John Wills, el artesano que se resiste a que el cobre pierda su memoria
Hay oficios que no desaparecen de un día para otro. Se van apagando cuando dejan de transmitirse, cuando las herramientas quedan arrinconadas y cuando las técnicas dejan de encontrar aprendices. El británico John Wills trabaja precisamente contra ese riesgo: recuperar la tradición de la hojalatería y mantenerla viva desde su propio taller.
Su trayectoria comenzó con la búsqueda de conocimientos que ya no resultaban fáciles de encontrar. Para aprender estas técnicas, Wills viajó hasta Estados Unidos y se formó junto a un maestro especializado. Allí descubrió que dominar el cobre y otros metales exige mucho más que conocer una serie de pasos.
Aprender con las manos, no solo con la pantalla
El trabajo artesanal se apoya en la observación, la repetición y la corrección constante. La forma de sujetar una pieza, la presión aplicada sobre una herramienta o el sonido que produce el metal pueden marcar la diferencia entre un acabado preciso y otro defectuoso.
Por eso, Wills considera que la experiencia directa resulta insustituible. «Nunca habría aprendido estas técnicas viendo tutoriales en internet», resume el artesano. Los vídeos pueden servir como introducción, pero no sustituyen la relación con un maestro ni la posibilidad de aprender mientras se trabaja sobre una pieza real.
En un oficio tradicional, buena parte del conocimiento no aparece en los manuales. Se transmite a través de pequeños gestos, consejos prácticos y años de contacto con los materiales. También incluye saber cuándo detenerse, cómo corregir un error o qué imperfecciones forman parte de la personalidad de un objeto hecho a mano.
El cobre como material y como patrimonio
El cobre ocupa un lugar central en la actividad de Wills. Es un material resistente, maleable y con una evolución visual muy característica. Con el paso del tiempo cambia de color y desarrolla una pátina que puede convertirse en parte esencial de la pieza.
Trabajarlo requiere paciencia. Antes de alcanzar la forma definitiva, una lámina puede tener que cortarse, doblarse, unirse y volver a ajustarse varias veces. Cada operación deja una huella y obliga al artesano a tomar decisiones que combinan precisión técnica y criterio estético.
La hojalatería, además, está vinculada a una larga tradición de objetos cotidianos y elementos decorativos. Durante generaciones, estos conocimientos permitieron fabricar y reparar utensilios, recipientes y componentes para edificios. Hoy, su valor no se limita a la utilidad: también representa una forma de entender la fabricación basada en la durabilidad.
De aprendiz a maestro
La formación de Wills no terminó al regresar al Reino Unido. Tras adquirir los conocimientos necesarios, recibió apoyo para poner en marcha un taller desde el que continuar su propio trabajo y enseñar a otras personas.
Este espacio cumple una doble función. Por un lado, permite producir piezas y mantener activa una actividad profesional. Por otro, se convierte en un lugar de aprendizaje para quienes quieren acercarse a la artesanía del metal y conocer técnicas que apenas se enseñan fuera de círculos especializados.
- Recuperación de técnicas tradicionales de hojalatería.
- Formación práctica junto a artesanos con experiencia.
- Uso de herramientas y procesos que requieren supervisión directa.
- Creación de un espacio para transmitir conocimientos a nuevas generaciones.
La importancia de transmitir el oficio
El futuro de estos oficios depende tanto de la demanda como de la existencia de personas capaces de enseñarlos. Sin aprendices, las técnicas se fragmentan y algunos métodos pueden perderse en apenas una generación.
El taller de Wills plantea una respuesta concreta a ese problema. En lugar de limitarse a conservar herramientas o piezas antiguas, apuesta por mantener el conocimiento en uso. La mejor manera de preservar una técnica, en este caso, consiste en seguir practicándola y compartirla.
La propuesta también conecta con un interés creciente por la reparación, la fabricación local y los productos concebidos para durar. Frente a la sustitución rápida de objetos, la artesanía ofrece otra relación con el consumo: comprar menos, valorar el proceso y conservar las piezas durante más tiempo.
Un oficio con futuro si encuentra relevo
La historia de John Wills demuestra que la tecnología digital puede divulgar la artesanía, pero no reemplazar el aprendizaje presencial. Una pantalla puede mostrar una técnica; un maestro puede explicar por qué funciona, detectar un fallo y adaptar la enseñanza a cada persona.
El desafío ahora es conseguir que ese conocimiento encuentre continuidad. Cada aprendiz que entra en el taller representa una oportunidad para que el trabajo del cobre no quede reducido a una referencia del pasado. En manos de artesanos como Wills, la tradición no se conserva inmóvil: se transforma, se practica y vuelve a encontrar utilidad.



