El “Súper Niño” podría elevar el riesgo de algunas enfermedades en Chile
El fenómeno de El Niño, en su versión más intensa, podría prolongar sus efectos hasta 2027 y provocar cambios relevantes en las temperaturas y las precipitaciones. Aunque sus consecuencias no se limitan al clima, los especialistas advierten de que las lluvias torrenciales, las inundaciones y las olas de calor también pueden tener un impacto directo sobre la salud pública.
En Chile, este escenario podría favorecer la aparición o expansión de determinadas enfermedades infecciosas, sobre todo las transmitidas por mosquitos y las relacionadas con el consumo de agua o alimentos contaminados. El riesgo no implica que se produzca necesariamente una epidemia, pero sí que aumente la vigilancia sanitaria en las zonas más expuestas.
Más mosquitos tras las lluvias y el aumento de las temperaturas
El infectólogo y profesor titular de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes Carlos Pérez señala que uno de los principales motivos de preocupación es la combinación de calor y agua acumulada. Estos factores crean condiciones favorables para la reproducción de mosquitos capaces de transmitir virus.
Entre las enfermedades que podrían ganar relevancia se encuentran el dengue, el zika y la chikunguña. La presencia de estos virus depende de la circulación de los mosquitos vectores y de la llegada de personas infectadas desde otras regiones o países. Sin embargo, unas temperaturas más elevadas pueden ampliar el periodo de actividad de estos insectos y facilitar su expansión geográfica.
- Dengue: suele causar fiebre alta, dolor intenso de cabeza y detrás de los ojos, molestias musculares y articulares, además de náuseas o erupciones cutáneas.
- Chikunguña: se caracteriza especialmente por fiebre y dolor articular, que en algunos pacientes puede prolongarse durante semanas o meses.
- Zika: puede provocar fiebre leve, sarpullido, conjuntivitis y dolores articulares. Durante el embarazo requiere una atención especial por sus posibles complicaciones.
La recomendación es no banalizar una fiebre que aparece tras un viaje o después de haber estado en una zona con presencia de mosquitos. Consultar a un profesional permite confirmar el diagnóstico y evita la automedicación, especialmente con fármacos que pueden aumentar el riesgo de sangrado en algunos casos de dengue.
Inundaciones y contaminación del agua
Las precipitaciones intensas pueden desbordar ríos, dañar las redes de saneamiento y mezclar aguas residuales con fuentes destinadas al consumo. Esta situación incrementa el riesgo de infecciones gastrointestinales causadas por bacterias, virus o parásitos.
La diarrea, los vómitos, el dolor abdominal y la fiebre son algunos de los síntomas más habituales. También pueden aumentar los casos de hepatitis A, una infección que se transmite principalmente por vía fecal-oral y que puede propagarse cuando falla el acceso a agua segura o se deterioran las condiciones de higiene.
En contextos de inundación también debe considerarse la leptospirosis. Esta enfermedad bacteriana puede transmitirse por contacto con agua o barro contaminados por la orina de animales infectados. La fiebre, el dolor muscular intenso, el dolor de cabeza y el enrojecimiento de los ojos son señales que justifican una valoración médica, sobre todo tras participar en labores de limpieza.
El calor extremo también afecta a la salud
El posible “Súper Niño” no solo se relaciona con lluvias y temporales. El aumento de las temperaturas puede favorecer golpes de calor, deshidratación y empeoramiento de enfermedades cardiovasculares o respiratorias. Las personas mayores, los niños pequeños, las embarazadas y quienes tienen patologías crónicas son los grupos más vulnerables.
La exposición prolongada al calor puede causar debilidad, mareos, dolor de cabeza, calambres, náuseas y confusión. Si aparecen desorientación, pérdida de conciencia o una temperatura corporal muy elevada, se trata de una urgencia y es necesario solicitar asistencia sanitaria de inmediato.
Medidas para reducir el riesgo
Ante este escenario, las autoridades sanitarias recomiendan extremar las medidas de prevención, especialmente durante episodios de lluvias intensas o temperaturas extremas:
- Consumir únicamente agua potable o previamente hervida cuando exista riesgo de contaminación.
- Lavarse las manos con frecuencia y extremar la higiene al manipular alimentos.
- Eliminar recipientes, neumáticos y otros objetos donde pueda acumularse agua.
- Usar repelente, ropa que cubra brazos y piernas y mosquiteras en las zonas con mosquitos.
- Evitar caminar por aguas estancadas o barro sin protección adecuada.
- Mantener una buena hidratación y limitar la exposición al sol durante las horas centrales del día.
La evolución del fenómeno climático determinará su impacto final. Por ello, la vigilancia epidemiológica y la información oficial serán esenciales para detectar rápidamente cambios en la circulación de enfermedades y proteger a la población más expuesta.



