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Casi 7 de cada 10 muertes en Argentina están relacionadas con enfermedades no transmisibles

Las enfermedades no transmisibles, también conocidas como enfermedades crónicas, están detrás de casi siete de cada diez muertes registradas en Argentina. Se trata de patologías que no se contagian entre personas y que, en muchos casos, evolucionan durante años antes de provocar complicaciones graves.

El grupo está formado principalmente por las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes. Aunque tienen causas diversas, comparten factores de riesgo como el consumo de tabaco, la alimentación poco saludable, la falta de actividad física y el consumo excesivo de alcohol.

Las enfermedades cardiovasculares, entre las principales causas

Las enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos ocupan un lugar destacado entre las causas de muerte en Argentina. Dentro de este grupo se encuentran el infarto de miocardio, el accidente cerebrovascular, la insuficiencia cardiaca y otras afecciones relacionadas con la circulación.

La hipertensión arterial, el colesterol elevado, la obesidad y el tabaquismo pueden aumentar considerablemente el riesgo cardiovascular. Uno de los problemas es que algunos de estos factores no producen síntomas durante mucho tiempo, por lo que muchas personas desconocen que los padecen.

La detección mediante controles periódicos permite identificar la presión arterial alta, alteraciones de la glucosa o niveles elevados de colesterol antes de que aparezcan daños importantes. También ayuda a establecer tratamientos y cambios de hábitos adaptados a cada paciente.

El cáncer mantiene un peso relevante en la mortalidad

El cáncer constituye otro de los grandes grupos de enfermedades no transmisibles. No se trata de una única enfermedad, sino de un conjunto de tumores que pueden afectar a distintos órganos y tejidos del organismo.

Entre los factores asociados se encuentran el tabaco, la exposición prolongada a la radiación ultravioleta, determinados hábitos alimentarios, el consumo de alcohol, algunas infecciones y la predisposición genética. La edad también influye en el riesgo de desarrollar muchos tipos de tumores.

La prevención y el diagnóstico precoz son dos herramientas esenciales. Las revisiones médicas, las pruebas de cribado recomendadas y la consulta ante síntomas persistentes pueden favorecer la detección en fases más tempranas, cuando las opciones de tratamiento suelen ser mayores.

Enfermedades respiratorias crónicas y diabetes

Las enfermedades respiratorias crónicas también contribuyen de forma significativa a la mortalidad. La enfermedad pulmonar obstructiva crónica, conocida como EPOC, y otras patologías que dificultan la respiración pueden limitar progresivamente la autonomía y la calidad de vida.

El tabaquismo es uno de los principales factores de riesgo, aunque no el único. La exposición a la contaminación ambiental, al humo de combustibles y a determinadas sustancias en el entorno laboral también puede perjudicar la salud pulmonar.

La diabetes, por su parte, aparece cuando el organismo no produce suficiente insulina o no utiliza adecuadamente esta hormona. Si no se controla, puede afectar al corazón, los riñones, la vista, los nervios y los vasos sanguíneos.

Un seguimiento sanitario adecuado, la alimentación equilibrada, el ejercicio y el cumplimiento del tratamiento son fundamentales para reducir las complicaciones. La diabetes tipo 2, además, está estrechamente vinculada al exceso de peso y al sedentarismo, aunque también intervienen factores hereditarios.

Factores de riesgo que sí pueden modificarse

La elevada proporción de muertes asociadas a enfermedades no transmisibles pone el foco en los hábitos cotidianos y en las condiciones sociales que influyen en la salud. Una parte importante del riesgo puede reducirse mediante medidas de prevención mantenidas a lo largo del tiempo.

  • No fumar y evitar la exposición habitual al humo del tabaco.
  • Seguir una alimentación variada, con más frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
  • Limitar la sal, los azúcares añadidos y los alimentos ultraprocesados.
  • Realizar actividad física con regularidad, adaptada a la edad y al estado de salud.
  • Moderar el consumo de alcohol y evitar los episodios de ingesta excesiva.
  • Controlar la presión arterial, el colesterol, la glucosa y el peso corporal.

La prevención requiere atención sanitaria continua

El impacto de estas enfermedades no se limita a las muertes que provocan. También generan discapacidad, tratamientos prolongados, hospitalizaciones y una importante carga para las familias y los sistemas de salud.

Por este motivo, la prevención no debe centrarse únicamente en las decisiones individuales. El acceso a la atención primaria, la disponibilidad de medicamentos, la promoción de entornos activos y la reducción de las desigualdades son elementos clave para mejorar los resultados.

Los datos reflejan una realidad común en muchos países: las enfermedades crónicas concentran una parte muy elevada de la mortalidad, pero una proporción relevante de sus factores de riesgo puede prevenirse o controlarse. Mantener revisiones médicas y consultar ante cualquier síntoma persistente sigue siendo una de las medidas más eficaces para proteger la salud.

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