La precarización del apicultor: la amenaza ‘oculta’ para las abejas de la miel

-FOTODELDÍA- MONGOFRE (MENORCA), 19/05/2021.- Vista de una abeja en una colmena de Mongofre, Menorca este miércoles. La producción de miel en Menorca vive su peor año de las últimas dos décadas, según asegura el apicultor y propietario de la empresa Dolçamar, Toni Anglada, quien lo atribuye a la falta de lluvias en la primavera. EFE/David Arquimbau Sintes

Desde hace miles de años ya nos conocemos las abejas y los humanos. Una fe de esto ha sido la imagen prehistórica de la mujer que se encuentra rodeada de abejas que, canasto en mano y desde una escalera, mete la mano en la colmena para recoger su miel. Una persona, hace alrededor de 10.000 años, ha considerado relevante que se documentara dicha hazaña en la cueva de la Araña en Valencia. Y ha parecido lógico, ya que, ¿Qué persona arriesgaría su vida de esta forma si no fuese por un elixir extremamente valioso? La miel, es el fin de la existencia de las abejas melíferas, ha sido nuestro edulcorante y relevante fuente calórica por milenios. Sin embargo, después de 30 millones de años de existencia, las abejas, que siempre fueron autosuficientes, han empezado a morir y en la actualidad su supervivencia este dependiendo de la incansable labor de los apicultores.

«Estamos en tabla rasa tanto en número de colmenas como en abejas. En otoño mueren miles de colmenas, pero nosotros tenemos la ventaja y la capacidad de lograr recuperar esa población. La abeja de miel depende exclusivamente de los apicultores. Eso es justamente lo que alarma, ¿qué le pasa al resto de las abejas»?, se ha preocupado Mario Navarro, quien es el presidente de la Asociación Española de Apicultores. A nivel mundial hay alrededor de 20.000 especies de abejas, de las que, unas 2.500 se hallan en Europa. Todas estas, junto a lo que resta de polinizadores como mariposas, murciélagos o aves, que hacen una función clave para la existencia: polinizar.

Básicamente, la polinización es la fecundación de las plantas, lo que significa el origen de la vida de todo lo que crece en la tierra. Debido a esta tenemos tanto flores en primavera como manzanas, almendras, alubias, coles, tomates, cítricos y un largo etcétera de alimentos y medicamentos que se derivan de dicha plantas. Un tercio de la producción agrícola mundial, que comprende los 87 cultivos alimentarios más relevantes para los humanos, necesitan ser polinizados. También, el 75% de los cultivos de todo el planeta que se encargan de producir frutas o semillas para el uso humano son dependientes, en gran o menor medida, de los polinizadores, conforme a datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO). «La abeja es un eslabón del medio natural del cual dependen tanto los ecosistemas como el ser humano y nos está diciendo que los ecosistemas están en un grave peligro», ha asegurado Navarro.

La particularidad que tiene la abeja es que, en comparación de los otros polinizadores, es una profesional, lo que quiere decir, es que lo hace de manera intencional, porque depende del polen de las flores como alimento proteico. No obstante, en la actualidad el 40% de los polinizadores invertebrados como abejas y mariposas se hallan en peligro de extinción. Y Europa tiene otro problema: el 37% de las poblaciones de abejas se encuentra disminuyendo, conforme ha indicado el informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por sus siglas en inglés). Si la abeja peligra, de igual forma lo hace la producción alimentaria mundial.

También, la labor de polinización que hacen tanto la abeja como otros polinizadores se encuentra cifrada en unos 265.000 millones de euros anuales a nivel mundial, al rededor de 22.000 millones para Europa y más de 2.400 millones de euros para España, conforme al informe Alimentos Bajo Amenaza de Greenpeace. «La Unión Europea dice que si la abeja desaparece, desaparecen el 76% de los alimentos que producimos. Perderíamos 150 mil millones de euros en el mercado agrícola», ha asegurado Navarro.

¿POR QUÉ se encuentran MURIENDO LAS ABEJAS?

Existe una serie de factores en la que su interacción entre sí son el cóctel letal para todas las abejas, llamado Síndrome de despoblamiento de colmenas (SDC). «Hace 20 años que las abejas tienen una pandemia encima, se llama Varroa destructor», contaba Navarro. Refiriéndose a un parásito que es de origen asiático que se cría en colmenas y las destruye de forma masiva. Otro problema ha sido el cambio climático el cual ha comprometido los hábitats de estas especies, como también la utilización de agrotóxicos fitosanitarios, especialmente los neonicotinoides: «España lo consume de manera masiva tanto de la administración pública como de uso privado; como el Glifosato de Monsanto. Estamos comprometiendo el futuro de nuestros hijos y nietos», se ha lamentado.

Ha incrementado y ha tenido una transformación el constante crescendo de la demografía humana, la manera de hacer agricultura desde la Segunda Guerra Mundial. Cultivos como la alfalfa, que son nutritivos para las abejas, se han dejado de plantar y han sido sustituidos por herbicidas. También, la extensión de los monocultivos han eliminado una gran parte de las plantas que las abejas necesitan para su supervivencia. ‘España, la huerta de Europa’, esta frase que se ha hecho desde hace tantos años ha coincidido de igual forma con el hecho de que España es el país que más sustancias químicas usa en sus plantaciones.

Gerardo Pérez es un apicultor y docente que tiene más de 45 años de experiencia, el cual lidera el proyecto didáctico Aula Museo de Abejas del Valle en Ávila. Acaba de ser vacunado, sin embargo, por medio del teléfono su voz es sombría al hablar de la situación de su pasión: «Puede ser que las abejas tengan el sistema inmunológico debilitado por los tratamientos contra la varroa por los agricultores, ya que no hay productos alternativos. Lo cierto es que este año ha sido una hecatombe, han muerto más de un 50% de abejas», ha asegurado.

LOS GUARDIANES DE LA ABEJA

Es una tradición milenaria la apicultura. Y por los múltiples retos a los cuales nos estamos enfrentando tanto los seres humanos como las abejas en la actualidad, la relación de abejas-apicultor se ha estado volviendo  simbiótica. Lo que quiere decir, que se ha llegado a un punto en que si los apicultores llegaran a desaparecer, lo hicieran de igual forma las abejas melíferas.

No obstante, en España continúa siendo un oficio que se puede aprender de generación en generación. «Desde la asociación llevamos meses hablando con políticos para introducir la apicultura en el sistema educativo. Queremos que en los comedores se introduzca la miel como un alimento sano y que se establezca una formación profesional, ya que a día de hoy es inexistente», ha comentado el presidente.

La gran parte de los apicultores no son profesionales, no obstante, todos tienen que etiquetar y pagar los impuestos que les corresponden. Existen  al rededor de 2.400.000 colmenas en España, lo que quiere aproximadamente 72.000 millones de abejas, conforme a datos del Ministerio de Transición Ecológica. Paradójicamente, «probablemente en España sea el momento en que más colmenas hay. Sin embargo, el sector está en bancarrota porque la comercialización de los precios es muy barata y la reglamentación no es muy estricta en cuanto a etiquetado», ha afirmado Pérez.

La gran parte del censo de colmenas y de la producción de miel y cera es concentrada en las Comunidades Autónomas de Extremadura, Andalucía, Castilla y León y la Comunidad Valenciana. El censo apícola en 2018 ha reflejado unos 31.527 apicultores, de los que 5.537 eran apicultores profesionales y 23.952 correspondientes a apicultores no profesionales. Sin embargo para Pérez, el coste que ha asumido el apicultor para que se mantenga viva a la especie es de «laborioso y de gran costo económico» y en su opinión, para el Gobierno «el sector apícola no es tan importante como lo es su importancia ecológica». También, Navarro ha considerado que sea fundamental para la supervivencia de la especie y del sector «el relevo generacional, la subvención pública, la profesionalización y la adecuada conservación de la especie».

Pese a que la abeja no fuese incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, el Miteco elaboró un plan de conservación según las directrices de la Unión Europea. España ha aprobado en septiembre de 2020, la Estrategia Nacional para la Conservación de los Polinizadores. Este plan va a fomentar la promoción de hábitats favorables para los polinizadores, como también una mejora en su gestión y una reducción de los riesgos que se derivan de plagas, patógenos y especies invasoras. Así mismo han asegurado «la reducción del riesgo derivado del uso de productos fitosanitarios para polinizadores», como también la divulgación y la investigación de estas especies. De esta manera lo aseguró Noelia Vallejo, Jefa de Área de Estrategias y Planes de Conservación del Miteco.

 

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