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El campo valenciano busca relevo generacional, tecnología y 150 millones para afrontar la crisis

La agricultura valenciana afronta una transformación urgente. El envejecimiento de los titulares de las explotaciones, los daños provocados por la DANA y la presión de unos mercados globales cada vez más competitivos obligan al sector a buscar nuevas respuestas. Entre las prioridades figuran atraer a más jóvenes, acelerar la digitalización y movilizar 150 millones de euros en ayudas para sostener la actividad y recuperar las zonas afectadas.

El dato demográfico resume buena parte del problema: solo el 5,8% de los agricultores valencianos tiene menos de 40 años. La falta de relevo amenaza la continuidad de muchas explotaciones familiares y dificulta la incorporación de nuevas capacidades en un sector que necesita más formación, inversión y adaptación tecnológica.

Una actividad esencial con un futuro incierto

El campo valenciano mantiene un peso estratégico en la economía y en la identidad de la Comunitat Valenciana. Los cítricos, las hortalizas, los frutales, el arroz, la viña y otros cultivos sostienen miles de empleos directos e indirectos. Sin embargo, la rentabilidad de muchas explotaciones se ha deteriorado por el aumento de los costes, la volatilidad de los precios y la competencia exterior.

A esta presión se suma el impacto de los fenómenos meteorológicos extremos. La DANA ha dejado daños en cultivos, caminos rurales, sistemas de riego, instalaciones y terrenos agrícolas. Para muchas familias, la recuperación no consiste únicamente en volver a producir, sino en reconstruir infraestructuras y decidir qué modelo de cultivo puede resistir mejor el nuevo escenario climático.

La respuesta económica planteada alcanza los 150 millones de euros. El objetivo es que estas ayudas sirvan tanto para reparar los daños como para modernizar las explotaciones, mejorar su capacidad de resistencia y evitar que el abandono de tierras se convierta en una consecuencia permanente de la emergencia.

El relevo generacional, una prioridad

La incorporación de jóvenes se ha convertido en uno de los principales retos de la agricultura valenciana. El problema no se limita a la falta de interés: también influyen el precio de la tierra, las dificultades para acceder a financiación, la burocracia y unos ingresos que no siempre compensan el esfuerzo y el riesgo asumidos.

Para cambiar esta tendencia, el sector reclama políticas estables y acompañamiento durante los primeros años. Las ayudas de instalación pueden ser un punto de partida, pero no bastan por sí solas. También hacen falta formación empresarial, asesoramiento técnico, acceso a terrenos y mejores canales de comercialización.

El perfil del agricultor del futuro será, además, más profesionalizado. La gestión de una explotación exige conocimientos de producción, contabilidad, logística, normativa, exportación y marketing. En este contexto, atraer a jóvenes con formación tecnológica o empresarial puede ayudar a renovar un sector que durante años ha dependido principalmente de la experiencia transmitida entre generaciones.

Más tecnología para producir mejor

La digitalización aparece como otra de las grandes vías de transformación. Sensores de humedad, estaciones meteorológicas, sistemas de riego inteligente, imágenes por satélite y herramientas de análisis de datos permiten ajustar el uso del agua y los tratamientos a las necesidades reales de cada parcela.

Estas soluciones pueden reducir costes y mejorar la productividad, pero su implantación debe adaptarse al tamaño de las explotaciones. Buena parte del campo valenciano está formado por pequeñas fincas y estructuras familiares que no siempre pueden asumir grandes inversiones. Por ello, las ayudas públicas y la cooperación entre productores serán determinantes para evitar una brecha tecnológica.

La tecnología también puede facilitar la trazabilidad de los alimentos, anticipar enfermedades y mejorar la planificación de las cosechas. En un mercado donde el consumidor reclama más información sobre el origen y la sostenibilidad de los productos, disponer de datos fiables puede convertirse en una ventaja comercial.

Competir en un mercado global

La agricultura valenciana no solo debe recuperarse de los daños recientes. También tiene que competir en un mercado internacional marcado por la entrada de productos de terceros países, la evolución de los acuerdos comerciales y unos costes de producción muy variables.

La diferenciación será clave. La calidad, la seguridad alimentaria, las variedades locales, la producción sostenible y la capacidad de garantizar el origen pueden reforzar la posición de los productos valencianos. Para lograrlo, será necesario mejorar la organización de los productores y aumentar su capacidad de negociación frente a la distribución.

El sector necesita, además, que las ayudas lleguen con rapidez y con procedimientos sencillos. La reconstrucción tras la DANA no puede quedar bloqueada por trámites prolongados, especialmente en explotaciones que necesitan recuperar cuanto antes sus cultivos e infraestructuras.

Una oportunidad para modernizar el campo

El reto valenciano va más allá de reparar los daños ocasionados por un episodio meteorológico. La crisis puede convertirse en una oportunidad para impulsar un modelo agrícola más joven, eficiente y preparado para el cambio climático.

El éxito dependerá de que las inversiones se mantengan en el tiempo y de que las medidas respondan a las necesidades reales de agricultores y cooperativas. Con relevo generacional, tecnología accesible y una estrategia de apoyo sostenida, el campo valenciano puede reforzar su capacidad para producir, generar empleo y seguir siendo una pieza esencial del territorio.

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