienen un papel determinante. El uso de estas herramientas no sustituye la experiencia del cirujano, pero sí aporta información adicional para respaldar sus decisiones.

La tecnología también puede tener una función formativa. Los modelos tridimensionales ofrecen a los profesionales en formación una forma práctica de estudiar la anatomía y ensayar determinadas estrategias en un entorno controlado. En paralelo, permiten preparar sesiones clínicas más visuales y mejorar la comunicación entre especialistas.

Una inversión orientada a generar valor

La llegada de la tecnología 3D al quirófano requiere inversión en equipos, programas informáticos, personal especializado y circuitos de validación. También obliga a establecer criterios para decidir en qué casos aporta un beneficio real y cómo debe incorporarse a los protocolos asistenciales.

La apuesta del Clínic y del Hospital del Mar parte de una idea central: cada euro destinado a estas soluciones debe traducirse en más valor para el sistema sanitario y, sobre todo, para los pacientes. Esto implica evaluar su impacto no solo desde el punto de vista tecnológico, sino también clínico, organizativo y económico.

Entre los aspectos que deben analizarse figuran la utilidad de los modelos en la preparación de las intervenciones, el tiempo necesario para producirlos, su contribución a la seguridad del paciente y el posible ahorro derivado de una mejor planificación. La tecnología tendrá que demostrar que puede integrarse de forma eficiente en la actividad diaria.

El reto de pasar de proyectos concretos a una herramienta habitual

Uno de los desafíos consiste en extender el uso de la tecnología 3D más allá de casos excepcionales. Para ello será necesario formar a los equipos, definir responsabilidades y garantizar que los modelos se generan a partir de información clínica fiable y con los niveles de precisión exigidos en el entorno quirúrgico.

También será importante asegurar la interoperabilidad entre los sistemas de imagen médica, las plataformas de diseño y los equipos de fabricación. La gestión de los datos del paciente deberá cumplir, además, con las normas de privacidad y seguridad aplicables al ámbito sanitario.

La experiencia de estos dos hospitales puede servir para identificar qué aplicaciones ofrecen mejores resultados y cuáles son las condiciones necesarias para incorporarlas a otros centros. El objetivo final es que el 3D deje de ser una tecnología experimental y se convierta en un recurso integrado en la atención médica cuando aporte una ventaja concreta.

Un paso hacia la cirugía personalizada

La incorporación de herramientas 3D representa una evolución en la forma de preparar y ejecutar determinadas operaciones. Al combinar imágenes médicas, diseño digital e impresión especializada, los profesionales pueden acercarse a una cirugía más precisa, comprensible y adaptada a cada anatomía.

El Clínic y el Hospital del Mar avanzan así en una línea tecnológica que conecta la innovación con las necesidades reales del sistema sanitario. El éxito de esta transformación dependerá de que las soluciones lleguen al quirófano con utilidad demostrada, sin perder de vista que la prioridad sigue siendo mejorar la seguridad, los resultados y la experiencia de los pacientes.

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