València reivindica que jugar a videojuegos también puede ser aprender, conectar y entrenar la mente
La campaña #JugarTambiénEs propone una mirada más amplia sobre los videojuegos y su papel en la sociedad. La iniciativa impulsada en València defiende que jugar no tiene por qué ser sinónimo de perder el tiempo: también puede servir para adquirir habilidades, relacionarse con otras personas y estimular capacidades cognitivas.
El mensaje llega en un momento en el que el videojuego forma parte de la vida cotidiana de millones de personas. Aunque durante décadas se ha asociado al aislamiento, la inactividad o la falta de productividad, la investigación académica ha identificado posibles beneficios vinculados a determinados géneros, experiencias y formas de juego.
Una actividad de ocio con muchas caras
Hablar de videojuegos como si fueran una realidad única resulta cada vez menos preciso. No es lo mismo una aventura narrativa que un título competitivo, un juego de estrategia, una experiencia cooperativa o una propuesta diseñada específicamente para aprender. Cada formato exige habilidades y genera dinámicas diferentes.
Los juegos de estrategia pueden favorecer la planificación y la toma de decisiones. Las aventuras y los títulos narrativos invitan a interpretar situaciones, comprender perspectivas y resolver problemas. Por su parte, las experiencias cooperativas requieren comunicación, coordinación y capacidad para alcanzar objetivos compartidos.
La campaña pone el foco precisamente en esa diversidad. Jugar también es pensar, crear, explorar, colaborar y expresar emociones. La intención no es presentar los videojuegos como una herramienta beneficiosa en cualquier circunstancia, sino reconocer que pueden aportar valor cuando se utilizan de forma equilibrada y adecuada a cada persona.
Aprendizaje más allá del aula
El potencial educativo de los videojuegos no se limita a las aplicaciones creadas para enseñar. Muchos juegos comerciales plantean retos que obligan a observar, formular hipótesis, gestionar recursos y aprender de los errores. En ese proceso, el jugador recibe información constante y adapta sus decisiones a las consecuencias.
Esta mecánica de prueba y aprendizaje puede resultar especialmente motivadora. El error deja de ser únicamente un resultado negativo y se convierte en una oportunidad para modificar la estrategia. Además, la interacción directa permite que determinados conceptos se comprendan mediante la práctica, en lugar de hacerlo solo a través de la memorización.
También existen videojuegos que acercan al público a la historia, la ciencia, el arte o la literatura. Algunos recrean periodos históricos, otros simulan fenómenos complejos y muchos construyen mundos que estimulan la curiosidad. En todos los casos, su utilidad depende del contexto y de la manera en la que se acompañe la experiencia.
Conectar en lugar de aislar
Otra de las ideas centrales de #JugarTambiénEs es que jugar no implica necesariamente hacerlo a solas. El auge de las partidas cooperativas, los juegos de mesa digitales, las comunidades en línea y las competiciones ha convertido el videojuego en un espacio de encuentro para personas de edades y procedencias muy distintas.
Compartir una partida puede reforzar la comunicación entre familiares y amistades. En los juegos cooperativos, además, cada participante suele asumir un papel dentro del equipo, lo que obliga a escuchar, negociar y coordinarse. Estas dinámicas pueden favorecer la interacción social, siempre que los entornos sean seguros y respetuosos.
La dimensión social también se extiende a los creadores de contenido, los eventos presenciales y las comunidades de aficionados. El videojuego funciona así como una forma de cultura popular capaz de generar conversaciones, vínculos y nuevas formas de participación.
Estimular la mente con responsabilidad
Algunos estudios han relacionado determinados tipos de videojuegos con mejoras en habilidades como la atención visual, la orientación espacial, la memoria de trabajo o la rapidez para procesar información. Sin embargo, estos posibles efectos no son universales ni convierten automáticamente cualquier sesión de juego en una actividad saludable.
La duración, la frecuencia, el contenido y la edad del jugador son factores importantes. Un uso excesivo puede interferir en el descanso, los estudios, el trabajo, la actividad física o las relaciones personales. Por eso, la defensa de los beneficios del videojuego debe ir acompañada de una idea esencial: el equilibrio es parte de la experiencia.
- Elegir juegos adecuados a la edad y los intereses de cada persona.
- Establecer horarios que no perjudiquen el sueño ni las obligaciones diarias.
- Combinar el ocio digital con actividad física y otras aficiones.
- Revisar las opciones de privacidad, control parental y comunicación en línea.
- Prestar atención a cómo afecta el juego al estado de ánimo y a la rutina.
Una conversación necesaria para familias y educadores
La propuesta de València invita a abandonar tanto la demonización como la idealización de los videojuegos. Para las familias, conocer qué juegan los menores y por qué les interesa puede ser más útil que limitarse a fijar prohibiciones. Compartir una partida o hablar sobre sus decisiones permite acompañar el ocio digital de una forma cercana.
En el ámbito educativo, los videojuegos pueden emplearse como recurso complementario para despertar la motivación y trabajar competencias concretas. Su incorporación, no obstante, requiere objetivos claros, selección de contenidos y una evaluación que vaya más allá de la mera novedad tecnológica.
Con #JugarTambiénEs, València reivindica que el videojuego merece ser entendido en toda su complejidad. Puede ser entretenimiento, pero también aprendizaje, creatividad, vínculo social y desafío mental. La clave no está en jugar por jugar, sino en reconocer qué aporta cada experiencia y encontrar un lugar equilibrado para ella.



