El día que Atari enterró su fracaso en un vertedero y acabó convirtiéndolo en una pieza de coleccionismo
En 1983, Atari envió varios camiones cargados de videojuegos y consolas a un vertedero de Alamogordo, en Nuevo México. Entre los cartuchos había copias de E.T. the Extra-Terrestrial, uno de los títulos más conocidos de la compañía y también uno de los mayores fracasos comerciales de la historia del videojuego.
Durante décadas, aquellos juegos permanecieron bajo toneladas de basura y alimentaron una leyenda que muchos consideraban exagerada. En 2014, una excavación permitió recuperar parte del material. Poco después, algunos de esos cartuchos fueron subastados por miles de dólares, transformando un episodio oscuro de Atari en un inesperado fenómeno de coleccionismo.
El contexto del hundimiento de Atari
A comienzos de los años ochenta, Atari era una de las empresas más importantes de la industria del entretenimiento electrónico. Sus máquinas recreativas y su consola Atari 2600 habían popularizado los videojuegos en millones de hogares, especialmente en Estados Unidos.
El éxito llevó a la compañía a acelerar el lanzamiento de nuevos productos. En 1982, Atari apostó por E.T. the Extra-Terrestrial, un videojuego basado en la popular película de Steven Spielberg. La licencia era muy valiosa y el desarrollo se realizó con un calendario extremadamente ajustado para aprovechar la campaña navideña.
El resultado fue un juego que recibió críticas muy negativas. Su diseño, sus controles y la dificultad para comprender sus objetivos alejaron a buena parte de los jugadores. Aunque Atari produjo millones de unidades, las ventas quedaron muy por debajo de las previsiones y miles de cartuchos regresaron a los almacenes.
Mucho más que cartuchos de E.T.
La historia suele resumirse con una imagen: Atari enterrando millones de copias de E.T. en el desierto. Sin embargo, la realidad fue algo más compleja. El cargamento incluía también juegos de Atari 2600, consolas, accesorios y otros productos que no habían encontrado comprador.
Entre los cartuchos recuperados había títulos como Centipede, Missile Command, Defender y Asteroids. También aparecieron copias de Pac-Man, otro lanzamiento de gran éxito comercial que Atari había fabricado en enormes cantidades.
La empresa trasladó el material al vertedero municipal de Alamogordo y lo cubrió con capas de hormigón. La operación se interpretó como una forma rápida de deshacerse de un inventario que ya no tenía salida comercial y que ocupaba espacio en sus instalaciones.
El mito del mayor fracaso de los videojuegos
El enterramiento coincidió con una etapa de enorme inestabilidad para el sector. En 1983, numerosas compañías produjeron más juegos de los que el mercado podía absorber. La saturación de las tiendas, la competencia entre fabricantes y la pérdida de confianza de los consumidores provocaron una fuerte caída de las ventas.
El llamado crash de los videojuegos de 1983 no fue causado únicamente por E.T., pero el caso se convirtió en su símbolo más reconocible. El juego representaba los riesgos de fabricar millones de unidades basándose en una licencia famosa sin dedicar el tiempo suficiente al desarrollo y a las pruebas.
Durante años, la existencia del vertedero fue objeto de debate. Algunos jugadores dudaban de que Atari hubiese enterrado tantos cartuchos y consideraban que la historia era una exageración. La falta de fotografías claras y de documentación pública contribuyó a mantener el misterio.
La excavación que confirmó la historia
En 2014, una producción documental impulsó una excavación en el vertedero de Alamogordo. El proyecto contó con la colaboración de Microsoft y reunió a antiguos trabajadores de Atari, periodistas, coleccionistas y vecinos de la localidad.
Las máquinas retiraron varias capas de tierra y encontraron cajas, cartuchos, mandos y otros componentes de Atari 2600. La operación no recuperó todos los productos que se habían mencionado durante décadas, pero sí aportó pruebas físicas suficientes para confirmar que el enterramiento había ocurrido.
Se localizaron aproximadamente 1.300 piezas relacionadas con Atari. Muchas estaban dañadas por el paso del tiempo, la humedad y las condiciones del vertedero. Aun así, el hallazgo tuvo un enorme valor histórico y mediático, porque permitió documentar uno de los episodios más famosos de la industria.
De la basura a las subastas
Parte del material recuperado se destinó a museos y otra parte se puso a la venta mediante subastas. El interés de los coleccionistas fue inmediato: cada cartucho ya no era solamente un videojuego antiguo, sino un fragmento de la historia del sector.
En conjunto, cientos de unidades alcanzaron una recaudación de más de 100.000 dólares. Algunas copias de E.T. superaron ampliamente su valor original y llegaron a venderse por más de 1.000 dólares, dependiendo de su estado, su procedencia y la documentación que demostraba que habían sido extraídas del vertedero.
La paradoja resulta difícil de ignorar. Un producto que Atari consideró invendible terminó convertido en una pieza codiciada varias décadas después. El precio no lo marcaba la calidad del juego, sino su conexión directa con una historia que ayudó a definir la memoria colectiva de los videojuegos.
Una lección que sigue vigente
El caso de Atari y los cartuchos enterrados continúa utilizándose como ejemplo de los peligros de la sobreproducción, las prisas y las expectativas desmedidas. También demuestra cómo la industria ha aprendido a conservar su propia memoria: lo que en 1983 era un residuo sin valor, en 2014 se convirtió en patrimonio cultural.
Más de cuarenta años después, E.T. the Extra-Terrestrial sigue siendo recordado por sus problemas de diseño, pero también por haber protagonizado una de las historias más singulares del medio. Los videojuegos que acabaron bajo tierra no desaparecieron del todo: regresaron para demostrar que incluso un fracaso puede acabar formando parte de la leyenda.



