Disney quiere convertir sus parques en el próximo gran escenario de sus videojuegos
Disney prepara un cambio de rumbo en su relación con los videojuegos. La compañía, que durante años trató este sector como una actividad secundaria y apoyada principalmente en acuerdos de licencia, busca ahora integrar sus juegos, películas, series, parques temáticos y personajes dentro de una misma estrategia de entretenimiento.
El objetivo recuerda a la evolución de fenómenos como Fortnite: una plataforma capaz de reunir experiencias muy distintas alrededor de una comunidad, con contenidos que van más allá de jugar frente a una pantalla. En el caso de Disney, sus parques de atracciones podrían convertirse en una pieza clave para conectar el mundo digital con el físico.
De desarrollar sus propios juegos a controlar el ecosistema
La relación de Disney con los videojuegos ha atravesado varias etapas. Durante décadas, la compañía intentó crear una división propia capaz de desarrollar y distribuir títulos basados en sus grandes franquicias. Sin embargo, los resultados no terminaron de consolidar ese modelo.
En 2016, Disney cerró Disney Interactive Studios y dejó atrás buena parte de sus esfuerzos internos en el desarrollo de videojuegos. Desde entonces, la empresa optó por una fórmula más flexible: permitir que grandes editoras y estudios trabajasen con sus personajes mediante acuerdos de licencia.
Esta estrategia dio lugar a juegos de gran repercusión basados en universos como Star Wars, Marvel, Indiana Jones o Pixar. Aun así, Disney cedía buena parte del control sobre la experiencia, el calendario de lanzamientos y la relación diaria con los jugadores.
El nuevo planteamiento no implica necesariamente volver a convertirse en una editora tradicional. La compañía parece interesada en algo más amplio: construir una plataforma de entretenimiento conectada en la que los videojuegos funcionen como uno de los principales puntos de acceso a sus franquicias.
Los parques temáticos como extensión del videojuego
La gran diferencia de Disney frente a otras compañías del sector es que ya dispone de espacios físicos capaces de atraer a millones de visitantes cada año. Sus parques no serían únicamente lugares para subir a atracciones o comprar productos, sino también escenarios interactivos vinculados a las experiencias digitales.
En la práctica, esto podría traducirse en actividades en las que los visitantes desbloqueen contenidos, participen en desafíos colectivos o interactúen con personajes mediante sus dispositivos móviles. También sería posible conectar una visita al parque con recompensas dentro de un videojuego o con elementos que evolucionen a lo largo del tiempo.
La tecnología necesaria para este tipo de propuestas ya forma parte de muchos productos de entretenimiento. Códigos, aplicaciones móviles, realidad aumentada, sistemas de localización y perfiles digitales permiten diseñar experiencias en las que una acción realizada en el mundo real tenga consecuencias dentro del juego.
Disney cuenta, además, con una ventaja difícil de igualar: sus personajes y escenarios son reconocibles para varias generaciones. Una misma experiencia podría reunir a seguidores de Marvel, Star Wars, Frozen, Toy Story o Piratas del Caribe sin depender de una única película o lanzamiento.
Una estrategia más cercana a una plataforma que a un juego concreto
El interés de Disney no parece limitarse a crear títulos individuales con sus licencias. La ambición pasa por desarrollar un ecosistema capaz de mantenerse activo durante años, con nuevas historias, eventos y colaboraciones. Ese modelo es el que ha permitido a algunas experiencias online convertirse en auténticas plataformas sociales.
Fortnite es el ejemplo más evidente de esta transformación. El juego de Epic Games ha ampliado su propuesta con conciertos, estrenos, personajes invitados, modos creados por usuarios y eventos temporales. Su éxito demuestra que una experiencia interactiva puede funcionar como punto de encuentro para contenidos de naturaleza muy distinta.
Disney podría aplicar una lógica similar aprovechando sus propias franquicias y su enorme capacidad de producción audiovisual. Un juego o servicio digital podría servir como puerta de entrada a nuevas series, películas, productos, experiencias en los parques y campañas especiales.
La clave estaría en que todos esos elementos compartiesen una identidad común, sin que el usuario percibiese cada actividad como un producto aislado. El videojuego dejaría de ser una adaptación promocional para convertirse en una parte central de la relación entre Disney y su público.
El reto de competir en un mercado exigente
El cambio de estrategia también implica riesgos. Crear y mantener una plataforma de videojuegos con actividad constante requiere inversiones elevadas, equipos especializados y una planificación a largo plazo. No basta con reunir personajes populares: la experiencia debe resultar atractiva por sí misma.
Disney tendría que encontrar el equilibrio entre el entretenimiento familiar, la profundidad que esperan los jugadores habituales y la necesidad de ofrecer novedades con frecuencia. También debería evitar que la integración entre parques y videojuegos se perciba como una simple herramienta comercial o como una sucesión de contenidos de pago.
La privacidad y el uso de datos serán otro aspecto relevante. Cualquier sistema que conecte cuentas, dispositivos móviles, visitas a parques y progresos digitales necesitará controles claros, especialmente cuando parte del público sean menores.
Un nuevo papel para los videojuegos dentro de Disney
La evolución de Disney refleja un cambio más amplio en la industria del entretenimiento. Las grandes compañías ya no compiten únicamente con películas, series o videojuegos independientes, sino por captar el tiempo y la atención de sus comunidades en múltiples plataformas.
En este contexto, los parques pueden convertirse en una extensión física de los videojuegos y los videojuegos, a su vez, en una forma de prolongar la experiencia de una visita. El usuario no solo consumiría una historia: podría participar en ella antes, durante y después de acudir al parque.
Disney todavía tiene por delante el desafío de convertir esta visión en productos concretos y duraderos. Pero el mensaje estratégico es claro: los videojuegos ya no ocupan un lugar periférico en sus planes. La compañía quiere utilizarlos como el vínculo capaz de unir sus franquicias, sus espacios físicos y su audiencia global.



