Un maestro de música
De San Agustín, bajo cuyo estudio transcurriera su formación, espiritual como teológica, ha conservado Robert Francis Prevost la fina percepción del complicado laberinto de espejos en el cual se juega la relación entre maestro y alumno. Papa ahora, León XIV es el maestro de la comunidad espiritual de mayor peso y más densa historia: la Iglesia Católica. Y a esa comunidad debe aleccionar. Y por ella debe ser aleccionado. Porque un maestro, escribe San Agustín, no dicta palabras impuestas a sus discípulos. Ni estos las reciben como un externo don de él. En el discípulo, la voz del maestro es la caja de resonancia que hace vibrar en su propio espíritu la palabra divina que siempre estuvo allí. El maestro hace que en el alma del discípulo emerja algo que sólo en la confrontación de ambos dará origen a una ciudad nueva: la ciudad de Dios. Seguir leyendo…



