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Fenin reclama una estrategia tecnológica para transformar la sanidad

La Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria, Fenin, plantea al próximo Gobierno una hoja de ruta basada en cuatro ejes prioritarios para acelerar la modernización del sistema sanitario. El objetivo es que la tecnología deje de abordarse como una suma de proyectos aislados y se convierta en una política de Estado, con financiación estable, objetivos medibles y coordinación entre administraciones.

La propuesta llega en un momento marcado por el envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas, la presión sobre los profesionales y la necesidad de mejorar la eficiencia del sistema. En este contexto, la digitalización, los dispositivos médicos, los datos clínicos y la inteligencia artificial pueden contribuir a una atención más preventiva, personalizada y sostenible.

Una transformación tecnológica con visión de largo plazo

Fenin considera necesario que el próximo Ejecutivo establezca una estrategia común para orientar la innovación sanitaria en los próximos años. Esta planificación debería coordinar las actuaciones de la Administración General del Estado y de las comunidades autónomas, evitando desigualdades en el acceso a soluciones tecnológicas y reduciendo la fragmentación del sistema.

La organización defiende que la transformación digital no puede limitarse a incorporar nuevas herramientas. También exige revisar procesos, actualizar infraestructuras, formar a los profesionales y garantizar que las soluciones implantadas responden a necesidades clínicas reales. La tecnología, por tanto, debe situarse al servicio de los pacientes y de los equipos sanitarios.

Los cuatro ejes prioritarios

1. Gobernanza y planificación sanitaria

El primer eje pasa por reforzar la gobernanza de la innovación. Fenin reclama una visión transversal que permita definir prioridades, establecer indicadores y evaluar el impacto de cada iniciativa. La coordinación entre los distintos niveles de la sanidad pública resulta esencial para compartir aprendizajes, aprovechar inversiones y evitar que cada territorio avance a velocidades diferentes.

Esta planificación también debería facilitar una mayor colaboración entre el sector público, las empresas tecnológicas, los centros de investigación y los profesionales sanitarios. El diálogo entre todos estos actores puede ayudar a identificar los principales retos asistenciales y a desarrollar respuestas más ajustadas a la práctica clínica.

2. Datos interoperables e inteligencia artificial

El segundo eje se centra en el uso seguro y eficiente de los datos sanitarios. La interoperabilidad entre sistemas es una condición imprescindible para que la información acompañe al paciente allí donde recibe atención y para que los profesionales puedan tomar decisiones con una visión completa de su historial.

Sobre esta base, la inteligencia artificial puede impulsar avances en ámbitos como el diagnóstico, la detección temprana de riesgos, la gestión de recursos o el seguimiento de pacientes crónicos. Sin embargo, su desarrollo debe estar acompañado de garantías de privacidad, ciberseguridad, transparencia y supervisión humana.

El reto no consiste únicamente en acumular datos, sino en asegurar que sean fiables, accesibles y utilizables. También será necesario definir criterios comunes para validar las herramientas digitales y medir sus resultados antes de extenderlas al conjunto del sistema sanitario.

3. Financiación, inversión y contratación pública

El tercer ámbito prioritario es la financiación. La transformación tecnológica requiere inversiones continuadas en equipamiento, conectividad, software, mantenimiento y capacitación. Fenin aboga por superar una visión basada exclusivamente en el coste inicial y valorar el impacto global de cada solución sobre la calidad asistencial, la eficiencia y los resultados en salud.

En este punto, la contratación pública desempeña un papel determinante. Los procedimientos deberían facilitar la incorporación de innovación y tener en cuenta aspectos como el ciclo de vida de los productos, la interoperabilidad, la sostenibilidad y la capacidad de actualización. Una compra sanitaria orientada a resultados puede favorecer soluciones más eficaces y evitar inversiones que queden obsoletas en poco tiempo.

4. Innovación, industria y talento

El cuarto eje busca consolidar un ecosistema nacional de tecnología sanitaria. Para ello, es necesario impulsar la investigación, apoyar a las empresas innovadoras y facilitar la transferencia de conocimiento desde universidades, hospitales y centros tecnológicos hacia la práctica asistencial.

La disponibilidad de profesionales cualificados será igualmente decisiva. La digitalización demanda nuevas competencias tanto entre los sanitarios como en los perfiles técnicos y de gestión. La formación continua debe permitir que los equipos conozcan las herramientas disponibles, interpreten correctamente sus resultados y participen en el diseño de soluciones adaptadas a sus necesidades.

El paciente, en el centro de la innovación

La modernización de la sanidad solo tendrá sentido si se traduce en una mejor experiencia para los pacientes. Esto implica reducir tiempos de espera, facilitar el acceso a la atención, mejorar la continuidad asistencial y ofrecer más capacidad de seguimiento fuera del hospital. También requiere garantizar que las personas con menos competencias digitales no queden excluidas.

La propuesta de Fenin sitúa así la tecnología como una herramienta para fortalecer el sistema sanitario, no como un fin en sí mismo. El próximo Gobierno tendrá que convertir estos principios en medidas concretas, con recursos suficientes y una evaluación permanente de sus resultados. La capacidad de España para responder a los retos de la sanidad dependerá, en buena medida, de que esta transformación se aborde de forma coordinada, sostenible y centrada en las personas.

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