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Enfermería impulsa un curso para recuperar el humanismo en la atención sanitaria

La Universidad de Navarra y la Fundación Humans, en colaboración con Merck, han puesto en marcha un programa de formación dirigido a reforzar la atención centrada en la persona dentro de la práctica enfermera. La iniciativa parte de una idea clave: el humanismo no debe quedar reducido a una declaración de intenciones, sino que puede aprenderse, entrenarse y evaluarse.

El curso nace en un contexto marcado por la expansión de la tecnología sanitaria, la presión asistencial y la creciente complejidad de los cuidados. Aunque las herramientas digitales y los avances clínicos permiten mejorar diagnósticos y tratamientos, también plantean el reto de preservar la relación personal entre profesionales, pacientes y familias.

La persona, en el centro de los cuidados

La atención centrada en la persona propone mirar más allá de la enfermedad o del procedimiento. Su objetivo es comprender las necesidades, los valores, las preocupaciones y las circunstancias de cada paciente para incorporarlos a la toma de decisiones y al acompañamiento durante el proceso asistencial.

En enfermería, esta perspectiva tiene una importancia especial. La cercanía y la continuidad del contacto convierten a estos profesionales en una figura esencial para detectar cambios en el estado físico y emocional, explicar la información clínica y ofrecer apoyo en momentos de vulnerabilidad.

El programa plantea el humanismo como una competencia profesional que puede desarrollarse de forma estructurada. Esto implica trabajar habilidades relacionadas con la comunicación, la escucha activa, la empatía, el respeto a la autonomía y la capacidad de adaptar los cuidados a la realidad de cada persona.

Una respuesta a la alta tecnificación de la sanidad

La digitalización está transformando los hospitales y centros de salud. La inteligencia artificial, la monitorización remota, la historia clínica electrónica y otras soluciones tecnológicas agilizan procesos y aportan nuevas posibilidades para la atención. Sin embargo, su incorporación también puede aumentar la distancia entre el profesional y el paciente si la interacción queda limitada a pantallas, datos o protocolos.

La propuesta formativa busca contribuir a un equilibrio entre innovación y acompañamiento. La tecnología puede ayudar a cuidar mejor, pero no sustituye la conversación, la comprensión del contexto personal ni la presencia profesional cuando una persona afronta un diagnóstico, un tratamiento complejo o una situación de final de vida.

Desde este enfoque, la calidad asistencial no se mide únicamente por los resultados clínicos. También incluye la experiencia del paciente, la claridad de la información recibida, el respeto a sus decisiones y la percepción de haber sido tratado con dignidad.

Del valor ético a la práctica diaria

Uno de los principales desafíos de la atención humanizada es trasladar sus principios a situaciones concretas. La falta de tiempo, la sobrecarga de trabajo y la presión organizativa pueden dificultar una relación más reposada con los pacientes. Por eso, la formación pretende ofrecer herramientas que permitan integrar esta mirada en la actividad cotidiana.

Escuchar sin interrumpir, comprobar que la información se ha entendido, identificar las preferencias del paciente o reconocer sus miedos son acciones sencillas, pero decisivas. También lo es cuidar el lenguaje, respetar la intimidad y evitar que la persona quede definida únicamente por su diagnóstico o por las pruebas que necesita.

La evaluación de estas capacidades representa otro elemento relevante. Si la comunicación y el trato humanizado se consideran parte de la competencia enfermera, deben poder observarse y recibir retroalimentación, igual que sucede con otros conocimientos y destrezas clínicas.

Una formación con impacto en profesionales y pacientes

La iniciativa también pone el foco en el bienestar de los propios profesionales. Trabajar en entornos sanitarios exigentes puede generar desgaste emocional y sensación de pérdida de sentido. Reforzar el propósito de los cuidados y recuperar la dimensión relacional de la profesión puede ayudar a mejorar la satisfacción laboral y la calidad de los equipos.

Para los pacientes, una atención más humana puede traducirse en una mayor confianza, una mejor comprensión de las decisiones clínicas y una participación más activa en su propio proceso. La relación terapéutica se convierte así en una parte del cuidado, no en un elemento añadido o secundario.

La colaboración entre la Universidad de Navarra, Fundación Humans y Merck refleja la necesidad de abordar este reto desde distintos ámbitos: la formación académica, la reflexión sobre la humanización y el conocimiento de la innovación sanitaria. El objetivo común es que los avances tecnológicos se pongan al servicio de una asistencia más cercana, respetuosa y personalizada.

En un sistema sanitario cada vez más sofisticado, recuperar el humanismo no significa renunciar a la tecnología. Significa utilizarla sin perder de vista a quien debe estar en el centro de cualquier decisión asistencial: la persona.

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